Los ricos, esos que se van sin pagar de los sitios

Los ricos son esos que hacen lo que les da la gana, como, por ejemplo, insultar a Ada Colau en una tertulia pese a que ella esté ahí porque un millón y medio de personas apoyaron la Iniciativa Legislativa Popular presentada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y quien la insulta esté solamente en televisión porque es amigo del jefe o porque hay borregos que disfrutan con sus maneras rufianescas. Los ricos también se diferencian en que son los que llaman a la policía para que echen a los pobres de las casas, como ha ocurrido en la Corrala de Sevilla. Porque los ricos tienen muchas casas con muchos metros cuadrados y los pobres, como en otros tiempos, ya no tienen ni donde caerse muertos, que morirse también está muy caro. Otro rasgo de los ricos es que se van de los sitios sin pedir la cuenta. Total ¿para qué? Los ricos se van sin pagar de casi todos lados. A veces, incluso, arrollando la moto de los policías. ¿No debieran ir los antidisturbios a detener en su casa a Esperanza Aguirre bien temprano? Ay si hubieran pasado un coche por encima de una moto policial los peligrosos bukaneros…

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Primarias en Podemos (el porqué de mis candidatas)

Candidatos

Si algo tengo claro con el asunto de las primarias en España es todo el camino que nos queda por recorrer. La Constitución se encargó de recortar al máximo la participación popular en la democracia. El dicho “vota y no te metas en política” parece haber cuajado en la cultura política del régimen del 78. Apenas echamos a andar. Así se hace el camino.

Me pregunta alguna gente por qué he hecho público mi voto por Lola Sánchez y otras candidatas que vienen del Frente Cívico para las primarias de Podemos. Hay muchas preguntas sin responder. ¿Debiera callar por ser uno de los impulsores de esta iniciativa o, muy al contrario, debiera hacer oír mi voz expresando qué busco con esta iniciativa? ¿Es tan débil la independencia de los votantes que no pueden escuchar qué van a hacer otras personas? ¿Son las primarias procesos genuinamente democráticos? ¿Pueden competir las individualidades con estructuras de partido o grupos consolidados que apoyen a alguna candidata? ¿No forma parte de un proceso de primarias que todo el mundo exprese sus preferencias?¿No forma parte la polémica de la gran conversación que irá construyendo una estructura de consulta popular donde todos nos sintamos representados?

 Las primarias siempre tienen la virtud de generar emoción en los que perdieron la fe en los políticos profesionales. Al mismo tiempo, encuentra una severa oposición en los burócratas y aparateros, que sienten que pierden el control de sus garbanzos. También terminan las primarias invariablemente con un sutil halo de decepción en los que piensan que son el bálsamo que todo lo cura. Sin olvidar que al ser una competición a la interna de los que piensan de manera muy parecida, se producen heridas dolorosas que pueden tardar en curar. No es extraño que los partidos cartelizados no quieran hacerlas. Prefieren ser pocos y bien avenidos que muchos y discrepantes. Las primarias son procesos complicados. Como la democracia auténtica. La organización y la participación están constantemente en pugna (y a veces la participación no está guiada por la ideología, sino por inclinaciones de muy diferente índole no siempre virtuosas). Las primarias son, que duda cabe, condición necesaria en nuestras vacías democracias, pero no son condición suficiente.

 Las primarias buscan compensar el problema central que tienen las democracias representativas: unos pocos deciden por todo el pueblo. Como se representa lo que no está (si estuviera, se representaría a sí mismo), quien representa al pueblo está dejando al pueblo fuera. Lo vio con claridad Rousseau cuando dijo que los ingleses eran tontos porque creían que eran libres votando, cuando solo eran libres una vez cada cuatro años.

 Unas primarias sin algún tipo de organización se convierten en mera emocionalidad, esencial para romper el hartazgo con la política tradicional pero incapaz de levantar una alternativa que desborde el rodillo de los partidos tradicionales. Las soluciones políticas van a venir todas, si queremos que trabajen para la emancipación, de la construcción de un doble vector: uno representativo, que cree un estado social y democrático de derecho decente, y un vector experimental que funcione como un exigente 15M que desde fuera de las instituciones representativas invente, experimente, autogestione y fiscalice al vector representativo.

 En las primarias de Podemos hay mucha emoción y no menor discusión metodológica. Toda la gente que participa en este proceso está orientada por una voluntad de cambiar nuestra sociedad. Les guía, además, la buena fe, porque cuando nace un proyecto son más las dificultades que los beneficios, de manera que quien participa tiene más presente la solidaridad y el compromiso que el interés particular. Pero como Podemos está, en expresión de Jesús Montero, cortando el patrón del traje al tiempo que lo dibuja, siempre hay dificultades.

 Esta noche, a las 24:00, se termina el proceso de primarias que, seguramente, más emoción ha despertado en la historia de nuestra reciente democracia (esa que apenas ya merece ese nombre). Más allá del silencio de los grandes medios, una discusión ha acompañado el vertiginoso proceso. ¿Pueden los impulsores expresar sus preferencias por alguno de los candidatos? Yo he entendido que sí. No porque los demás no lo merezcan (insisto en que este proyecto está lleno de buena fe), sino porque hay un matiz que no hemos terminado de consolidar. En Podemos han convergido decenas de miles de personas sin adscripción política y también gente que ya militaba en alguna organización. Es el caso de Izquierda Anticapitalista (que en su última comparecencia electoral sacó 23.000 votos). Izquierda Anticapitalista, como grupo organizado, optó por dar apoyo a dos candidatos a las primarias de Podemos (Teresa Rodríguez y Miguel Urbán) y para ello puesto  su aparato al servicio de este objetivo. ¿No le otorga esto una ventaja clara respecto de los demás candidatos? Es evidente, pero no puede evitarse que la gente converja en determinados intereses. De la misma manera, desde otros espacios se han utilizado los recursos propios para expresar simpatías. En la expresión de esa voluntad, el conocido actor Alberto San Juan (buen amigo) pidió el voto para los candidatos de IA, aunque había protagonizado el vídeo explicando a todo el mundo cómo se votaba en las primarias. En las primarias en Estados Unidos cada cual utiliza los recursos que puede, pues se trata de una competición donde se busca ganar. Y es verdad que ahí se cuelan, incluso en las más puras organizaciones, maneras propias de los partidos clásicos.

En ese contexto, tanto Pablo Iglesias como yo mismo hemos mostrado nuestras preferencias por algunos candidatos, en especial, en mi caso, por Lola Sánchez, Amelia Martínez, Estefanía Torres, Beatriz Rilova y Tania González (tuve que renunciar a Pablo Echenique, que me parece espectacular, y Jiménez Villarejo, ejemplo de honestidad).

En mi caso, las razones son muy claras. Como del proceso de Podemos me interesa principalmente la tarea de reconstrucción de las fuerzas críticas en el estado español, creo que es mucho más sencillo hacerlo con eurodiputadas que no vengan de formaciones políticas ya existentes. No dudo de la calidad humana y política de ninguno de los candidatos de las primarias, pero la gente por la que he apostado es la que, creo, mejor podría desarrollar esa tarea de empezar a sumar en serio para frenar la ruptura del contrato social que estamos viviendo.

Podemos no es la izquierda de la izquierda. Para eso hay ya mil siglas. Podemos tiene sentido en tanto en cuanto sea capaz de sumar más allá de los esquemas tradicionales de derecha e izquierda. De ahí que necesitemos una amplia visión que nos evite caer en cualquier sectarismo. Aunque existan mil razones entre ellas, 6 millones de razones en forma de paro- para habitar en los sectores más radicales de la izquierda.

Sabemos que quien dice que no es ni de derechas ni de izquierdas suele ser una persona de derechas, de la misma manera que quien empieza una frase diciendo yo no soy racista, pero…” suele ser profundamente racista. En la resistencia de Gamonal había gente que había votado al PP. ¿Sobraban en esas luchas ciudadanas los que habían dado la mayoría absoluta a la derecha? Mucho votante del PSOE y del PP están defraudados por haber apoyado a esos partidos. ¿Qué es más importante, ganarles para la lucha contra la Troika o poner etiquetas de pureza ideológica? Por eso Podemos ha apostado por mirar más en el eje arriba-abajo. No porque no sepamos de dónde venimos, sino porque entendemos que es más importante a dónde vamos.

Me interesa Podemos en tanto en cuanto sea capaz de reinventar la democracia de este país (incluido el hecho de que somos un país de países que tiene que ganarse a los otros países que quieren marcharse). Para ello, hace falta que a partir del 26 de mayo quienes pasen a impulsar este proyecto estén dispuestos, sobre todo, a dialogar para buscar ese encuentro. Y para esa tarea creo que es más adecuada la gente que tiene menor peso en la mochila. De ahí mi apoyo a Lola Sánchez y demás compañeras. Sea cual sea el resultado de las primarias, Podemos ha despertado muchas ilusiones que las discrepancias no deben entorpecer. Si coincidimos en el objetivo sólo hace falta que mucho pueblo lo comparta. Ahí es donde realmente vamos a encontrarnos. Hoy a las 24:00 se termina la votación. Haz ese esfuerzo, entra en https://primarias.podemos.info/, vota y a partir de mañana empezamos la siguiente etapa.

 

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Si no sabes quién era López Salinas, es que te robaron tu memoria

El funeral de Suárez es el lavado de cara del régimen del 78. Los que hoy habitan esa fábrica de tristeza que es el PP, clavaron, desde la UCD y Alianza Popular, sus afilados cuchillos en la espalda de Suárez. El PSOE de los referentes Felipe González y Alfonso Guerra estuvieron de acuerdo en un gobierno de concentración nacional presidido por un militar. Santiago Carrillo, que ya había usado a CCOO para sacar a los trabajadores de la calle, pactaba con quien hiciera falta para seguir mandando. El relato de la transición es un baúl de mentiras que huele a rancio, a mentiras de familia, a cadáveres en el armario y en las cunetas. Y si encima no sabes quién era Armando López Salinas ¿vamos a dejar que nos sigan robando nuestra memoria?

(Aquí podéis saber por qué nos han hurtado a todos aquellos que anticiparon nuestra rabia: http://www.publico.es/443499/armando-lopez-lo-que-no-se-gana-en-la-calle-no-se-gana-nunca-en-la-mesa-de-negociacion)

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Dicen que Suárez ya es un mito

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Andan escasos de honores los albaceas de la Transición. Quieren convertir a Suárez en un mito. ¿Por qué no exhuman como homenaje a la democracia 10.000 cadáveres de asesinados por la dictadura? Ensalzando a Suárez, ensalzan al franquismo y la democracia no avanza. Los que lo acuchillaron en la UCD por peleas de familia, el Rey que tramó el 23F por la renuncia del antiguo camisa azul a dimitir, el PSOE que le llamó tahúr y quería ser califa en lugar del califa a cualquir precio, los medios de comunicación que viven de no hacer preguntas importantes, la academia mortecina que agoniza con el régimen, todos los que nunca le votaron cuando estuvo en el CDS y hoy dicen que se les saltan las lágrimas. Si todo lo que tiene que celebrar esta democracia es alguien que pudo hacer política en una dictadura sangrienta y también en un régimen de libertades vigiladas como el que hemos heredado, mucho estamos tardando en provocar la primera ruptura antes de que nos vuelvan a callar con la segunda transición.

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Suárez en el país de los pícaros

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Ahora que fallece uno de los más claros referentes de la Transición, es momento más de recordar lo que venimos diciendo que de improvisar ninguna reflexión.También para que la memoria no nos falle, no vaya a ser que otra vez nos den lecciones de democracia los que son demócratas desde ayer mismo (como rezaba un chiste de aquella época). Aunque seguro que los que le insultaron ahora le alabarán, los tahures que le llamaron tahúr hoy lo miraran con arrobo, y los que pactaron contra él el 23F -del rey abajo todos- dirán que fue un gran hombre que representa el espíritu de la Transición. La que trajo esta democracia. Y, por cierto, no fue el primer Presidente de la democracia. Ese honor le corresponderá a Estanislao Figueras (I República) o a Niceto Alcalá Zamora (II República). O puestos a recordar, a Arias Navarro, porque el primer Presidente nombrado por el Rey fue precisamente el último nombrado por Franco.

Suárez fue un astuto arribista, un superviviente en aquél régimen horrendo donde tanta gente perdió la vida. Un pícaro en un país condenado a serlo de pícaros porque la España del altar, el trono y el dinero decidió amputar la II República, esa que ya hizo en los años treinta escuelas bilingües para el pueblo y empezó a reconocer que España era una nación de naciones. Suárez fue Viceministro General del Movimiento mientras asesinaban a los cinco de septiembre de 1975. No dimitió ni pidió disculpas. Bajo su Presidencia fueron asesinadas más de 200 personas por la extrema derecha o por los cuerpos policiales. Que de pacífica no tuvo nada la Inmaculada Transición. Trajo con maneras de pícaro a Tarradellas para evitar que la izquierda gobernara en Cataluña. Nos legó, pícaramente, esta España de las autonomías que hace agua por todos lados, de la misma manera que la ley electoral que hace de nuestra democracia un fraude para ventaja de los pícaros que vistieron casi toda su vida camisa falangista. No permitió que el pueblo discutiera la Constitución y retrasó las elecciones municipales hasta 1978 (dos años después de las primeras generales porque sabía que iba a ganar la izquierda y no quería que eso sucediera sin tener antes una Constitución consagrada a evitar que el país recuperara lo perdido en todos los ámbitos 1936). Engañó a los suyos y engañó a la oposición, sabiendo que un país que sale de una dictadura es débil con las mentiras. Un embaucador en un país donde una parte importante de la ciudadanía quería dejarse embaucar y creerse mejor de lo que era. Lo mismo que esos políticos que hoy son señalados como lo más granado de la historia de la democracia. Demasiadas imposturas en aquella época.

Suárez era un realista que no tenía ningún proyecto de país -se jactaba de no leer libros-, pero que sabía, por el contrario, leer lo qué podía hacer y qué no hacer en cada momento. Se quedó sentado cuando el 23F (¿Podía hacer otra cosa?) seguramente por las mismas razones por las que Carrillo se negó a tirarse al suelo. Venir de abajo no se te termina de quitar del todo. Y esas maneras campechanas en un país donde los reyes han sido puteros y beben popularmente fino con tapa de jamón ibérico, encajaron bien con el país legado por Franco a la posteridad. Nos hicieron creer que la pelea no era entre franquistas y antifranquistas, sino entre el bunker y los reformistas, de manera que España se acostó falangista y se despertó demócrata. Por eso este reino era el único páis de Europa donde podías ser demócrata sin ser antifascista. Y por eso el antifascimo está en el corazón del constitucionalismo europeo, se celebra en sus días nacionales, se recuerda y se estudia y en este rincón de Europa apenás es una tribu urbana. Gracias a personas como Suárez.

Era un hombre hecho a sí mismo a la sombra de los señoritos y los poderosos, con los que siempre fue obsequioso y ellos con él. Se llevó bien con otro clarinetista, el Rey Juan Carlos (desde que le hizo favores cuando era director de RTVE y Franco jugaba con la carta de casar a su nieta con Alfonso de Borbón, que podía reclamar la corona), y ambos se usaron hasta que el segundo, que para eso ya era Rey, decidió presicindir de sus servicios para entregar su cabeza a los militares. Entonces montó el CDS, y se lo financiaron sus amigos constructores y banqueros. Terminaría vendiéndoselo precisamente al ladrón probado Mario Conde. Suárez, como su país, jugó a olvidarse de todo, como una forma de decir que dios proveerá y si no, también. Pero no contaban con las nuevas cohortes. Suárez se ha ido cuando ya sabemos que la Transición fue simplemente lo que dejaron que fuera los que mandaron, mandan y ya veremos si no siguen mandando. Y cuando también sabemos que sus principales actores -González, Guerra, los padres de la Constitución, buena parte de los políticos regionales de la primera hornada- no fueron sino unos comparsas bien pagados que interpretaron el papel que otros les escribieron. Aqui parece que los únicos que se tomaron en serio acabar con el franquismo son lo que pusieron el pecho, la cárcel y la hacienda todos esos años donde la democracia se empeñaba en tardar tanto.

Mientras Suárez presidía gobiernos de España, el verdadero ADN de la democracia, el republicanismo antifranquista, seguía enterrado en las cunetas o se moría de viejo sin recibir ninguna compensación, ni siquiera la moral de darles las gracias. No fue el antiguo Gobernador de Segovia Ministro de Franco por semanas, ya que su mentor falleció en un accidente de tráfico. De lo contrario, habría firmado, como Fraga, sentencias de muerte en esos juicios amañados propios de las dictaduras militares.

Algunos estarán agradecidos con Suárez. Me temo que las generaciones que hemos heredado esta democracia vacía no lo estamos. No lo están los millones que ayer salieron en las marchas de la dignidad a decir basta al régimen del 78. No hay rencor porque son ya el pasado. Es una cuestión de tiempo. Que a Suárez y a esta democracia de charanga y pandereta les sea la tierra leve.

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(Si no queremos que nos coloquen otra Segunda transición, luchemos por una primera ruptura. Quien quiera profundizar, aquí dejo más reflexiones)
http://www.publico.es/culturas/465221/monedero-la-transicion-fue-una-mentira-de-familia-que-ocultaba-un-pasado-poco-heroico

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Marchas de la dignidad: la recuperación de la democracia

(Entrevista con miembros de la columna extremeña en La Tuerka)

Marchar caminando, contra todas las inclemencias, para que ese esfuerzo levante conciencias y remueva frenos. Muchas horas por carreteras y caminos, con el pensamiento solitario acompasando los pies cansados. Un reflejo fugaz que piensa la insostenible situación dejada en casa. En las marchas, lucha decidida. Contra el paro, por la vivienda digna, por un empleo digno, por una renta básica, contra la deuda ilegítima, contra la represión, contra los enemigos de la democracia: dignidad y rebeldía.

Dice el diccionario de María Moliner que la palabra digno ”se aplica al que obra, habla, se comporta, de manera que merece el respeto y la estimación de los demás y de sí mismo, que no comete actos que degradan o avergüenzan, que no se humilla y que no tolera que le humillen”. Eso son las marchas de la dignidad: un no rotundo a los que quieren hacer de la humillación política de Estado. Los herederos del franquismo. Los enemigos del 90%.

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Decrecimiento: demandas a una nueva izquierda

El debate sobre el decrecimiento tiene que formar parte de la discusión central sobre la reinvención de la izquierda. Y no es un debate sencillo que pueda solventarse sin plantearse las alternativas en términos de consumo y de trabajo. Ahí aparece necesariamente la renta básica y el reparto de trabajo.  La semana pasada La Tuerka versó sobre el tema. Dejo aquí el monólogo con el que abríamos el programa (si quieres verlo entero, aquí dejo el enlace:http://www.youtube.com/watch?v=nQ0p5WSZiyU

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La fábula del colibrí (Betinho)

Amigos de Zamora han hecho este pequeño vídeo con la hermosa fábula de Betinho con la que llevo tantos años terminando mis charlas. Gracias. No cargarnos mochilas que nos derrumben. Sólo el peso que nos corresponda. Cargados pero serenos.

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Entrevista en TeleSur: la geoestrategia norteamericana de la energia

Estados Unidos se ha apuntado un tanto en Ucrania, aunque la situación, como ha ocurrido recientemente en todos los sitios donde han intervenido (Afganistán, Irak, Libia, Egipto, etc.) siempre se empeora posteriormente. Ucrania va a ser otro frente abierto, especialmente con el desacuerdo con el golpe en las zonas del Este, más inclinadas históricamente hacia Rusia.

Esta suma de errores no impide que sigan poniendo en marcha sus planes geoestratégicos centrados en el control de la energía y de sus rutas. Y por eso van a seguir las presiones sobre Venezuela. Si el problema fuera de desabastecimiento (y claro que tienen problemas en el país caribeño vinculados a que ha crecido más el consumo que la producción interna) la gente estaría asaltando los supermercados. Pero el único asalto que realmente les interesa a la vieja oligarquía y sus renovados cachorros es a Petróleos de Venezuela S.A. Maduro quiere renovar las relaciones con los Estados Unidos. Pero el Secretario de Estado, Kerry, dijo recientemente que América Latina es su patio trasero. De manera que, pese a que se suavicen las formas, la conspiración perenne de Washington sobre Caracas no va a cesar.

Vamos, lo de siempre.

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Podemos, los recelos de Escudier y los clásicos

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Estoy de acuerdo, como en tantas otras ocasiones, con mi amigo Escudier cuando dice, preguntándose por la oportunidad de la plataforma Podemos (y siempre, como nos tiene acostumbrados, desde su insobornable honestidad y su inagotable autocrítica), que es “un antiguo, tiene ideas apolilladas sobre las cosas, planteamientos obsoletos y prevenciones arcaicas”. Son normales los recelos en una persona de edad madura, aún más cuando viene acompañado de una excelsa condición de periodista de raza, con ese aire marmóreo de las viejas redacciones, siempre desconfiadas por lo novedoso y siempre agudas para detectar como vigas las pajas de la duda en los ojos de la audacia.
Esa cercanía a lo clásico forma parte de su aguda mirada sobre las cosas, donde siempre nos ayuda a posar la pátina del demorado tiempo sobre los asuntos vertiginosos del acontecer diario, ayudándonos con su mirada serena y el peso del polvo a ver ángulos que las ventanas abiertas se empeñan en ocultar, aún más cuando las inclemencias del devenir alientan esas horas que, segundo a segundo, todo lo borran.
Como los curas que veían en las postrimerías del XIX al diablo conducir el ferrocarril y a Belcebú detrás del hechizo infernal de la clavija de la luz, la destreza en el uso del lenguaje de mi buen tocayo sirve para intentar dotar a Podemos de un frescor tan absoluto que parece querer devolverlo a una condición infantil o confinarlo en la cuna donde deben crecer los que aún no son ni siquiera adolescentes. Qué maravilla ese rebotar de expresiones que, aunque no tan lejanas, hoy parecen sacadas de una televisión en blanco y negro. En boca del amable Escudier, expresiones como “mola mazo”, “chachi piruli” o “guay del Paraguay”, lejos de sonar frívolas o arcaicas o teñir de insignificancia a quienes supuestamente cambian los conceptos de Gramsci o Marx por “cantidubi y puñado” “que sí tío” o “al loro”, reverberan como los adjetivos en los antiguos bandos del Alcalde Tierno Galván y dan un tono festivo a su texto que alegra los corazones de los que crecieron con la abeja maya, que solaza a los desempleados que gozan del castigo del mucho tiempo disponible, reconcilia a los pensionistas con sus certezas y tiñe del color de los que forjaron el acero la deshilachada bandera de Colón que Rajoy ya no cose para desespero de Aznar y Rosa Díaz (aunque también de algunos que siguen creyendo que los que hablan catalán o eusquera lo hacen solamente para joder con inquina a los manchegos).
Le zumba al amigo Escudier lo de dividir para unir, como lo haría un amenazador enjambre de avispas en el confesionario de las certezas. Sin embargo ¿no fue siempre así como nacieron las nuevas formas de sumar, especialmente allá donde la aritmética sancionaba -con maneras de maestro cansado- que más allá del número conocido sólo habitaba la incertidumbre y la angustia? Cuando el ábaco ya no es eficiente para calcular el futuro, hay que empezar a contar de otra manera, aunque los que se han hecho en la cartografía de un pequeño territorio y de un pequeño instrumento intuyan que en el nuevo horizonte serán menos relevantes. Son tiempos de generosidad o de enroque. Con la determinación del poder de poner fin al contrato social democrático -en Occidente ahora, que en otras tierras nunca lo cumplieron-, quedarse en el garaje para no perder nota en el carnet con puntos de la crisis del régimen del 78 no aporta las notas de valentía de la que dieron cuenta los clásicos cuando narraban las hazañas de los hombres y mujeres heroicos que desafiaron a los mares, las fortalezas, los imperios, los hechiceros, los bandidos, los torpes y al propio miedo.
“Podemos” porque sabemos. Y sabemos que necesitamos dos vectores, allí donde los clásicos sólo ven uno y les contenta cualquier pequeño avance que les confirme que el futuro será más luminoso pese a la miseria del presente. Aunque sea mentira. Necesitamos en el reino de España, y ahí vamos de la mano Escudier y un servidor -que para eso hemos caminado avenidas creadas con las mismas piedras-, crear un Estado social y democrático de derecho que se precie. Que se parezca al mejor de los que existan en el planeta. Aunque para lograrlo, el palimpsesto en que se ha convertido nuestra Constitución -demasiado cargada de jurisprudencia reaccionaria dictada por jueces que venían del franquismo- necesita ser puesto en un museo, de manera que deje paso a que, por vez primera, las españolas y españoles, decidan de qué Constitución quieren dotarse. Claro que habrá que crear puentes, pero va siendo hora de que nuevas gentes intenten nuevas cosas. No vamos a recuperar el pasado de antes del franquismo si no miramos con firmeza hacia delante.
El consenso del 78 recuerda al queso cuajado con leche natural, donde su sabor y su olor están descompensados. Hay que crear nuevos consensos. Porque tenemos que decidir muchas cosas. Ni siquiera personajes con laureles sobre sus sienes como Juan Carlos Escudier pudieron decidir qué orden constitucional querían. Hora es de atrevernos a ser de verdad adultos y no regalarle a otros la voz a nadie debida. Con el regalo sobrevenido de que así toda la ciudadanía será convocada. Cosa que no ocurre en el orden tradicional de las cosas. Por eso suma votos Escudier con defecto de forma y resultado fallido, atribuyéndole a la hermana mayor de la izquierda un resultado de 1,7 millones de electores cuando el resultado obtenido por Willy Meyer fue de apenas  588.000 votos.
Junto al Estado social y democrático de derecho, necesitamos un nuevo vector experimental, de esos que tanto asustan a los que hace mucho tiempo que no saltan desde un trampolín ni bajan andando las escaleras y la máxima novedad y radicalismo que aceptan es probar nuevas variantes en el gin tonic o comprarse una camiseta en Desigual. Un vector que termine con la mentira del artículo 67.2 de la Constitución, que prohibe a los ciudadanos el mandato imperativo -que los diputados obedezcan a los votantes o paguen políticamente por ello- pero permite que los partidos mandaten imperativamente a los diputados y los multen y amenacen si se atreven a pensar por sí mismos. Que entregue a la ciudadanía la gestión de muchos asuntos públicos -que tienen que ser públicos pero no estatales, como el control de los medios de comunicación, las garantías de la transparencia, la honestidad de los bancos, etc.-.Que avance con formas de economía social, de impulso del cooperativismo, de gestión colectiva de los bienes comunes, de gestión ciudadana de la enseñanza, la sanidad, los cuidados, que busque nuevas formas de negocio en el mundo de internet y, al tiempo, controle monopolios y frene el poder de los lobies. Que se atreva a gestionar el decrecimiento. Que establezca el revocatorio de diputados, senadores, alcaldes y Presidentes de Comunidades Autónomas o del Gobierno, pruebe con formas de sorteo de los cargos públicos, establezca limitación de los mandatos y tantas cosas como se les ocurra a la ciudadanía y sirvan para avanzar.

No es, como dice con buenas intenciones Escudier, un asunto de egos y vanidades, sino un asunto de cansancio ante la complacencia frente a tanto roto y tanto descosido. No se me escapa que la crítica es sensata. Pero ¿acaso no decidió Lenin montarse en el tren alemán que lo iba a llevar a la Rusia de los zares? Otros, menos afables que Escudier, hozan con el mismo argumento pero desde la amargura,  la envidia y la soberbia, y no esperan nada de la transformación que no sea cumplir los mandamientos del programa que ellos mismos han pergeñado en la soledad de su caverna. Hay que desconfiar de los que no son capaces de reírse de sí mismos. Escudier ríe y por eso un futuro luminoso lo acompañará cuando los heraldos negros sean desterrados de nuestras tierras y a hombres de su condición les sea acompañado su saber con las honras de la riqueza y la magnificencia.
No caben, para sosiego del ínclito periodista, “arreglos arcaicos de última hora”. No solamente por la inmoralidad que supondría tomar decisiones contrarias a la propuesta con la que nace Podemos (que convoca a toda la ciudadanía, no a los liderazgos, a ser corresponsable, desde ya participando en unas primarias), sino porque, y de esto saben los antiguos -que para eso tienen experiencia-, porque no serviría para nada. “Podemos” amplía la base social de la transformación. Crece donde otros ya no pueden ni saben contar. Emociona donde otros simplemente convocan una vez más a esa “responsabilidad” triste que viene demediando nuestra democracia desde la Transición. Algunos están pensando en escorar hacia posiciones más decentes a alguno de los partidos del régimen del 78. Los partidos del 78, muy lejos de ese escenario, están preparando una Gran Coalición donde los mismos nos suministren más medicina de la misma. No hay más salida que sacar más votos que ellos.
Nadie, por muy antiguo que sea, puede contar con que haciendo las cosas de la misma manera vaya a obtener un resultado diferente. El momento es nuevo. Claro que da miedo. Claro que hay que ser prudentes. Estamos perdiendo todo lo construido en los últimos cuarenta años. Los que gustan de conversar con los clásicos pueden recordar que los dioses reservaban a los elegidos una vida tranquila y la posibilidad, en la madurez o en la vejez, de dar la vida defendiendo a la patria para despedirse del mundo con gloria. Sin ponernos melodramáticos, la patria, bien sabe mi amigo Escudier, está más en los pronombres que en el toro de Osborne o en los viejos instrumentos de la política: yo, tú, él, ella, nosotros, nosotras, vosotros, vosotras, ellos, ellas. Porque sin pronombres, el verbo se queda desguarnecido. Y nuevos verbos necesitan nuevos pronombres.

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