La parte de culpa que nos corresponde

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Los dioses escriben recto con renglones torcidos. En España nos tocó uno disléxico que escribe torcido con renglones torcidos. La historia avanza a trompicones, en círculos ascendentes -es la única posibilidad para ser progresistas- pero con recaídas ominosas. Es cuando regresa el pasado con sus modos de felón. A veces la historia se pone fea.

Reviso El precio de la transición, el imprescindible libro de Gregorio Morán recientemente reeditado. Miro los muros derruidos de la democracia actual con el ejemplo de lo que ocurrió a la muerte de Franco. La tristeza se adueña de los geranios. Como si nada dejara huella reflexiva. Nadie, es verdad, escarmienta en cabeza ajena. Cabe añadir: ¿y tampoco en la propia? En una reseña de 1992, cuando salió la primera edición del implacable libro de Morán, Charles Powell, un autor que contribuyó desde la academia al mito de la Inmaculada Transición, tachó al periodista de “maniqueo”, “amargado”, “estridente”, “ofuscado”. Todo por no comprar la versión oficial que dice que la democracia la trajo el rey, por negarse a ese mandato que nos reclama sumisos y obedientes. Siempre en nombre de un consenso sinónimo de resignación. No hace falta grandes sentencias revolucionarias para ser laminado. El pasaporte para recibir tales calificativos pasa por afirmar cosas tan terribles como que Franco , un dictador sangriento, murió en la cama, que los reformistas del franquismo pudieron dirigir la Transición sólo por la debilidad de la oposición, o que las divisiones entre los rupturistas tuvieron mucho que ver con la incapacidad de las fuerzas de la izquierda para confrontar el franquismo. Y también el posfranquismo. Porque se quedaron durante décadas. ¿Cómo repetir sin sonrojo “no pasarán”? No sólo pasaron en el 36 sino que se quedaron los cuarenta años de la dictadura y una buena parte de los decenios posteriores. Mucho tiene que ver con este impasse que vivimos esa celebración falangista del “¡Pasamos!” que resuena aún verbalmente en Rafael Hernando, en Dolores de Cospedal, en Rivera o en Girauta, y en los modos de sus partidos. Cuando un pueblo se gana a pulso la democracia y su relato -también su relato-, no le pasa un Rajoy y su estela de corrupción e ineficiencia con esta impunidad. Tenía razón aquella pancarta del 15-M: “Qué largo se me está haciendo el franquismo”. ¿Por qué la izquierda y sus aires de familia ampliada no se enteran?

A la la muerte de Franco, el régimen estaba fuertemente debilitado -lo demostraba el protagonismo popular de la calle o la necesidad que tuvieron de cambiar a Arias Navarro por Suárez-. Las fuerzas políticas franquistas andaban desorientadas e improvisaban constantemente. Pero la oposición no estaba mejor. La maldita desunión. La misma que subió a Hitler al poder -¿por qué demonios los sindicatos marcharon el 1 de mayo del 1933 con los nazis para celebrar el día del trabajo?- y hoy hace que el neoliberalismo campe por sus respetos con la extrema derecha subiendo y subiendo en Europa y Donald Trump acariciando a su gato y al gobierno con más armas nucleares del planeta.

Si en los setentas y ochentas la recuperación de la democracia en España vino de la mano de los actores provenientes del franquismo, hoy podríamos repetir la jugada y permitir que los herederos de aquél régimen sean los encargados de rehacer el nuevo contrato social en España, es decir, uno sin derechos sociales ni laborales, con una judicatura amenazada y rodeada y con unos medios con más capacidad de lijar alternativas que cuando había solamente dos cadenas. Si ayer la permanencia de lo viejo lo logró la división de la izquierda y el miedo al ejército y al terrorismo, hoy lo protagoniza de nuevo la división interna entre las fuerzas de la izquierda -también dentro de las fuerzas del cambio- y el miedo al terrorismo islámico y a las mafias que dirigen la dictadura financiera.

El gran aporte del PCE a la Transición tiene dos lecturas. Desde el régimen del 78 se celebra el “enorme sentido común” que habría demostrado Carrillo, elogiado incluso por los que quisieron matarle durante décadas. Desde una mirada progresista, su gran logro fue, bien al contrario, desactivar la calle. Lo hizo con los Pactos de la Moncloa en 1977 (gracias a lo que les dieron un puesto en la ponencia constitucional) y con la asunción del consenso como entrega impotente. No fue aceptar la bandera, sino negar la movilización popular. Nadie que disfrute de un privilegio lo entrega sin presión.

Hoy no hay movilización popular en el reino de España -salvo en Cataluña- porque se está esperando que Podemos ponga en marcha la regeneración democrática. Y está tardando. Pero se vuelven a repetir esquemas de división interna y externa jaleados por los bancos, los partidos, las empresas y los medios de comunicación a su servicio. ¿Vamos a cometer otra vez el mismo error? ¿Vamos a tener que explicar dentro de veinte años que no pudimos salvar la democracia porque se repitió una “correlación de debilidades”? ¿Van a ser las ambiciones personales y la debilidad democrática interna de las fuerzas del cambio responsables de que se vayan de rositas el PP de Barberá, Bárcenas, Cotino, De la Serna, Fabra, Rus, Arístegui, Rato, González, Granados, Figar, Soria, Cañete, Cospedal, Fernández (y mil más), o el PSOE de Cháves, Griñan, González, Villa, de la reforma del 135, de las peleas de poder internas propias de una empresa mafiosa más que de un partido?

Rajoy se puede suceder a sí mismo de la misma manera que el rey Juan Carlos se sucedió a sí mismo, como Cebrián y la prensa del régimen se sucedieron a sí mismos, como Fraga, Suárez, Cisneros, Pérez Llorca, Fernández Miranda, como los jueces, catedráticos, policías, políticos, empresarios de la dictadura se sucedieron a sí mismos. Y mientras, las fuerzas del cambio se enredan en un juego propio de niños caprichosos que dan prioridad a su ambición antes que al interés del país. Los partidos, con creciente arrogancia, se están presentando como los responsables de que la democracia no crezca. Y ese posfranquismo sociológico penetra incluso en los nuevos partidos (véase el comportamiento de Ciudadanos o algunas de las discusiones que tiene en su seno Podemos). Esa división paraliza a las fuerzas del cambio y es la alfombra roja por donde regresan siempre los de siempre. Como en el Tratado de Maastricht, cuando las fuerzas del cambio, con una confusión proverbial, estaban a favor, en contra y a favor de la abstención, además del “sí crítico” que defendía CC.OO para terminar de confundir a quien aún no lo estuviera. La derecha nunca se equivoca y siempre va junta. Su realismo es quizá su mayor virtud. En España, incluso han hecho un hueco dentro de sus filas para la extrema derecha. Por el contrario, las fuerzas de cambio, en todo su espectro, siempre parecen un paisaje después de la batalla.

¿Parálisis en España? ¿Terceras elecciones? ¿Acuerdo quirúrgico camino de alguna suerte de gran coalición? Y las fuerzas que debieran estar en el cambio afirman: si, no, abstención y apoyo crítico. O como dicen en el Caribe, un arroz con mango. Y en Argentina, un quilombo. Vamos, que un mejunje que no hay quien se lo lleve a la boca. Mientras tanto, los partidos pensando más en ellos mismos que en el país. Culpa de la gente, que les deja solos.

El espectáculo del PSOE es a mayor gloria del esperpento: en el Consejo Federal socialista no saben qué va a hacer su Secretario General, Pedro Sánchez, porque no se hablan con él. Pedro Sánchez ya no sabe qué hacer, obsesionado con ganar tiempo, por el odio que le profesa su Consejo Federal. Susana Díaz, el elefante blanco de la vieja guardia socialista, se desinfla día a día y encima piden cárcel para sus padrinos políticos (el fiscal, una vez más obedeciendo a los intereses del PP, lo anuncia apresuradamente para compensar la imputación de Rita Barberá). Fuera cual fuese el resultado de unas terceras elecciones, el PSOE no está en circunstancias de gestionar nada. Estamos echando aceite y aceite a la mayonesa cortada. A Podemos, después de dos años de elección tras elección, le toca prestarle un poco de atención a lo interno y saber qué quiere ser de mayor. Es normal que tenga ruido. No lo será si no habla con claridad y expresa en qué consisten sus diferencias internas, más allá de los síntomas del “mal de piedra” que muestras ya algunos de sus miembros pese a su juventud. Si se quiere parchear lo viejo o si se quieren abrir nuevas posibilidades. Si se quiere ser un partido más o si se está dispuesto a enfrentar los enormes retos que amenazan a la Unión Europea. Si se atreve y apuesta fuerte por la democracia o se asusta y quiere intentar ganar credibilidad en el estado de partidos metiéndose en la cama con quienes vino a sustituir. Lo hizo Lula y Dilma Roussef en Brasil. Ya hemos visto cómo se lo han pagado. Roma no paga traidores. Volvemos a olvidarnos de que el verdadero viaje empieza cuando se acaban los caminos. Y que lo nuevo nació para ayudar a que lo viejo se marchara. ¿Nos acordamos de aquello del 15-M?: vamos despacio porque vamos lejos.

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Un trío político sin amor, sin sexo y sin precauciones

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Investiduras: huir de melodramas sin final feliz

Decía Bertrand Russell que la vida no es un melodrama devastador compensado con un supuesto final feliz. La investidura de un gobierno tampoco. Malvives, sufres y encima el final es una basura. No se trata tampoco de ocultar las dificultades ni de magnificar los problemas en un momento de crisis política y económica en Europa (ahí está el creciente auge de la extrema derecha). Fortaleza para enfrentar sin miedo a los que quieren asentar las desigualdades, templanza para entender la parte de verdad que portan los demás; justicia para pedir cuentas a los responsables; y prudencia para saber cuándo es el momento para que las cosas puedan pasar. Todo lo contrario de lo que exigen las urgencias electorales y los plazos agónicos de las investiduras.

Ni los cocineros más creativos han inventado un plato de sardinas a la plancha con nata, ni crema pastelera con lentejas estofadas ni deconstrucción de café con leche al alioli. Hay cosas que no van juntas ni poniéndote imaginativo. Si lo cocinas es solamente porque sabes que nadie va finalmente a comérselo. Una mera representación. Y si alguien, por hambre y desesperación, se atravesara ese mejunje, terminaría vomitando más temprano que tarde. El resultado es que estarías igual de hambriento que al principio, pero con la camisa sucia, la garganta irritada y el cuerpo revuelto. Si lo vas a vomitar de inmediato, no te lo comas. Y esto no es una metáfora: esto va por mezclar a Unidos Podemos con Ciudadanos e, incluso, con esa parte del PSOE que apenas tiene diferencias con el PP.

En la degradada política española, el viejo régimen se niega a decir la verdad sólo porque unos medios igualmente del régimen les cubren las espaldas y les prestan la respetabilidad que ya no tienen. La ausencia de democracia interna en los partidos o la desconfianza en la participación popular por parte de las élites hacen el resto. La vieja guardia del PSOE y del PP o la vieja guardia remozada de Ciudadanos siguen moviéndose como si la ciudadanía no hubiera perdido en los últimos ocho años buena parte de lo ganado desde la recuperación de la democracia. Nadie rinde cuentas, nadie tiene responsabilidades. Y el pueblo, tachado de idiota resignado, tiene que tragar la bazofia de siempre porque de lo contrario tendrá que ir a otras elecciones y le están repitiendo machaconamente que antes morir que perder la vida. Si el grupo PRISA no hace más que repetir que unas terceras elecciones son el Apocalipsis igual tenemos que empezar a pensar que, más allá del enfado que nos producen, igual tienen algo positivo. NI hay que ir a votar con miedo ni hay que dejar de ir a votar por miedo.

Una España que sale del bipartidismo y quiere entrar en la promiscuidad

Parece que en la política española pueden hacerse cuantas mezclas se requieran antes de asumirse que la vieja política ya no sirve para gobernar. Nos está costando como pueblo salir de la infancia miedosa y asumir que ya nos toca crecer. Ciudadanos puede en nombre de España irse con el PSOE, luego puede marcharse con el PP sin que a España le salga sarpullido, luego puede regresar otra vez en brazos del PSOE, siempre por el bien de la patria (¿Verá Ciudadanos el bien de la patria en otro lado que no sea hacer de muleta de los viejos partidos? ¿Es que se nos ha olvidado el caradura de Girauta gritando ¡Es inimaginable que Ciudadanos vote en una investidura a Rajoy!¿ ¿Y Rivera insultándo al Presidente y pidiéndole que se vaya?). De la misma manera, el PSOE puede reformar el artículo 135 de la Constitución cuando está gobernando o declararse, ya en la oposición, bolchevique, de la misma manera que acuerda con el PP todas las grandes políticas de ajuste en Europa y luego representa en Madrid escenas desabridas donde hacen como que ni siquiera se dan la mano. O el PP puede hacer campaña con el sempiterno “España se rompe” y luego pactar con el PNV o vaya usted a saber si con la antigua Convergencia la Mesa del Congreso y el Senado y los grupos parlamentarios.

Fracasados los acuerdos de Ciudadanos con el PSOE y con el PP, parece claro que la alternativa que no sea mantener el engaño sería un gobierno del PSOE con Podemos sostenido en un claro programa de gobierno, donde tampoco pueden incorporarse ingredientes que no encajan por ser de la derecha españolista -como Ciudadanos- o de la derecha nacionalista -como el PNV o PDC-. Ingredientes que más temprano que tarde indigestarían la comida. Pero Sánchez no lo va a hacer porque no le dejan en su partido. Se lo dijeron muy claro: “sólo con Podemos, nada de nada”. Y Sánchez intentará regresar a diciembre. Hay una única clave para interpretar al PSOE: sus dirigentes están intentando única y exclusivamente salvar su puesto de trabajo. Ahora regresa a la cocina, otra vez, Sánchez. No porque nadie vaya a comerse ese plato, sino porque cree que así vamos a terceras elecciones y le puede intentar echar la culpa a Podemos. Hace falta mucha paciencia para no mandarles a freír espárragos por desmemoria y falta de imaginación.

Sánchez necesita prolongar su mentira porque así está prolongando su vida política. No hay ni un solo gramo de otra interpretación. El espectáculo que está dando el PSOE es de sainete costumbrista, y la interpretación de Sánchez le llevará a que cuelguen su retrato al revés en la sede de Ferraz después del próximo congreso. Contarnos que el “no” a Rajoy es una señal del gran compromiso con las mayorías del PSOE es como pensar que Felipe González grabó un vídeo de apoyo a un broker del petróleo con el dinero en Panamá por razones de compromiso con el socialismo. Los dirigentes del PSOE son políticos profesionales.

El superviviente por excelencia trae ahora el “cóctel Sánchez”. La preparación es atrevida: unas gotas de bronceador, un chorro generoso de nueva derecha, aroma artificial de viejas promesas, 3/4 de jugo de barones, unas gotas de salsa Perrins a la Susana, servido eso sí, en vaso de cristal de Unidos Podemos. Frío o caliente, porque da lo mismo. Puestos a seguir el disparate ¿por qué no gobierna Rivera con la abstención del PSOE, de Podemos y, ya puestos, del PP? Total, la voluntad de los españoles ya casi va a dar lo mismo. ¿O por qué no dimite Rivera por el bien de España para que Ciudadanos pueda abstenerse en un gobierno del PSOE y Podemos? ¿O por qué no se van Sánchez y Rajoy y le pedimos a Goldman Sachs que escoja a un economista de la casa para que gestione los ajustes que vienen? Y el Rey, insistiendo en esa faceta de rey prudente que te da no poder hacer otra cosa que quedarte callado.

El fraude de un gobierno tripartito sin coherencia ideológica

Los que venimos de familias humildes sabemos que las cosas malas se rompen mucho antes. Más vale esperar, ahorrar un poco más y comprar un abrigo o unos zapatos que duren por los menos un invierno. La necesidad, es cierto, a veces manda, pero a perro flaco todo se le hacen pulgas.

Un gobierno tripartito con la derecha (PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos) es un fraude democrático. Una gran coalición del PSOE y del PP es una burla, pero no un fraude. Es la ciudadanía quien la compra. Sánchez lo sabe, pero lo propone porque lo importante ya no es España ni la voluntad de los españoles, sino cómo se coloca cada cual en las inconcebiblemente posibles terceras elecciones. Ciudadanos es un partido creado por la derecha económica para apuntalar el modelo de ajustes y recortes apuntalando al PSOE y al PP e intentar frenar a como fuera a Podemos. Que es lo que hace en Madrid y en Andalucía y es lo que ha intentado hacer en las investiduras fallidas. Rivera tiene como compromiso central asumir los mandatos económicos de la Troika, y como coartada decir con ademanes menos militaristas el repetido España se rompe que alimenta a una derecha sin ideas. Bruselas ya no da más tiempo a estos viejos actores. ¿Cuánto duraría ese gobierno? Apenas dos semanas después de conformado, Rivera exigiría cumplir con las exigencias de la Troika. ¿Y entonces? ¿Se disuelve el gobierno? No. El PSOE y Ciudadanos estarían de acuerdo y Unidos Podemos, traicionado, tendría que salir del ejecutivo. Es decir, los votos de Unidos Podemos sólo habrían servido para investir a un gobierno de Rivera presidido por Sánchez. ¿Esto es lo que esperan los millones que salieron a protestar el 15-M?¿Esto es lo que esperan los que han tenido que marcharse fuera de España a buscar trabajo?¿Esto es lo que esperan los que llevan años sin trabajar y los que trabajan más horas y ganan menos?¿Esto es lo que esperan los universitarios que ya no pueden pagarse la matrícula, los desahuciados que perdieron su vivienda y sus ahorros, los ancianos que mueren sin la ayuda a la dependencia, esperando vanamente operaciones que no llegan o que ven mermados sus salarios porque tienen que pagar las medicinas?

Los problemas urgentes de España pasan por apostar todo y más por la creación de empleo digno, lo que pasa por abolir las reformas laborales del PSOE y del PP y hacer un esfuerzo desde lo público como lo que significó el Plan Marshall después de la Segunda Guerra Mundial. Sin empleo digno que cotice a la Seguridad Social, el Estado no tendrá capacidad fiscal y las empresas seguirán cerrando o sobreviviendo con empleo semiesclavo. El papel de los autónomos es esencial, y no pueden seguir siendo tratadas por la administración como complemento de las grandes superficies y de las multinacionales. De no atacarse con celeridad los asuntos labores, seguiremos la espiral tercermundista. España tiene que impulsar, como cuarta economía del euro, un giro en las políticas de austeridad en Europa que dejen de ordeñar a una vaca a la que se le quita cada vez más pasto. Las enormes desigualdades en España tienen que ver con la impunidad, de manera que es esencial un plan radical contra la corrupción que pase igualmente por reformar una judicatura que debe empezar a rendir cuentas al pueblo al que sirve. En la situación de necesidad en la que viven millones de españoles, es urgente recuperar la Ley 25 que garantice mínimos vitales a los colectivos más golpeados, sin olvidar a las mujeres y los ancianos, y sin perder de vista que las urgencias económicas están dejando de al lado las urgencias ambientales que cada vez son más amenazantes (y que el PP y el PSOE solventan colocando a los líderes políticos en los consejos de administración de las empresas energéticas o mandándoles al Banco Mundial).

Ganar por cansancio

El cansancio electoral no puede hacer perder de vista que Europa se está jugando su especificidad, su Estado social y democrático de derecho. Las agencias de calificación, las patronales y los grandes bancos ya han manifestado que los derechos laborales son cosa del pasado. El hundimiento de la URSS y la debilidad sindical enterraron lo que se ganó en 1945 cuando las potencias del eje Fueron derrotadas. La derecha asume ese escenario. Ahí están el PP, Ciudadanos, el PNV y la antigua Convergencia. En muchos lugares de Europa, la socialdemocracia también ha aceptado las nuevas reglas (ahí están los recortes sociales y la confrontación con los trabajadores por parte de Hollande y Valls en Francia o el hecho incontrovertible de que el Partido Socialista alemán está gobernando con Merkel en Berlín). En España, sólo el accidente de que el PSOE está en la oposición le hace parecer distante de esas políticas. La ciudadanía tiene que darse nuevos instrumentos para confrontar esas políticas que van contra las mayorías. Eso es lo que significa Podemos. Su razón de ser está en encontrar soluciones que no acepten la retirada que exigen las demás fuerzas políticas. Y por eso, su razón política no puede negociar con las razones políticas que quiere superar bajo riesgo de que se mimetice y las mayorías no vean en ella una fuerza política con capacidad de representar sus intereses. La gravedad de la situación no puede solventarse con tácticas electorales y electoreras

Ojalá el pueblo español castigará inclementemente en las urnas a los políticos que les mienten. Ojalá el pueblo español entendiera que cuando no va a votar, está dejando que Rita Barberá se tronche de risa en el Senado o que Ignacio Granados se parta de risa en la cárcel. Porque dejar de votar es multiplicar el voto de la derecha, que vale entonces por dos y por tres. El PP sabe que puede jugar al cansancio, porque sus votantes se cansan menos que los de los demás partidos. Y esa responsabilidad no puede delegarse. Y Podemos debe saber que tarde o temprano gobernará en España, y para eso es importante no cargar con la ceniza que cae de esa hoguera de mentiras en donde arde la política española de los últimos cuarenta años. Que los que no han traicionado puedan intentar gobernar sin lastres ni contradicciones.

No hay regeneración con engaños. Y un tripartito lleno de contradicciones irresolubles, es el salvoconducto que necesita el PP para erigirse en el partido de oposición frente a un experimento que apenas duraría unos meses. Recordemos el PP en la calle contra Zapatero. Estatut, matrimonio de parejas del mismo sexo, excarcelación de presos, fin de ETA. Daba lo mismo. Un gobierno del PSOE con Unidos Podemos le regalaría al PP la oportunidad de volver a esa oposición hooligan que representan las maneras neofalangistas de Rafael Hernando y las mafiosas de buena parte del gobierno (como el Ministro que se inventa pruebas falsas contra los opositores y ahí sigue), pero tendría que intentarse porque en España aún hay mucha gente que cree que el PSOE es de izquierdas. Son las cosas de tener una derecha comprometida aún con la nostalgia del franquismo. Pero si no hay garantías de que se pueda hacer algo a favor de las mayorías -y cualquier acuerdo con Ciudadanos lo impide- le corresponde a Unidos Podemos asumir que tiene la obligación desde la oposición de ganarse el respeto de los dos millones de votos que apenas le faltan para gobernar este país y dejar atrás este pasado que se resiste a marcharse.

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De investiduras desvestidas y sastres tramposos

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No hay ningún partido que no haya dicho que estas investiduras son un teatro. Parecen Cyphra en Matrix: saben que el filete es de mentira pero se lo comen. ¿No será que necesitan vender entradas?

Dice Gazzaniga que quien cree a los mentirosos no es antepasado de nadie. En las fábulas, los animales hablan. Pero es mentira. En las fábulas de leones suele ser normal que alguien termine siendo la merienda del rey de la selva. Sobre todo el que se cree el cuento. En la fábula de la política actual, cuando el pueblo se relaja termina siendo la merienda de los partidos políticos. Y esto es grave porque, al menos de momento, sin partidos no hay democracia. Y su hambre es insaciable. Y casi todos llevan mínimo veinte años comiendo del erario público. Incluidos los que basan su discurso en insultar a lo público. Ahí están Esperanza Aguirre o Cristina Cifuentes.

¿Cómo es posible este espectáculo de reino bananero que estamos representando? ¿Cómo es posible que Rajoy siga erre que erre pese a su incapacidad de sumar apoyos por ser la piedra de toque de la más abusiva corrupción política que se recuerda? ¿Cómo es posible que Sánchez pueda seguir frenando lo que siempre ha hecho el PSOE, que es ser el compañero de baile del PP, ante la mirada atónita de casi todo el mundo? ¿Cómo es posible que nadie hable claro para explicar sus intenciones -sea el PNV, PDC o Ciudadanos- y haya que interpretar y elucubrar para intentar acercar algún sentido? ¿Por qué no se puede saber qué pactó el PNV con el PP? ¿Por qué tenemos que comernos acuerdos de investidura falsos y que no van a ningún sitio como el perpetrado por Rajoy y Rivera o como el que se inventará Sánchez para hacer como que pacta con Iglesias? ¿Cómo es posible que la Presidenta del Parlamento busque fechas para las elecciones para dar cabida al chantaje de Rajoy de unas terceras elecciones en Navidades?¿Porque ningún barón del PSOE dice en público lo que insultan a Sánchez en privado? ¿Por qué Susana Díaz piensa más en su futuro como Secretaria General del PSOE que como una política responsable? ¿No será todo esto porque a los partidos políticos les importamos una mierda los ciudadanos?

Si hubiera que encontrar la lógica del sinsentido de la política española actual tendríamos que buscarla en el nulo contenido democrático de los partidos políticos. Ni tienen un comportamiento interno democrático ni les importa una higa lo que opinen los militantes o los votantes más allá del día de las elecciones y la previa campaña. Como los partidos son, además, quienes organizan el funcionamiento del Estado -podrían hacerlo funcionarios con un compromiso ético con la Constitución y con su carrera como servidores públicos, pero son los partidos quienes ocupan los espacios esenciales del Estado- trasladan a todo lo que tocan su concepción patrimonial y caprichosa con la que hacen y deshacen. La ciudadanía se queja, pero obedece. Dice ¡ay! cuando le muerden. Pero termina en el estómago de sus mandatarios igual que termina el día cuando la rotación de la tierra hace valer sus reglas implacables.

Rajoy ha ido a la investidura como se sacan los pasos en Semana Santa. Un repetido teatro de la farsa. A algunos les molesta que se hable de la Inmaculada Transición cuestionando esa imagen de gloria que invita constantemente a la resignación y a la parálisis. Porque la Transición es el velo que no deja ver que no es que no sea oro todo lo que reluce, sino que los metales de la política española son como aquel viejo plomo que contaminaba el agua en cañerías vetustas. Mientras Europa desarrollaba el estado democrático y social, en España Franco aún fusilaba y encarcelaba a los que pedían para España simplemente esos derechos. Tras 24 años celebrando el día de la victoria sobre los republicanos, el año 25 fue el de la paz y el golpe de estado de julio de 1936 pasaba al olvido como un terrible aguacero que inundó el país de sangre como si de una inoportuna tormenta se hubiera tratado. No es lo mismo que el día nacional celebre la toma de la Bastilla y la decapitación de los autócratas a que sigamos el engaño de celebrar el 12 de octubre intentando presentar como gesta lo que fue otra carnicería impulsada por la incapacidad económica de los Reyes Católicos. Una enseña y la otra distrae.

Las maneras de chuleta de Rafael Hernando beben de la chulería falangista de los que daban paseíllos. La quietud impúdica de Rajoy sólo es concebible por el poso del “usted no sabe con quién está hablando”. Un veleta como Albert Rivera sólo se entiende viendo Los golfos de Tony Leblanc. Puede haber periodistas pantuflos y mentirosos paseando su doctrina por las televisiones porque los lectores no son nada exigentes y siguen sin entender que un periodista que miente es como un médico que enferma. Y mientras siga ese respeto absurdo a quienes hace mucho tiempo que dejaron de respetaros, no hay salidas democráticas. La impunidad del franquismo es la impunidad de la democracia. Pero quien hable mal de la Transición pierde votos.

Podemos tiene que ofrecerle machaconamente a Sánchez la posibilidad de hacer gobierno porque en España hay mucha gente que cree que el PSOE es un partido democrático y de izquierdas. Y lo cree por la única razón de que el PP, el que ha sido el otro gran partido, fue fundado por un Ministro de Franco que firmó sentencias de muerte. Por eso Podemos descolocados al PSOE hasta el punto de que prefiere pactar con el veleta Rivera antes que con quien le pone delante el espejo de su decrepitud.

La cultura franquista dejó su poso en la cultura de la Transición y el franquismo sociológico sigue haciéndonos un pueblo con más miedos de los que son deseables en democracia. Por eso esas peticiones desesperadas como súplicas de reo ante el patíbulo pidiendo un gobierno del PSOE, Podemos y Ciudadanos aunque sea falso como los unicornios o como torcer cucharas con la mirada. ¿Pero qué va a negociar Iglesias con Rivera y Sánchez cuando el punto número uno del acuerdo de Ciudadanos con el PP es cumplir las exigencias de austeridad que mandan los hombres de negro de la Troika? Miedo, miedo y más miedo. Y en medio del miedo, mentiras.
También por eso el 15-M tuvo un gran componente generacional. Y precisamente por esa necesidad de que lo nuevo no se agriete con lo viejo, es hora de que vuelva a decirse a los partidos políticos, a los que no les duelen las necesidades del pueblo, que hace falta sacar las conclusiones correctas del fallo del sistema en que malvivimos. Es decir, que ellos son parte del problema y no parte de la solución y que si mezclas leche cortada con leche fresca, terminas estropeando todo el cántaro.

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Ser brecha o pared: Podemos y las terceras elecciones

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Párate o camina, pero no te tambalees. Así reza una propuesta milenaria. La confusión electoral, post electoral y preelectoral está afectando a lo nuevo. Y ahí no hay luz. La luz está en la calle. Dentro lo que hay son bombillas. Y estatuas. Y telarañas.

España entró muy tarde al estado social por culpa de la dictadura. Mientras en Europa se ponía en marcha un estado social, democrático y de derecho nacido de la derrota de Hitler y Mussolini, aquí se fusilaba al amanecer y se encarcelaba o exiliaba al pensamiento democrático. Algunos hoy, en el PP o en Ciudadanos, siguen mirando con simpatía a la dictadura y creen que Franco fue un gran estadista. Si entendiéramos que el franquismo fue una dictadura de clase entenderíamos que hay conexiones que no se comprenden con otras herramientas. Hay muchos políticos y periodistas a los que les sentaría excelente una vestimenta falangista.

El modelo neoliberal, es decir, este momento del capitalismo en donde la patronal se atreve a decir que los trabajadores debieran pagar a los empresarios cuando son despedidos, necesita cambiar el contrato social democrático y social en nombre de la competitividad. La globalización se hace sobre las espaldas de las clases medias, las mujeres y los trabajadores del sur. Los derechos laborales son un impedimento para el beneficio empresarial. JP Morgan ha dicho que los derechos sociales eran importantes en España solo porque se estaba saliendo de la dictadura. Pero que ahora ya no hacen falta. Si debe valer más la vida digna de un ser humano o el beneficio de apenas el 10% de la población lo decidirá el conflicto social. Las luchas de ayer son los derechos de hoy, y las luchas de hoy son los derechos de mañana. Ir a votar no entra dentro de la idea de conflicto, si bien puede ser la palanca esencial para lograr cambios. Votar no es garantía de que logres cambiar las cosas, pero si no votas, te van a reventar y encima dirán que tú así lo has decidido. Toca votar y estar dispuesto a defender en la calle la soberanía democrática.

En España estamos en un empate esperpéntico (más que catastrófico): la ciudadanía no tiene la fuerza suficiente como para frenar la pérdida de derechos sociales y las élites no tienen la fuerza suficiente para formar un gobierno que complete los procesos de privatización, de desrregulación y de primacía de los intereses de la banca iniciados en los gobiernos de Felipe González, constitucionalizados por José Luis Rodríguez Zapatero y llevados a sus extremos por los gobiernos de Aznar y Rajoy.

El 15-M nació como respuesta a la expulsión creciente de sectores sociales por culpa de ese modelo económico depredador, acompañado de la impunidad de la corrupción, que afecta al tuétano del PP y del PSOE, y la caradura de los políticos corruptos que orinaban sobre el respetable pero le decían que llovía. No les hemos parado los pies. Sigue de Ministro en funciones el responsable de interior que ha inventado pruebas contra Podemos y CDC, pero el PP pide la inhabilitación política para Pablo Echenique porque en una fiesta privada cantaba una jota no de las más escabrosas. Algo que se hace público porque un medio pantuflo que tiene en su historial haber falsificado pruebas en connivencia con policías corruptos, saca en su medio-vertedero contenidos de un teléfono robado. Como diría Labordeta, vayánse a donde pertenecen. Ahí exactamente. Son cosas que pasan cuando tienes un Presidente de gobierno que no ha tenido que dimitir pese a escribirse amablemente con su tesorero preso en una cárcel de la democracia.

Cuando el hielo se resquebraja lo hace en direcciones que no son predecibles. Después de las elecciones de diciembre, Podemos invitó al PSOE a explorar un gobierno conjunto. Pero una semana después de los comicios, el 28 de diciembre, el Comité Federal del PSOE prohibía a Sánchez negociar con Iglesias. Eso echó al PSOE en manos de Ciudadanos. A los que, durante la campaña, les llamaba “cachorros de la derecha”. Ni Rajoy -que forzó a la Casa Real a caminar por la línea borbónica histórica- ni Sánchez, que sólo piensa en su supervivencia, lograron formar gobierno. Podemos insistió en que no se trataba de apoyar un gobierno de Rivera presidido por Sánchez, y que no se trataba de sacar a Rajoy para mantener las mismas políticas. Y nos fuimos a las segundas elecciones. Y las cosas quedaron, más o menos, en donde estaban. Rajoy recuperó parte del voto que se había ido a Ciudadanos, el PSOE tuvo el peor resultado de su historia -y como andan como pollo sin cabeza, lo celebraron como si fuera una medalla de oro-, y Unidos Podemos se quedó igual en escaños pero perdió un millón de votos, principalmente por creerse las encuestas, por hacer una campaña desdentada y por dedicar los seis meses posteriores a diciembre a hacer vida parlamentaria y olvidarse de la calle.

El “sistema” quiere una gran coalición en alguna de sus formas. Que el PSOE, el PP y Ciudadanos se pongan de acuerdo. Incluso, que pacten con la derecha catalana y con la vasca, dándoles alguna ventaja fiscal a las empresas para que desactiven las tensiones nacionales y se regrese al bipartidismo feliz en el que se desarrolló la Gürtel, los ERE, los casos Pujol, el desmantelamiento del estado social y la pérdida de soberanía. Como la piedra en el zapato es Unidos Podemos, se ha hecho todo lo posible para quebrarla: falsas acusaciones de financiación, cacareos sobre peleas internas, enjuiciamientos personales, anuncios apocalípticos acerca de su futuro (las encuestas ya son un arma de guerra electoral como cualquier otra). Pero sin éxito. El único enemigo de Unidos Podemos es Unidos Podemos y nadie sino esa misma formación puede hacerle un daño perceptible.

Sánchez quiere terceras elecciones porque gana tiempo. Sabe que su partido le odia -casi su única certeza- y están esperando que se abstenga para poder justificar despeñarle en el congreso del partido que se convocará inmediatamente después de que haya gobierno. Aunque los barones le prometieran no tumbarle en el congreso del partido, Sánchez no les cree. Después de que Rajoy fracase, se reunirá con Pablo Iglesias con el único objetivo de ir a las elecciones echándole la culpa a Podemos de que no haya gobierno. Así iríamos, en el deseo del establishment, a unas elecciones peculiares: se agota a la ciudadanía con tres elecciones, se busca una fecha imposible como son las Navidades y se pacta reducir la campaña electoral a ver si nadie se entera de que hay elecciones (Podemos se equivoca con una ingenuidad pusilánime al aceptar que los plazos busquen el ahorro en los tiempos de discusión ciudadana y no en otros lugares). En su marco ideal, Rajoy acabaría con Ciudadanos -el acuerdo con Ciudadanos es un teatro pactado desde la perspectiva del fracaso de la investidura- y el PSOE -así lo quieren creer- superaría la pesadilla de una fuerza política, Unidos Podemos, que representa lo que ya no se atreve a representar la socialdemocracia. Entonces, una vez que se regresara a la tranquilidad política anterior a 2011, estarían en disposición de pagar los 25.000 millones que reclama Bruselas y que aplicaría la puntilla al estado social español.

Unidos Podemos tiene que hacer un buen diagnóstico. Es mentira que le economía esté mejorando. Ningún avance macroeconómico mejora desde hace mucho tiempo la situación de las mayorías. Es un nuevo modelo al servicio de las élites. Nuestros niveles de endeudamiento ya cabalgan más allá del 100% del PIB, el desempleo baja menos de lo que necesitamos, y el empleo se está empezando a pensar como un ámbito donde ya no hay derechos. Pese al momento peculiar -que se cerrará muy pronto- de crecimiento, posible solamente por los bajos precios del petróleo, las políticas expansivas del Banco Central Europeo, los record de turismo motivados por las situaciones de violencia en otros destinos mediterráneos y europeos, y los plazos que la Troika ha concedido a Rajoy para que pudiera ganar las elecciones. Pero ni los salarios mejoran, ni los contratos mejoran, ni las horas extra no pagadas se reducen ni se va acumulando seguridad social para poder tener una pensión. La economía mejora pero no para los españoles.

El pueblo no ha elegido a Rajoy Presidente, pero tampoco lo ha echado a su casa. El PSOE ya no es capaz de convencer a la ciudadanía con ese juego de hacer un discurso de izquierdas sólo cuando está en la oposición. Pero Unidos Podemos no ha logrado pasarle en las urnas. El imitador invita a respetar al original. Es verdad que en unas terceras elecciones, si al final fueran convocadas -decir si las habrá o no es una mera especulación- todo puede clarificarse. No tiene sentido un resultado electoral y una formación de gobierno que no sea consistente con el pulso de la calle. Ahí debe encontrar su línea política Unidos Podemos. Haya o no haya elecciones.

El PSOE tendrá dificultades para explicar en unas terceras elecciones por qué Ciudadanos, con quien pactó gobierno en diciembre, es malo ahora cuando pacta cosas similares con el PP. A no ser que dé ya todo lo mismo (lo que creo que es el caso). El PSOE es una asociación de profesionales de la política que están viendo exclusivamente como sobreviven a su propia incapacidad. El PP, como siempre, solo tiene que esperar y jugar al aburrimiento, aprovechando el poco respeto que tiene a la separación de poderes para hacer que la Presidenta de las Cortes señale el 25 de diciembre como fecha de los nuevos comicios. Si hay terceras elecciones, recuperarán el discurso del miedo, Venezuela, la prima de riesgo y el apocalipsis. A sus votantes les gusta esa música aterradora, tan propia de la imaginería católica más vertical y autoritaria.

Ya va siendo hora de que Unidos Podemos recuerde que nació de la protesta contra la pérdida de los derechos sociales, de la intolerancia contra la corrupción, haciendo fuerza en la grieta abierta y no ayudando a sostener la pared que aún resiste. Y en esa pared también está el PSOE, aunque desde la oposición prometa lo que nunca cumple cuando gobierna. Es urgente trabajar en las líneas ideológicas de Podemos (por ejemplo, de cara a las elecciones gallegas y vascas, recordar que Podemos nace para construir un país de países donde España se construye también desde las naciones que la conforman). Septiembre tiene que ser un mes que complemente una tarea institucional irreverente con más calle, con más sensibilidad con las situaciones precarias que vive la gente, con una voluntad decidida de entender que el modelo que ha funcionado en los últimos cuarenta años está superado pese al discurso embellecedor de la derecha y sus voceros. También más allá del discurso incoherente del PSOE y de  sus intereses desnudos pártidistas o individuales. Solamente en las prácticas pueden abrirse nuevos sentidos. Y en la mera discusión parlamentaria no hay sino juegos de sombras donde los partidos siguen devorando la política que la ciudadanía mira desde una distancia impotente y resignada.

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¿Hacia dónde va la izquierda? Debate con Paolo Ferrero (Rifondazione Comunista)

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Hace unos meses tuvimos un debate con Paolo Ferrero, Secretario General de Rifondazione Comunista, sobre el futuro de las izquierdas. Las semejanzas entre el proceso italiano y el español son muchas (también, claro, las diferencias). Pero me parece muy interesante la reflexión de Ferrero acerca de las dificultades de Rifondazione para evitar ir de la mano del centro-izquierda (obligados por el sistema electoral) y del alto precio que han pagado por ir de la mano de formaciones políticas que terminan aplicando de manera muy parecida la derecha las políticas de ajuste. Ese viaje conjunto deja en solitario a Cinco Estrellas, el partido del cómico Beppo Grillo, como la fuerza que se enfrenta a la “casta”. Todo el esfuerzo emancipatorio desarrollado por la sociedad italiana se lo termina llevando el viento al terminar identificando la ciudadanía a todos los partidos como matices de un mismo cuadro.

Los retos de la emancipación reclaman cambios para los que no se está trabajando discursivamente. La ciudadanía sigue inmersa en el imaginario consumista neoliberal, piensa las soluciones en términos nacionales y exige a la política que le solvente sus problemas como le pide un paciente al médico que le salve. Pero las soluciones son europeas (en verdad, mundiales), no pueden llevarse a cabo sin cambios antropológicos, sin cambios en los modos de vida que tienen que ser entendidos e impulsados desde abajo, y la política no puede seguir supeditada a unas organizaciones propias del siglo XIX como los partidos políticos que se han terminado conviertiendo en empresas a las que el voto les interesa solamente como una forma de supervivencia.

Debate completo en: https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Entrevistas/dialogo_JC_Monedero-y-P_Ferrero_M_DIDONATO_R_ZACCAGNINI.pdf

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La tercera restauración borbónica

EL REY RECIBE EN AUDIENCIA A ARTUR MAS

Parece que la jugada va asentándose. La Gran Coalición debía tomar, poco a poco, sus contornos hispánicos -diferentes de los germánicos-, que no necesariamente iba a configurarse como un gobierno formal entre el PSOE y el PP. Para llegar a esos acuerdos la democracia española necesita tiempo y desnazificación (algo para lo que el tiempo se está pasando). Aún así, no estaría claro que funcionase. Si el PSOE no ha terminado como el PASOK o el Partido Socialista Italiano es porque el PP, al tener dentro a la extrema derecha, le da siempre oxígeno para que siga pareciendo que es de izquierdas. Aunque sea responsable de haber abierto la puerta a todos los desmanes que ha culminado después el PP (privatización de la sanidad, reforma laboral, especulación inmobiliaria, corrupción, uso de las instituciones del estado en interés propio, privatización de las pensiones, cesiones a Europa). Al PSOE le fue dado cumplir con las exigencias de un país en lucha que desde los finales del franquismo presionaba en una dirección democratizadora. Articuló de una manera cicatera esas exigencias ciudadanas -tenemos el Estado social más débil de nuestro entorno, como ha demostrado Vicenç Navarro- y en cuanto hubo la ocasión, dirigió el desmantelamiento. Alemania siempre ha mandado mucho en el PSOE. Desmantelamiento que nunca se le hubiera permitido a la derecha. Ya vale de decir, pues, que el PSOE trajo el estado social: lo trajo el pueblo y lo perdió también el pueblo cuando dejó de defenderlo delegando la política con el argumento de que habíamos mejorado mucho. El PSOE puso en marcha el estado social con el pueblo apoyando ese cambio, y lo empezó a desmantelar con el pueblo en la calle en su contra, haciendo al PSOE la huelga general que no le había tenido que hacer a la derecha.

El 15-M lanzó el mensaje de que la Constitución del 78 ya no daba más de sí. Bastaron dos preguntas: ¿por qué no me representas? y ¿por qué me excluyes? Porque somos una democracia representativa y, según el artículo 1 de la CE78, un estado social. El “no nos representan” fue tomando en Cataluña cuerpo como  “derecho a decidir”. El pueblo en la calle y la periferia empujando son sinónimos de cambio.

Una vez más, como con Carlos IV, con Fernando VII, con Isabel II y con Alfonso XIII, con una corte corrupta, rodeada de cortesanos ladrones y ociosos, y una ciudadanía expulsada e indignada, se presionó para que la Constitución diera cabida a las nuevas exigencias democráticas. Como con la Constitución de Cádiz se recordó al Rey que la monarquía era un depósito de la nación, como con Isabel II y Alfonso XIII se recordó que la monarquía podía dejar paso a una república (la primera vez que el constitucionalismo español es democrático es en 1931). Como con Fernando VII, los 100.000 hijos de San Luis de la Troika solventaron las cuitas europeas en suelo hispano, e hicieron su parte para que las cosas permanecieran en su sitio mientras el pueblo reclamaba soberanía nacional y popular. Somos, como dice Pérez Royo, el único país que restaura monarquías. El Rey Juan Carlos I tuvo que abdicar, pero ni el PSOE ni el PP quisieron que la jefatura del Estado pasara por un referéndum.  Felipe VI sigue esperando entrar en escena con algo que le permita justificar en el siglo XXI ser rey solo porque pertenece a la familia de los Borbones. Si su padre lo obtuvo con la farsa del 23-F, el hijo lo va a intentar haciendo un tinglado de la nueva farsa en Cataluña.

La única pieza que rompió los planes (los planes en política se hacen siempre, pero no significa que se cumplan) fue el surgimiento de Podemos. La primera reacción fue de sorpresa (tan grande ha sido la impunidad del turnismo bipartidista). La segunda, impulsada por la banca, la creación de Ciudadanos como muleta nueva de lo viejo. Han sido meses de confusión donde las bolas de cristal estaban desajustadas. Tanto que se han repetido unas elecciones.

Pero el poder presiona para que las aguas vuelvan a su cauce. Más sucias y con menos caudal pero a su monárquico cauce. Y vuelven a marcar el futuro con su precisión material. Y los norteamericanos, por fin, contentos. Ya hay nuevo gobierno. El PP se apoya, obviamente, en Ciudadanos. Rivera, que es un mandado, se traga sus palabras gruesas sobre Rajoy, porque Rajoy nunca ha sido solo Rajoy sino una parte del PP enfrentada con otra parte, y obtiene, de momento, una presencia en la Mesa del Congreso que no se corresponde con su magro resultado electoral. El pacto PP-Ciudadanos estaba escrito en las estrellas porque, de no ser así, a Ciudadanos le pasaría lo mismo que a UPYD cuando no entendió que no podía personarse en la querella de Bankia sin que la banca le castigara. El PP necesita igualmente apoyarse en los viejos socios nacionalistas de derechas mientras se ve qué ocurre con las mayorías absolutas (que parecen cosa del pasado). Para ello, da presencia al PNV en la Mesa del Congreso y garantiza grupo parlamentario también al maltrecho PDC, antigua Convergencia. Esos que ayer eran tan malvados, tan independentistas y con los que nadie quería pactar. Y que deciden acordar con el PP porque Unidos Podemos les ha ganado en votos tanto en Euskadi como en Cataluña. Qué flexible es la vieja política. Les ayudan a salir de su deriva independentista y pactan un nuevo acuerdo fiscal (que es la medalla que se apuntará Felipe VI, el pacificador del Ensamble) como solución constitucional falsa a la petición desde abajo del derecho a decidir. Y, seguramente, intentan, en la medida de lo posible, aliviarle los problemas penales que arrastran los Pujol, Mas y compañía. De momento, se cargan al Ministro de la Brigada Político y Social Fernández Díaz.

¿Y qué pinta el PSOE en todo esto? Pues que, por fin, la vieja guardia ejecuta a Sánchez por desobediente y por haber llevado al partido al peor resultado de su historia. Carga con las culpas de que gobierne Rajoy, apela a la responsabilidad nacional para salvar la cara (de aquella manera) y su partido empieza su camino al turnismo -para cuando le toque, que en ese marco siempre termina tocándole-  con su peculiar forma de empezar de nuevo, esta vez con la recién llegada Susana Díaz. Al final, lo que tenemos es una nueva restauración borbónica, después de la de 1876 y la de 1978 (posibilitada por Franco al nombrar en 1969 a Juan Carlos de Borbón su sucesor a título de Rey siguiendo las leyes franquistas), que acalla el movimiento popular que nace del 15-M y que sigue exigiendo una España que deje de ser posfranquista. Una España más joven, urbana, formada, feminista, que se mueve con soltura en internet, que no ve lo de fuera ni con miedo ni con devoción. y que ve a la España de Rajoy, Rita Barberá, Granados y los reyes de refilón en el salón comedor a través de un televisor en blanco y negro con el sonido distorsionado.

Pero eso es solamente el plan de las élites. Porque estamos en una fase final del ciclo económico y queda mucha batalla para no perder todos los derechos sociales ganados desde hace más de medio siglo. Queda por ver si Unidos Podemos completa su conversión en un Frente Amplio que confronte esta conspiración fatigada de lo antiguo y le permita tanto recuperar el millón de votos que se quedó en casa este 26-J como ganar otros dos millones demostrando que tiene un plan diferente, realista, comprometido, audaz y desobediente para España y sus mayorías. Para que la tercera restauración borbónica, vendida como una segunda transición, tenga, por fin, los elementos necesarios de ruptura para que no volvamos a comernos los gatos que quieren poner en nuestros platos los señoritos que quieren quedarse, otra vez, con todas las liebres. Como en aquel  18 de julio de hace ochenta años que hoy algunos no quieren no sólo condenar sino ni siquiera recordar. Por qué será.

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De la Gran Coalición a la Abstención Modesta

debate a Cuatro

Venimos de un fracaso democrático. Las elecciones son procesos de autorización política para formar gobiernos. Si el resultado no se zanja con un inquilino en la Moncloa, es una salida en falso. Si se castigan en el mundo del deporte, en la política también. Toda la ciudadanía saca sus conclusiones. La repetición de elecciones permite pensarse un poquito más las cosas. No pensarlas mejor, sino pensarlas más. Y no todo el voto del 20-D era firme. Una de las características del fin del bipartidismo es la volatilidad del voto. Hasta que la gente organice su rabia y sus humores. Si se quiere fidelizar el voto, todos los partidos, especialmente los nuevos, tendrán que aclarar su pensamiento. Mientras tanto se trata de aguzar el oído para saber qué ha dicho la gente. ¿Hay alguien ahí?

Pongamos que el votante del PP le ha dicho a su partido: me da igual que robes, que mientas, que me humilles y que te rías de mí: te voy a votar igual. Prefiero lo malo conocido a lo bueno por conocer. Tengo miedo y mi miedo es legítimo. Que las cosas sigan deteriorándose así poco a poco que mañana ya veremos. Rajoy lo ha entendido bien y por eso ha logrado, desplegando únicamente el Marca, acallar las críticas internas con su parsimonia decimonónica  y ponerse en posición de espera que para la del loto ya no tiene edad.

El votante del PSOE es plural. Una parte le ha votado quizá por última vez con la nostalgia de algo que se marcha. Como apagando la luz. Otros siguen fieles a ese primer voto. Pero da igual, porque Sánchez ya no puede escuchar a los votantes porque hay un inhibidor de frecuencia socialista en el Consejo Federal que grita al efímero Secretario General: ¡deja que prospere alguna forma de Gran Coalición o de Gran Abstención y carga tú con las culpas por el mal resultado! Y, de paso, por haber sido desobediente. Algo mal visto en los partidos especialmente cuando te han puesto arriba contando con tu lealtad. Sánchez se defiende como gato panza arriba porque sabe que así no solamente está muerto sino que van a envolver su cadáver en una piel de cerdo de Las Dehesas para que su alma vague por la eternidad sin el favor de dios y con el escarnio de las ánimas.

El votante de Ciudadanos anda despistado. Aunque ya venía así de fábrica. Votó a Rivera porque le daba vergüenza votar al PP pero los naranjas terminaron pactando con el PSOE. No ha sido capaz de representar la regeneración porque creció como aluvión sin ningún tipo de filtro y ha terminado pactando con el PP y el PSOE más corrruptos (Andalucía y Madrid. En Valencia, al parecer, no les dio tiempo). Rivera se ha desinflado y su maniobrar nervioso no deja de expresar su pérdida de fuelle.

Iglesias, recordando que la materia prima de Podemos solo puede ser la verdad, ha hablado con claridad. Dirigiéndose a Sánchez le ha dicho: o Rajoy o Podemos o terceras elecciones. Que es una manera de decir: o Rajoy o Rajoy o Rajoy, porque el pacto con el PSOE requiere demasiadas micro negociaciones que lo hace casi imposible, porque el Consejo Federal del PSOE de 28 de diciembre prohibió acuerdos con los morados y los nacionalistas, y porque el PSOE de Susana Díaz, Felipe González, Guerra y Cebrián no van a permitir terceras elecciones.

Ha habido una Gran Coalición de facto de PP, PSOE y Ciudadanos en tres grandes ámbitos: los ataques a Unidos Podemos, compartiendo las mentiras acerca de la inexistente financiación ilegal o falseando el programa electoral intentando convertirlo en un proyecto bolivariano encubierto; el apoyo a las políticas europeas que buscan revertir el contrato social recogido en la Constitución de 1978, con la consecuente rebaja de los derechos laborales, incluido el salario social vinculado al mundo del trabajo –educación, sanidad, desempleo, pensiones, formación-; y la defensa de las instituciones que impiden que España entre con pautas de modernidad en el siglo XXI –la monarquía, el centralismo territorial, la desconfianza ante la participación popular-. Esto marca por dónde debe ir el siguiente gobierno.Porque Rajoy será Presidente y el PSOE terminará absteniéndose.

Unidos Podemos tendrá entonces tiempo para alejarse de la sombra de lo viejo que se ha cernido sobre ellos en estos meses de parlamentarismo cortesano. Y, no menos importante, podrá el músculo que necesita, en la calle y en las instituciones, para que dos millones más de españoles les vean como una alternativa de gobierno en un mundo en franca decadencia.

 

 

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González, Aznar, la guerra de Irak y la investidura (Entrevista en Cuatro)

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Volvemos al escenario anterior a las elecciones: todo sigue igual. Regresa el pasado en forma de fantasmas. De la guerra o de lobistas de brokes iraníes. El mismo bochorno. Pero con unas elecciones de por medio. Felipe González, otra vez, vuelve a los fueros del Ibex 35: que gobierne, en la forma que sea, una gran coalición. Que las elecciones ya lo han perdonado todo. Y toda la basura acumulada de todos estos años que vuelve para recordarnos que no hemos estado a la altura.

¿Cuántos De la Serna iban en las listas del PP? A Cifuentes ya le están estallando casos. Ya veremos si es verdad que sacan las conclusiones prometidas. Aunque quizá lean que el resultado electoral es una patente de corso o una bula de Rouco Varela. La sangre se seca muy pronto. Regresa esa guerra que partió el alma a los españoles y le robó la vida a los iraquíes y, después, a toda la zona. Se demuestra que Aznar mintió para meter a España en la guerra de Irak. Quería que estuviéramos en el mundo “porque no pudimos estar en el Desembarco de Normandía”. Aznar que de joven era falangista y es Presidente de Honor de un partido fundado por un Ministro de Franco que firmó sentencias de muerte. Qué desparpajo. Aznar, Blair o el que era portavoz de Exteriores del PP durante la guerra, Arístegui, no han hecho otra cosa que ganar dinero. Con lo que sea. También con las guerras. Si alguien entra en la cárcel por robar una bicicleta ¿cuánta cárcel te toca por mentir para poner en marcha una guerra que ha costado cientos de miles de vidas? Entre ellas, las de 11 soldados y dos periodistas españoles, Couso y Anguita Parrado.

Trillo y Esperanza Aguirre dicen que no estuvimos en la guerra. Fue en Las Azores donde Blair, Bush y Aznar lanzaron un últimatum mentiroso a Sadam Hussein: entrega las armas de destrucción masiva o invadimos Irak. Sabían que no había armas. Era una excusa de muerte. Llevaban preparando la guerra desde hacía meses. Es lo que ha demostrado el informe Chilcot. Ese que dice Rajoy que no ha leído no vaya a ser que se acuerde que era Ministro de ese gobierno de Aznar y uno de los que votó a favor de la invasión de Irak en el Parlamento Español en un voto secreto. Luego irían a rezar el domingo. Quizá por eso les perdonaron tantos desmanes en estas elecciones. Se habla poco de los medios, pero fueron los que construyeron esa mentira.

Después de la participación española en la guerra (sin el ultimatum no hubiera habido invasión, y sin el apoyo español, solo con Blair y Bush y con el resto de Europa en contra no hubiera tenido lugar la guerra) sufrimos el atentado de Atocha. Si España no participó en la invasión de Irak ¿por qué mintieron Aznar, Rajoy y Acebes diciendo que los autores del atentando habían sido de ETA? Matar sale más barato que robar bicicletas.

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Una fuerza política para llevar a España al futuro (entrevista en El País)

Hay una España que se está marchando aunque aún quiera resistir con maneras tragicómicas. Esa España del Toro de Tordesillas y su barbarie que cita a la tradición como fuente de validez moral; la de Francisco Granados insultando desde la cárcel a la comisión de investigación que le acusa de ser un ladrón con pretensiones de impunidad; la de Rita Barberá refugiada en ese cementerio de elefantes que es el Senado entre calores, caspa y retrechería. Como los ocho millones de votos que ha perdido el PP y el PSOE desde 2008, año que empezó esta crisis/estafa. Y hay otra España que está emergiendo. Que ya tiene cinco millones de votos. Y que tiene que encontrar su propia voz fuera del teatro electoral. Que no busque simplemente representar a España, sino que la ayude a llevarla hacia su futuro.

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http://politica.elpais.com/politica/2016/07/01/actualidad/1467402299_031801.html

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Entrevista postelectoral en Mañanas Cuatro

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Entrevista postelectoral en Mañanas Cuatro. Algunos no quieren dar a Unidos Podemos el tiempo que tuvo el PSOE o el PP en su día. Pero 71 diputados son un ejército al servicio de unas políticas diferentes. Los estudios postelectorales van a demostrar que la España emergente va a gobernar en dos o tres años. Ahora es duro asumir que hay una España que no castiga todo lo que ha robado el PP: es la gente que arrastra mucha cultura del pasado y que mide las cosas con anteojeras. Pero la gente más joven, con estudios, formada, ya ha traído un nuevo país. Ahora empieza otra etapa.

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