Pacto del Prado: nada nuevo bajo el sol

john snow

Compromís hace una oferta de última hora al PSOE para que quede claro que se está haciendo lo imposible en aras de alcanzar un gobierno de izquierda “a la valenciana”. 30 propuestas de mínimos y un gobierno de izquierda. Es una propuesta tomada in extremis, a la que le ha faltado un poco de discusión interna. Pero como se juega contra reloj, le piden a Baldoví que le presente esa posibilidad al Rey en su visita. Dicho y hecho. Y como ya casi no hay noticias, suenan las trompetas. Los partidos salen en tromba a contestar, no vaya a ser que este último movimiento les coloque en un lugar ingrato de cara a las presumibles elecciones.

Podemos acepta el reto y se pronuncia sin mucho problema: están de acuerdo en un programa de mínimos que se cumpla y sirva para formar gobierno. Parece que la cosa es más complicada de lo que es. Pero no. Por eso, Podemos insiste en que está a favor de un gobierno a la valenciana. En la línea de lo que viene manteniendo.

Pero el PSOE de Sánchez no tiene mucha libertad. Insiste en que sólo acepta mantener su acuerdo con Ciudadanos y oferta de nuevo una variante de “gran coalición”, esto es, un gobierno presidido por Sánchez integrado por tecnócratas y donde no esté Podemos. Con una moción de confianza a fin de plazo. Vamos, en el fondo igual que lo de Monti en Italia o lo de Papademos en Grecia. Goldman Sachs gobernando donde los partidos desaparezcan. Pedro Sánchez, desesperado porque nota la guadaña de su partido en su garganta, intenta salvarse como sea y se aferra a lo que pueda. Si hay nuevas elecciones, a ver cómo explica a sus votantes que se haya echado en brazos de Ciudadanos. Y un mal resultado, como parece que va a ser el caso, implicará su salida de la Secretaría General después de las elecciones. De perdidos al río, piensa Sánchez, y por eso insiste en mantener el acuerdo con Rivera. Nada nuevo, salvo el envoltorio de que los partidos desaparezcan y sean sustituidos por tecnócratas. Una vuelta de tuerca más en la decadencia de la democracia.

Si nos fijamos, todo sigue en donde estaba. Compromís queriendo no ir a las elecciones (que salen caras y pueden generar terremotos en el gobierno en Valencia). El “PSOE de Sánchez” buscando a la desesperada un gobierno que no sea vetado por “el PSOE no de Sánchez”, que es mayoría en el partido. Y por eso lee como le da la gana la propuesta de Compromís y la convierte en algo bien diferente. En vez de un gobierno de la izquierda, un gobierno de gran coalición con tecnócratas que contente a los que no quieren que nada cambie. Podemos insiste en decirle a Sánchez que haga un gobierno con la izquierda. Y Ciudadanos, queriendo limpiarse la “mancha” de haber pactado con el PSOE y que le quitará votos en caso de nuevas elecciones, pretende hacerse el digno diciendo que no está de acuerdo. Además, así nos distraemos de las informaciones que señalan al partido naranja como implicado en financiación ilegal o tocado por los papeles de Panamá.

En fin, se trata de un pequeño enredo de última hora que no sirve para gran cosa, salvo para distraernos. El PP sigue callado. Las torpezas del PSOE le vienen bien. Sigue abierta la posibilidad de que alguien tire de las orejas a los partidos del 78 (y a su nueva muleta naranja) y la gran coalición se sustancie. No es fácil, porque pasaría por la decapitación de Rajoy, y Rajoy no es solamente él, sino su grupo, enfrentado a muerte con el sector de los Sorayos. Estas cosas dejan su impronta. El plan de una gran coalición existe, pero no siempre es fácil convertir los planes en algo real. Todo parece apuntar a nuevas elecciones. Pero hasta el último minuto, cada quien va a pretender ejecutar su plan. Y los de los poderosos no se deben ignorar, pese a que parezcan difíciles. Tampoco los de los pequeños, aunque tenga contornos improvisados, como la propuesta de Compromís (que insiste en que un referéndum en Cataluña no es relevante, para que el PSOE pudiera escenificar el juego).

Comienza la nueva temporada de Juego de Tronos. Sabemos que muchos morirán y que alguno intentará resucitar. La legislatura de Rajoy deja una “boda roja” donde han caído personajes principales. Incluido Aznar, Rato y vaya usted a saber si no también Soraya Sáenz de Santamaría (caso Acuamed) o el propio Rajoy (arropado con una hilera interminable que va de Bárcenas a Rita Barberá). Pero todo son conjeturas. Que la realidad tiene más trampas que las películas. Y, sobre todo, el guión lo podemos escribir nosotros.

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Respuesta a Dani Mateo

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Saludos Dani. Gracias por escribir. Hoy andaba enfadado viendo algunas declaraciones desafortunadas de políticos y académicos, justo el día en que otros veían caer el desmesurado peso de la ley sobre sus espaldas. Y me encuentro con tu comentario. Y me ha parecido conveniente decírtelo.

Ayer seguramente no viste a la familia que estaba rota cuando Antonio Bódalo entraba en la cárcel. No por saquear un banco, amañar un contrato, recibir una comisión por privatizar un servicio público. Si la hubieras visto no le hubieras llamado “analfabeto” –no pudo estudiar en esa Andalucía que aún pasa hambre- ni a un compañero que decide hacer una huelga de hambre tampoco le hubieras agredido llamándole “gordo” (precisamente por estar obeso es más peligrosa esa huelga de hambre que, espero, no haga). Entra en la cárcel por defender a otros. El juez ha dicho que hubo agresiones. Me extraña porque he visto a Bódalo frenar conatos de violencia en situaciones complicadas (tan fáciles cuando la gente está desesperada). Los compañeros del Sindicato de Trabajadores del Campo dicen que tienen vídeos donde se demuestra que no es cierto que participara en ninguna agresión pero, afirman, no se les permitió presentar esas pruebas. Tampoco es raro que en este país la justicia meta la pata. Ahí está el juez que encarceló a los titiriteros. Pero tenemos que acatar las leyes y debemos confiar en el estado de derecho. Como la sentencia es firme, toca asumirla y estamos pidiendo un indulto. En el país donde se indulta a banqueros ladrones y a conductores suicidas si tienen negocios con el poder. Bódalo ha sido condenado a tres años. ¡A tres años! por una agresión sin secuelas. Se suicidan seis personas cada día en España. En Luces de Bohemia, Valle Inclán se ríe de todo el mundo. Salvo de un preso al que la policía ejecuta por la espalda. Tampoco de una madre con un niño muerto en brazos. Y mucho menos de una prostituta niña que huele a nardos. No todo es gracioso. Sé que te has disculpado y eso te honra. Y sé que ni por asomo compartes las palabras que leíste representando un personaje en El Intermedio. Pero no pasa nada porque asumas toda la responsabilidad, incluido lo de hacer nacer a Miguel Hernández en Andalucía y no en Orihuela justo cuando estás diciendo que Bódalo es un ignorante y un cazurro al lado del poeta. De la misma manera que tampoco pasa nada porque me escribas sobre el asunto de Bodalo y no tengas la necesidad de terminar atacándome con mi desencuentro con Rivera (dando por ciertas cosas que, ya veremos en qué queda, nunca dije). Si uno se disculpa, se disculpa y punto. No hace falta intentar escaparse por ningún lado. Es más elegante.

Vuestro programa es de humor –de lo mejor de la programación de nuestro país- y me parece genial que os riais de todo lo risible, especialmente de todos los que pasamos de una manera u otra por la política. Somos patéticos y no merecemos mucho respeto. Los compañeros del SAT, que están luchando contra el atraso de Andalucía merecen, por el contrario, todo nuestro respeto. Reírse de Bódalo y de su compañero el día que entra en la cárcel y llamarles analfabetos, ignorantes y gordos no corresponde a El intermedio. Es propio de otros lugares. Y estoy convencido de que estamos totalmente de acuerdo. Y porque lo sé, te escribo con cariño y confianza. Seguiré disfrutando de vuestro programa y de tu sección. Y sé que de esta pequeña disputa todos salimos un poco mejores de como entramos. En mi caso te lo aseguro. Un abrazo y nos vemos.

PD. Dani contesta al videoblog que hoy he dedicado a algunas ligerezas verbales de nuestra democracia. Aquí lo dejo de nuevo: http://especiales.publico.es/publico-tv/videoblog-de-monedero/558531/juan-carlos-monedero-academicos-pescados-sindicalistas-encarcelados

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Entrevista con Ana Rosa Quintana: Rivera, el gran titiritero

Esta mañana comentaba con Ana Rosa Quintana y otros periodistas (Esther Palomeras, Montse Muñoz, Jorge Bustos y José María Olmo) el escenario creado tras el encuentro entre Sánchez e Iglesias. Nadie ha sabido desdecirme -tampoco Carme Chacón- que no existen precedentes de la generosidad con la que ha actuado Pablo Iglesias tanto proponiendo cesiones en términos programáticos -para mi gusto excesivos- como retirándose de un futuro gobierno para no molestar a la guardia eterna del PSOE. Pero da un poco lo mismo, porque Ciudadanos, con la arrogancia que suelen tener los partidos bisagra, ha gritado que “ni por activa ni por pasiva” apoyará un gobierno de cambio. Albert Rivera, el gran titiritero de la política española, el que ayer decía que lo daba todo por España, hoy parece que rebaja su pasión patria si no está en el gobierno. Patriotas de pacotilla. Sánchez sigue soplando y sorbiendo al tiempo, ahora con una escena de sofá anterior y un paseíllo posterior que hace todo un poco menos creíble (teatralizaciones de las que Podemos tiene que alejarse para no perder credibilidad). Por supuesto, y como no podía ser de otra manera, mientras, Rajoy desaparecido. Parece una serie española de las de antes.

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Sería importante, igualmente, que el PSOE en Cataluña recuperara sus posiciones de hace apenas dos años en vez de abrazar los argumentos del PP o de Ciudadanos.

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Aquí os dejo la entrevista completa: Captura de pantalla 2016-03-31 a las 2.09.34 p.m.

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Dice Sánchez que adora el baloncesto

iglesias sanchez

No recuerdo en la historia de la democracia española -y me esfuerzo pero no me salen tampoco nombres en ningún otro sitio- a ningún Secretario General que, en aras de formar un gobierno de coalición, decida ponerse de lado y evitar así que el veto a su persona se convierta en la excusa para no llegar a un acuerdo. Ha sido demasiado fácil durante estos meses poner en el mismo saco a todos los partidos políticos, demasiado sencillo poner en marcha un pimpampum protagonizado por tertulianos y columnistas donde todos los líderes han sido inmolados -a la par- en el único esfuerzo de alcanzar el adjetivo más mordaz que ennoblezca al escribiente. Y en esa borrachera de imputaciones han surgido exégetas cervantinos que no han dudado en presentar a Pablo Iglesias como un Sancho cegado por un poder enano, aferrado, como periodista a sus fuentes de cama, a la ínsula barataria de sus únicos deseos. Podemos, se insistía, estaba al borde de la ruptura, la crisis tenía magnitudes inconmensurables y sólo existía un culpable. Un relato de héroes y canallas con el fin de ayudar a que nada cambiara y aumentaran las sospechas sobre el comportamiento del Secretario General de Podemos. Migajas alimentando el gobierno Ciudadanos-PSOE.

Hoy Pablo Iglesias ha vuelto a recordar por qué es el líder de un partido que en dos años ha conseguido el apoyo de cinco millones de españoles y españolas: si el problema para el PSOE -ese que sigue teniendo a Felipe González de referencia- soy yo, me quedo fuera del Gobierno. Y una vez más, el cuarto poder, cada vez más homogéneo, queda como las pilas de un todo a cien gastadas de antemano. Suele pasar cuando los deseos priman sobre los análisis.

El PSOE, donde aún se calientan con los rescoldos de Rubalcaba, cometió el error de cerrarle todas las puertas a Pedro Sánchez: nada con Rajoy, nada con Podemos, nada con los nacionalistas. Vamos, que el único amor posible era con Albert Rivera. Una suerte de gran coalición enmascarada con, además, mala conciencia. Como los números electorales no han dado, Sánchez, condenado en cualquier escenario que no sea gobernar, anda dando tumbos como borracho de amanecida buscando la llave perdida en Ferraz debajo de las farolas de Ciudadanos. Porque ahí, le han dicho los barones y la baronesa, es el único sitio donde hay luz. Y por eso no termina de encontrarlas.

Podemos ha sido la única fuerza que ha hablado con claridad desde el principio. Ha cedido en cosas en estas semanas, pero ha mantenido la certeza de su propuesta: un gobierno que salga de Rajoy y también de las políticas de Rajoy. Un Gobierno que, por tanto, no puede ser compartido con Ciudadanos. El PSOE, asediado por sus problemas internos y la falta de lealtad que se tienen sus mandatarios, no ha dejado de buscar excusas. La que creían insuperable para justificar la pequeña gran coalición o nuevas elecciones era pedir a Pablo Iglesias que se retirara. Rivera y Sánchez coinciden en poner vetos a las personas. Ellos sabrán de donde les viene esa actitud. Y Podemos, en boca directamente de su Secretario General, contesta: si el problema es Iglesias, Iglesias renuncia a estar en ese Gobierno. ¿Y ahora?

Los militantes de Podemos seguramente no comparten esa cesión. ¿Alguien imagina a Ciudadanos, al PP, al PSOE proponiendo un acto de generosidad de ese calibre? Muchos inscritos de Podemos deben de estar pensando en este momento que al PSOE, copartícipe del mal gobierno que tenemos, se le están entregando cesiones excesivas. Todo por una razón exclusiva: que el PSOE no diga que no se ha hecho todo lo posible para que haya un Gobierno de cambio y evitar que haya nuevas elecciones.

Pero me temo que el PSOE no es dueño de sus actos. Escucha a sus eternos fantasmas -ayer Fernández Vara dijo que las nuevas generaciones no saben hacer bien las cosas, lo que implica de alguna forma que es necesario que regrese la vieja guardia-, escucha a la troika y al Banco Central Europeo -ese que manda memorándum para cambiar la Constitución-, escucha al SPD alemán que está sosteniendo a Merkel, escucha a los grandes empresarios enriquecidos por la dictadura financiera, por las privatizaciones y las desrregulaciones. Y esos fantasmas le gritan al oído: nada con Podemos, no vaya a ser que levanten las alfombras, revisen los contratos públicos, pidan cuentas a los bancos, suban los impuestos a los ricos. Y por eso, acostumbrados a medir el mundo con las frases de El Padrino, le dijeron: hazle una propuesta a Podemos que no pueda aceptar. Pídele que Iglesias no entre en el Gobierno. Y Pablo Iglesias que, como todo el mundo en Podemos, no está en política por las razones a las que nos han acostumbrado los políticos al uso, dice que no le dictan el comportamiento los cargos, los sillones, los puestos. ¿Alguien se tragará las palabras arrojadas estos meses y acariciará alguna disculpa?

La pelota vuelve a estar en el tejado del PSOE y, de alguna manera, de Ciudadanos. Pero que nadie se haga muchas ilusiones. Ciudadanos lo ha repetido hasta la saciedad: no va a entrar en un Gobierno si hay ministros de Podemos en La Moncloa. ¿Va a abstenerse para permitir un Gobierno que termine la ominosa etapa de Rajoy? Veremos, pero Rivera no tiene tanta libertad como para tomar esas decisiones. El PSOE, casi con certeza, volverá a decepcionar la voluntad de los 11 millones de españoles que quieren un gobierno de cambio. En la rueda de prensa de Sánchez ya han empezado las discrepancias con Podemos. Sánchez dice que Iglesias le ha dicho que sí a todo. Y se equivoca profundamente. Iglesias se retira solo para que sea posible un Gobierno de cambio. No para que cambien las caras pero sigan las mismas políticas. ¿Apostamos a que las exigencias del PSOE apenas acaban de empezar? Si el PSOE vuelve a enredar con mentiras y dilaciones, alguien tendrá que dar un zapatazo en la mesa donde, hasta hoy, solo se han firmado mentiras. Y si alguien dice que Podemos no ha hecho enormes sacrificios para conseguir ese gobierno de cambio, mentirá como un bellaco. No es verdad que a todos los altos les guste el baloncesto.

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Trampa para ratones y encuestas con queso

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Lo peor, siendo muy malo, no es que el gato se coma al ratón. Es un final escrito, sobre todo cuando la desesperación hace perder los nervios. Aun peor es que el ratón se resigne. Porque el gato no solamente se relamerá con la merienda, sino que tendrá la seguridad de que los ratones seguirán, día tras día, generación tras generación, siendo su plato. Por eso, la principal urgencia de los gatos es que los ratones no piensen, no se quejen, no planten cara, no digan que no a ningún gato. Los gatos, que saben que quien cree a un mentiroso no es antepasado de nadie, cuando el engaño arrecia se atusan, se asean con caros perfumes y entonan discursos muy envarados repitiendo que todo lo hacen por el bien de los ratones, que lo que les interesa es, por encima de todo, el bienestar de los ratones, y que hay escuchar, más allá de intereses partidistas, cuáles son los deseos de los ratones. Para seguir comiendo ratones.

Con este repetido cuento   ¿alguien se extraña de que los gatos estén todos de acuerdo en criticar en un mismo maullido a Podemos? ¿Quién duda que no duden en buscar con urgencia su desaparición, que intenten inventar divisiones una vez que han fracasado a la hora de captar para sus filas a los ratones que creen más ambiciosos? Nunca desde que murió el Gran Generalísimo de los Gatos estuvieron tan procupados los felinos. Por vez primera los ratones tienen la posibilidad de atrapar en la gatera a sus feroces enemigos. Los zarpazos sin tasa de los gatos son palos de ciego de animales acorralados. El queso, falsas promesas para sentarnos todos en la misma mesa insistiendo en que ya no hay víctimas y verdugos.

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Quien piense que las grandes empresas, las constructoras, los bancos rescatados, la servidumbre en nómina de los viejos y los nuevos partidos, la Casa Real, la Troika, las empresas de medios de comunicación, los que acogotaron a Grecia, los que intentaron que no hubiera un gobierno de izquierda en Portugal, los que insultan diariamente a Corbyn en Inglaterra, los que aplauden las medidas que los socialistas franceses están aprobando y que no se atrevería a proponer ni siquiera Sarkozy, los que subcontratan al gobierno turco para que le parta las piernas a los refugiados que considere, todos los que cada vez tienen más mientras los más cada vez tienen menos,  en fin, todos los privilegiados del actual estado de la cuestión en Europa, andan profundamente preocupados con la posibilidad de que Podemos entre en el gobierno de España. Trabajan aún con la posibilidad de que Rajoy, en mitad del duelo de la Semana Santa, dimita por el bien de España, permitiendo una abstención a la que el PSOE no haría ascos. Es decir, que Rajoy cargue con las culpas de la corrupción del PP y ofrezcan su sacrificio y permitir el gobierno PSOE-Ciudadanos como prueba del propósito de enmienda de un partido encenagado por la corrupción: de ahí su negativa a renunciar. En el PP saben todos qué hacen en política. Por eso, sacrificios, los justos.

El encallamiento de la investidura de Sánchez ha puesto a correr el contador. El “sistema” no quiere elecciones. Es probable que de unos nuevos comicios pudiera salir un gobierno presidido por Podemos o bien un gobierno del PP con Ciudadanos. Ambos escenarios preocupantes para los que llevan digamos 40 años mandando. En el caso de una victoria de Podemos, evidente. En el segundo caso, con Podemos como primer partido de la oposición, igualmente intolerable para los responsables de la corrupción y los recortes. Se les rompería el mentiroso juego bipartidista. El recambio en un par de años del fracaso de ese gobierno sería Pablo Iglesias, con la obligación de levantar las alfombras e impulsar en Europa un cambio de política.

De ahí la intensidad de los ataques de esta semana, con un objetivo: quebrar la moral de Podemos. En nuestro país, con más de cuatro décadas de ejercicio democrático perdidas por la dictadura, las divisiones no se leen como algo normal en cualquier grupo humano ni como señal de vitalidad de las ideas, sino como fragmento y herejía. Por eso desde el PSOE -y sus voceros- se ha dado una vuelta más de tuerca planteando que hay bandos enfrentados en Podemos. Las dimisiones en Madrid -gestionados de una manera poco generosa por los dimisionarios, a los que no se les puede achacar ingenuidad- iban a ser a todas luces usadas por los enemigos del cambio para hacer ruido precisamente el día que Sánchez invitaba al PP a sentarse en la mesa de negociación de la investidura. (Creo profundamente en la crítica, pero se me escapa el momento elegido).

Podemos es un edificio asentándose al que necesariamente le van a crujir las vigas. El debate es ya parte de su ADN. ¿Se discute en una comunidad de vecinos y no se va a discutir en un partido político? Está bien incluso la torpeza de los que no son profesionales, y que no haya jugadas muy elaboradas en sus decisiones. Pero no caben ingenuidades cuando se está disputando un cambio de rumbo en Europa. Es una exigencia que nadie entre en el juego de reclamarse de ninguna sensibilidad personalista que no sea la de sacar a nuestro pueblo de sus muchos problemas. Quien le ponga apellidos a su trabajo en Podemos, brindando enganche a los enemigos del cambio,  ocultando esta voluntad compartida que nos hizo nacer, está colocándose fuera de lo que quisimos construir con la fundación de Podemos. La existencia de supuestas familias en la formación morada es un invento de sus enemigos, intentando trasladar a la nueva política maneras de la vieja política. Eso no es Podemos.

El PSOE se enreda en su abrazo con la derecha, a lo que se añade el brote constante de nuevos casos de corrupción -ahora Galicia-. El PP es, al decir de los jueces, una asociación para delinquir y no va a haber cárcel ni pan para tanto chorizo. Ciudadanos es el más elaborado invento del poder económico para salvar a la derecha. Si el PP sobrevive, lo tendrán en la nevera. Si el PP se hunde, pondrán ahí todas las energías. Rivera es el perfecto vendedor de preferentes. Viene de ganar concursos de retórica. Entrenado en intuir la música que pega en cada momento, toca la flauta que corresponda.  ¿Que la gente quiere ahora oír de pactos? Pues a hablar de pactos. Tienen razón los que dicen: “cuidado que es un bicho”. Algunos no queremos gente con pocos principios -pero muy flexibles- decida el futuro de España. Rivera es el queso de la resignación en el callejón sin salida que quieren dibujarnos. De ahí las encuestas que dicen: Podemos se hunde, Ciudadanos crece. Encuestas que no pueden incomodar a quienes las pagan. ¿Por qué no se presenta el grupo PRISA a las elecciones?

Es el momento de la gente. El 15M, el enfado con el bipartidismo, la rabia contra la corrupción, la oposición a los recortes, la defensa de lo público marcaron las elecciones del 20D. No perdamos esa indignación por culpa de unos medios de comunicación que no están al servicio de la democracia sino de los grupos económicos que los sostienen. No se trata solamente de que Podemos aguante los embates y los cantos de sirena y no traicione lo que vino a hacer (recuperar la democracia saliendo del bipartidismo). Se trata de que la gente no crea las falsas lecturas de lo que ocurre. La cúpula del PSOE lo ha dicho: con sondeos y la acusación de división interna debemos lograr que Podemos se abstenga. Por eso, pase lo que pase, donde de verdad está la pelota es en el tejado de la gente. Si el sistema la cansa, habrán vuelto a ganar. Si el pueblo se mantiene firme, las manipulaciones rebotarán. Señal de una democracia que va creciendo.

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Tácticas de guerra sucia para una investidura sin pueblo

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Las mentiras de los medios significan algo. Por ejemplo, que no las tienen todas consigo para justificar la Gran Coalición. Se esfuerzan. Convencerán a algunos. Otros, nos indignamos cada vez más.

Algunos llevamos al menos cuatro meses planteando que el sistema tiene un plan. Esto no significa que le salgan las cuentas -nunca se puede planificar todo- pero que lo van a intentar es seguro. Y en ello están. El plan, cuyo objetivo es una gran coalición entre el PSOE y el PP más las muletas que se presten, pasaba, en primer lugar, por presentar un empeoramiento de las condiciones políticas,sociales y económicas de España. Ese situación de “emergencia” justificaría, por el bien de España, que todos los partidos hicieran “lo que demanda la ciudadanía”, dejaran de lado “las ideologías partidistas” y antepusieran a España por encima de cualquier interés personal.

El primer paso era un gobierno independentista en Cataluña. He de reconocer que cuando las CUP votaron en contra de Artur Mas pensé que este país había dado un salto de gigante y se le paraban los pies a los poderosos a la primera de cambio. La alegría duró poco, y finalmente los independentistas de izquierda terminaron dando su apoyo a los independentistas de derechas, concluyendo que cuando lo nacional entra en el campo gravitatorio de las ideologías pesa más que la lucha de clases. Ya había un gobierno que iba “a romper España” y la primera parte del chantaje político estaba servida. La segunda tenía que venir por un empeoramiento económico, algo fácil de construir. No olvidemos que gente como Luis de Guindos viene de ser uno de los máximos responsables de Lehman Brothers en Europa. Una llamada tuya bastará para condenarme. La otra cara es el miedo: si hay un cambio de políticas, todo irá a peor. La famosa retórica de la reacción que invita a dejar las cosas en su sitio.

El gobierno de gran coalición tenía dos problemas más. Uno muy personal: las suertes particulares de actores individuales con mucho poder. Ahí estaban Mas, Rajoy y Sánchez. Por eso vengo hablando de la película de Aldrich 12 del patíbulo, soldados condenados a la pena máxima que no dudan en ejecutar una misión suicida a cambio del indulto porque ya están muertos. Mas ya ha caído y es indudable que los otros miran asustados su rodante cabeza. Es la parte abierta de este juego: qué harán imprevisibles actores que pugnan por su vida. Rajoy intentó forzar elecciones usando al rey negándose a intentar formar gobierno. En elecciones anticipadas el PP no tenía otra que mantenerle de candidato. Ya han saltado las voces dentro del PP diciendo que Rajoy tiene que dimitir. De cajón: Rajoy dimite, carga con todas las culpas de la corrupción -no en vano él nombró a Bárcenas-, el PP se abstiene en un gobierno PSOE-Ciudadanos y lo ofrece a la ciudadanía como un sacrificio por España y catarsis por sus muchos errores. Legislatura corta -por alguna reforma constitucional- y en dos años regresan como si aquí no hubiera pasado nada. Pero Rajoy se niega porque pasaría a la historia como el peor Presidente de la democracia. Y quedaría marcado por la corrupción, cuando Aznar fue mucho más responsable que él de tan feo asunto.

Sánchez se puso en marcha con los palos en las ruedas que le ponían los barones. Les sorteó con un falso referéndum en las bases -donde la pregunta no se sabe qué preguntaba-, pero sus consejeros le dijeron tras esa victoria: no tientes la suerte, que el Comité Federal es el que tiene que aprobar lo que hagas. Y asumió lo que querían los barones: echarse en brazos de Ciudadanos. Queda por ver si Rivera no pedirá en un segundo momento a Sánchez el mismo sacrificio que le pide a Rajoy: que se vaya a su casa. Eso sí, todo por el bien de España. Es decir, de Ciudadanos y Rivera, la etiqueta blanca de la derecha de siempre. Todo este viaje para lavarle la cara a los responsables del deterioro democrático de nuestro país. Gracias a la estúpida colaboración del PSOE. Patétito. Vuelve Rubalcaba.

Quedaría frenar a Podemos. Que ha demostrado con claridad que al PSOE le habla de tú a tú y eso enferma a la aristrocracia del bipartidismo. La diferencia de votos apenas es de 300.000 sufragios. Y el poder de Cebrián no sirve para solventar esta “dificultad” democrática. Y eso que no han podido votar los emigrantes. Intentan resucitar la idea de la pinza (cuando el PP y el PSOE llevan 20 años votando juntos todo lo relevante, incluida la reforma del artículo 135 de la Constitución, no someter a referéndum la monarquía o el TTIP), al tiempo que hacen una pinza rosa y naranja a la que invitan incluso al PP. La pinza que se inventaron en los noventa para ocultar que Felipe González se negó a gobernar con Anguita y prefirió hacerlo con Pujol. Sí, con Pujol. Tanta caradura sólo es posible en un país que no tiene unos medios -prensa, radio y televisión- a la altura de una democracia del siglo XXI.

Lo que queda es sembrar la idea de fragmentación interna. Ya lo hacían en el franquismo con los presos. Procuraban sembrar la discordía con el único interés de quebrar su voluntad. Mentiras para enfrentar a los luchadores contra la dictadura. El problema es que estamos en democracia, aunque la estrategia sea la misma. Podemos va a estar siempre en crisis. Cuando deje de estarlo se habrá oxidado. Y algo de responsabilidad le corresponde a la ciudadanía: tiene que dejar de ver la discusión interna como una señal de debilidad política. Los partidos no son sectas con preceptos dictados por un dios que necesita intermediarios para que nadie cuestione sus mandatos. Aprendamos de los norteamericanos: se matan amigablemente en las primarias y al día siguiente las heridas se cierran porque forman parte de un mismo proyecto político. ¿Discusiones internas? ¡Pues claro! ¿Gente que se cansa? ¡Pues claro! ¡Si la política de partidos es infumable! El trabajo político, cuando es sincero, reclama un sacrificio espectacular. Y muchos desacuerdos. Tantos como ideas. A ver si discrepan las familias y no van a discrepar los partidos. Eso de exigir a la política que se comporten como creyentes de la religión única sólo sirve para infantilizar a la ciudadanía que “no quiere problemas”. Vamos a discutir porque, compartiendo la necesitad de salir del bipartidismo, de superar las politicas de la troika, de atender a las demandas ecologistas, feministas, pacifistas, de reinventar la política, tenemos urgencias diferentes y exigencias diferentes de participación, de colaboración con lo viejo, de confianza en las bases, de sensibilidad ecologista. Vamos a discutir todo y mucho. Lo que en ningún momento debemos hacer es repetir los comportamientos de lo viejo. Ahí es donde tenemos que ser exigentes y estar muy atentos. Si en las disputas internas nos equivocamos -por ejemplo, en la discusión territorial-, la herencia de lo viejo nos habrá contaminado. Y ahí existe la posibilidad de ser mucho más virtuosos de lo que lo hemos sido hasta ahora. Hay que repartir prioridades. El enredo parlamentario en el que nos mete el moribundo bipartidismo nos quita muchas energías para este reto pendiente.

Quedan dos meses de guerra sucia. Los líderes de Podemos se odian. Ya. Como en el PSOE y el PP. Eso quisieran. Siguen intentando medir lo nuevo con los patrones de lo viejo. Veo el comportamiento del sistema intentando inventar mentiras para que su plan cuaje y pienso: ¿porque no se traen otra vez a Billy El niño, aquel policía franquista especialista en luchar contra los demócratas? Así, al menos, le podrán echar la culpa a alguien de esa época.

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La cobardía del PSOE, responsabilidad exclusiva del PSOE

15M

El viejo PSOE, evidentemente por la arrogancia que daba la certeza del turnismo, tenía maneras de vieja gloria y no iba mendigando por las esquinas que le hablaran de usted ni exigía a los plebeyos que se quitaran el sombrero a su paso. El nuevo PSOE, dirigido por jóvenes que no han hecho otra cosa en su vida que vivir de ser burócratas de partido, pretenden haber heredado ese privilegio y gritan como monarcas destronados de casas reales centenarias ¡A mí se me respeta! ¡Tengo sangre real! ¡Soy la máxima autoridad de un partido de cien años! Pero en política, el respeto se lo gana uno, y no es un gran pedigrí ser un profundo miedo tembloroso y pretender solventarlo viniendo a decir que vas a renovar tu partido cuando durante los últimos veinte años no has hecho otra cosa que gestionar, urdir o aplaudir las políticas que junto con el PP han llevado a España al actual callejón sin salida.

El 15M no pidió permiso para decirle al turnismo que no nos representaba, de la misma manera que Podemos no pidió permiso para presentarse a las europeas, salir con bien del adelanto electoral andaluz, lidiar sin tener el partido consolidado con las elecciones municipales y autonónicas, ser honestos hasta la médula en las elecciones catalanas donde sólo servía alinearse en el choque de trenes y , finalmente. sacar 65 diputados en las elecciones generales sin pedir ni un euro a los bancos. Podemos nació porque hay millones de españoles hasta las narices de la podredumbre de la política española, de la Gürtel y la Púnica, de la cobertura a los Pujol y Convergencia, de los ERES y los cursos de formación, de la resignación ante los mandatos de unos mafiosos centroeuropeos, de las escandalosas cifras de paro, de nuestros jóvenes emigrados, de las pensiones de miseria, de los 13 millones en riesgo de pobreza y de la pérdida de soberanía de nuestro país, que volvemos a parecer una colonia que empieza en los Pirineos.

Algunos nos estamos cansando de este juego táctico donde nadie, salvo Podemos, ha puesto las cartas sobre la mesa desde el primer momento. Todos andan mareando las fichas en un juego macabro donde primero buscan salvarse personalmente, luego dejar en un lugar cómodo a su partido -porque lo viven como su refugio- y después, si queda algo, ya pensarán en España, que al fin y al cabo es un país recio con un solar firme y el que venga que arree. El PSOE, que ha obtenido el peor resultado de su historia, cree que va a lavar toda su miseria en este juego de la silla donde hablando con unos y con otros cree que va a engañar a los españoles intentando dejar fuera de juego a Podemos y, encima, echándole la culpa. Llevamos unas semanas de declaraciones tácticas en los medios, de requiebros y caídas de ojos, de estiramientos de la Constitución que han puesto en una difícil situación al monarca, de líneas rojas que se desvanecen, de declaraciones de amor donde ayer había devoluciones airadas del rosario de mi madre, de promesas de reforma constitucional donde ayer había camisas rasgadas sólo con pensarlo. Y la ciudadanía mirando y pensando ¿es que estos no van a ser capaces de dejar de marear la perdiz? Si la vieja política sigue con esta comedia de enredo, hay que decir basta.

Sánchez, uno de los doce del patíbulo, anda en su misión suicida no sabiendo si le tiene más miedo al PP, a Podemos o los matarifes de su partido. Dicen que ahora han puesto un poco de calma en la interna, como si los odios del PSOE no traspasaran fronteras y generaciones. Siguen odiando barones y baronesas a Sánchez, pero se han dado cuenta de que ejecutarlo en la plaza pública como venían haciendo es pegarse un tiro en el pie. Pero que quieren su cabeza, la quieren. Precisamente porque Sánchez sigue jugando a seis barajas y no es de fiar. Y en eso igual tienen razón. Y aún hay gente que dice ¡Qué bien está haciéndolo Sánchez que ha sacado un poker de seis ases! La vieja política cuando regresa en rostros renovados, más que farsa se convierte en comedia bufa representada en un vertedero. Y si este país vuelve a cansarse, mala cosa, porque detrás sólo viene decepción.

Sánchez, que tiene si no los días los meses contados si depende de su partido, sólo tiene una tabla de salvación: pactar un gobierno de cambio que le permita a Europa cambiar el rumbo. O correrá la suerte de Zapatero. Ya hemos visto que obligar a Grecia a seguir la senda de la austeridad sólo ha servido para que regrese a la recesión. ¿Quiere el PSOE consolidar el cambio del contrato social en Europa y seguir colaborando en el vaciamiento de nuestra democracia o está dispuesto a tener un poco de coraje? Porque desde Olof Palme no se recuerda un poco de valor en la socialdemocracia europea. ¿Prefiere Sánchez ser el hombre que inauguró en España la gran coalición entre el PSOE y la derecha antes que ser quien intente recuperar el socialismo de la socialdemocracia?

Pactar con Ciudadanos es cómodo para la parte asustada de Sánchez. Es lo que le piden los barones. Es la orden del Ibex 35. Le gusta al Rey y le gusta a Merkel y a Schäuble. Y también a la ciudadanía que ha votado Ciudadanos y PP. Lo ven como un mal menor que dejará las cosas prácticamente en donde están. Desgraciadamente significa para nuestro pueblo una condena: aguantad que aún viene lo más fuerte. Puede encontrar una coartada que oculte ese contorno de Gran Coalición en algún grupo minoritario (¿otra vez el nacionalismo como chantaje y no como identidad de un pueblo?) e incluso, como vienen anunciando, en Izquierda Unida (¿Izquierda Unida apoyando un gobierno del PSOE con Ciudadanos? Me gustaría que ese papelón lo hiciera otra persona que no fuera Alberto Garzón, pero es muy difícil meterse a opinar en la vida de pareja de los demás, sobre todo cuando el amor y el odio caminan por el mismo precipicio).

Es la hora de la gente. No basta decir: he votado, arreglaoslas vosotros. Si volvemos a desentendernos, volverán las oscuras golondrinas. Todo aquello contra lo que protestamos está uniéndose para lograr que nada cambie. Los partidos de la vieja política están llenos de taras y de cobardía. Y el poder, como estamos viendo en Valencia y en Madrid, no va a soportar que levantemos las alfombras. Hay que recordarles que queremos un gobierno de cambio. Que nos estamos jugando un par de décadas de retrocesos. Y que ese cambio solamente puede venir de la mano de un gobierno del PSOE, de Podemos y las confluencias y de Unidad Popular, comprometidos todos con un programa de transformación de nuestro país que cambie el rumbo que nos ha llevado a esta sima. Es hora de que asumamos los retos que se nos han hurtado en estos últimos decenios. Que solventemos las cuestiones territoriales para que dejen de distraernos, que opinemos qué relación queremos con Europa, que regeneremos la vida política y que hagamos saber qué tipo de derechos sociales exigimos. Quieren volver a darnos gato por liebre. Hacen su trabajo. Pero nos toca hacer el nuestro. Los pueblos merecen los gobiernos que tienen mucho más que tienen los gobiernos que merecen.

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Ni así te creo, Aguirre

aguirre

Dice Esperanza Aguirre que ha dimitido. Otra vez. Recuerda la historia del tipo aquel que después de llegar por enésima vez tarde al trabajo, con cara apenada le dice al jefe: “es que se ha muerto mi padre”, y cuando el jefe le pregunta sorprendido “¿otra vez?”, el tipo, sin inmutarse, contesta: “sí, otra vez”. Ahí está, con esa cara de pena. ¿Otra vez? Sí, otra vez.

Podría parecer que Aguirre ha dimitido porque la guardia civil ha registrado la sede del PP en Madrid, o porque sus principales colaboradores están en la cárcel o investigados. No solamente Granados o López Viejo, sino su actual Jefa de Gabinete o sus consejeros Lucía Figar y Salvador Victoria. Podría parecer que dimite porque la red Púnica la rodea o porque la red Gürtel tuvo su epicentro en Madrid, con gente de su estricta confianza. Podría parecer que dimite porque los empresarios por los que metía la mano en el fuego tienen las manos llenas de mierda y de gasolina (y estoy pensando, por hacer solo un pensar, en Arturo Fernández, el de la contrata de los gin tonic del Congreso de los Diputados y los pagos en B a sus trabajadores, o en Díaz Ferrán, cuyos vuelos llegan con retraso hasta los viajes del INSERSO). Podría parecer que su dimisión va de la mano de los oscuros presagios que llenan de nubes de tormenta a su amiga Rita Barberá, aunque el PP la ha blindado colocándola en la Mesa del Senado, garantizádole impunidad aunque hayan nuevas elecciones. Podría parecer que su dimisión tiene que ver con la creciente ola de indignación social o con las voces críticas que nacen de su partido y esa teatral representación de túnicas rasgadas.

Pero ni así podemos creer a Esperanza Aguirre. No es cosa de los cachorros del PP. Ella sabe que esos jóvenes tienen responsabilidades precisamente por su capacidad de decir lo que les manden (¿No salió Pablo Casado hace unos días a decir que Rita Barberá no tendría ningún cargo en el Senado?). Aguirre lleva demasiado tiempo en los enredos de la política. Es un claro exponente de la Transición. No me extraña que la echen tanto de menos. Pero los tiempos cambian. Por eso, dice ahor, presentando una dimisión en diferido, que tiene alguna responsabilidad política porque su mano derecha, Francisco Granados habría obrado de mala manera. Evidente. Pero evidente no desde hace algunos meses, sino desde algunos años -Granados entró en la cárcel en octubre de 2014-.  Lo mismito que en Valencia. Entonces ¿qué ha pasado ahora?

aguirre y sus amigos

Es verdad que David Marjaliza, el único “arrepentido”, sigue hablando y salen a la luz en estos días pagos de constructores al PP madrileño. Pero esto no es nuevo. Me temo que es un modo de obrar generalizado en ese partido en no pocos lugares (basta que ustedes se hagan una pregunta: ¿ha protagonizado el PP en su pueblo o ciudad muchos eventos, fiestas y encuentros? Pues investiguen por ahí y casi seguro que hay sorpresa). Un modo de obrar recurrente, eso sí, con la impunidad que da el bipartidismo. Con muchos menos líderes vinculados a comportamientos ilegales se declaró fuera de la ley a Batasuna. La novedad es que hay negociaciones para un nuevo gobierno donde el PP va a estar a todas luces fuera de la Moncloa -aunque apoyando- y todo el partido se está reorganizando a ver cómo se coloca cada uno.

El Ibex 35, la Troika, Ángela Merkel y la Zarzuela ya han decidido: quieren un Gobierno del PSOE con Ciudadanos y la abstención del PP. No toleran un gobierno donde esté Podemos, no vaya a ser que levante las alfombras y aparezcan trazas de basura que lleguen hasta la carretera del Pardo. Algunos empresarios amigos de sus amigos ya están en los papeles. Y cuando el cerco se estrecha, hay que dinamitar las paredes. Para ello necesitan tres cabezas dead or alive: la de Rivera, que ya la tienen porque ese muchacho ha demostrado que puede desnudarse o vestirse de cirujano si se lo escriben en el guión; la cabeza de Sánchez, amenazada de colgar de una pica si desobedece, y la cabeza de Rajoy, en este caso haga lo que haga. Que entierros sin muertos no funcionan. No es casual que estallen ahora mismo todos estos casos de corrupción. Son, con mucha probabilidad, fruto de vendettas internas.

Esperanza Aguirre se está colocando ante el terremoto que viene. Dimite de sus cargos en el partido pero mantiene su acta de concejal. Aguirre miente por definición. Cuando los que quieren sustituir a Rajoy den el golpe definitivo, Aguirre estará fuera de un partido podrido y le colgará toda la responsabilidad al muerto. Ella se presentará poco menos que como una antisistema. Aguirre le ha contado a los españoles que ella es una liberal, aunque lleve decenas de años cobrando del Estado. Ahora nos va a contar que ella ya lo dijo antes, y que obró en consecuencia. Mama Gürtel, la marquesa de la corrupción, situándose para rescatar a la derecha española de la podredumbre. Si hubiera un mínimo de decencia en sus palabras, dimitiría de todos los cargos y contaría al juez lo que sabe. Si te engañan una vez, la culpa es del mentiroso. Si te engañan dos veces, la culpa es de tu ingenuidad. Si te engañan tres veces debieras aplicarte aquello de Michael S. Gazaniga: “No sale a cuenta escuchar a manipuladores. Los que lo hicieron no son antepasados de nadie”.

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Ahora, a lo de siempre (o las risas de Miguel Ángel Aguilar)

sánchez y felipe

De la rueda de prensa de Pedro Sánchez me ha llamado la atención algo que, con toda seguridad, ha pasado desapercibido. Atento todo el mundo a lo “sustancial” -lo que da espesura al caldo-, no le hemos dado relevancia a lo que realmente nos estamos jugando: la suerte de lo nuevo contra lo viejo.

Escuchando atento las explicaciones de Sánchez, llegado el turno de preguntas me sentí estremecido por la risa del veterano periodistas de El país, Miguel Ángel Aguilar, que pelea ahora -nunca mejor dicho- por sacar adelante un medio que cuente lo que, al parecer, no le ha permitido contar El país en los últimos decenios. Le deseo, sin una pizca de ironía, toda la suerte porque es una exigencia urgente más prensa y más libre. También de prejuicios. Pero eso lo lograremos cuando haya muchos más medios y la impunidad sea una imposibilidad principalmente porque la hagan inviable los lectores.

Digo que me ha estremecido porque todo discurría por cauces de normalidad, dentro de la excepcionalidad que abrió el Rey al interpretar de manera torticera del artículo 99.1 con la única intención de darle oxígeno a Rajoy. Sánchez acepta el mandato de formar gobierno y explica sus razones. Intenta ganar tiempo -pide un mes de plazo- y dice que va a mirar a la derecha, a la izquierda, a los lados y al frente. Porque mirar hacia atrás siempre se supone. Sánchez puede hacer historia o repetir el error de Zapatero. Ya veremos.

Y en esas, Aguilar, con esa socarronería que da la hora ya avanzada, pregunta displicente por la propuesta de Iglesias de discutir la formación del Gobierno delante de la ciudadanía. Se recrea en los matices, mece la cuestión con vapores irónicos, y hace chistes de barra de bar, recordando que los convenios colectivos e, incluso las relaciones amorosas, reclaman una zona de penumbra para que sindicalistas y enamorados culminen los respectivos actos. Y logra la risa de Pedro Sánchez y de parte de los presentes. Qué divertido. Hay que ver estos cretinos de Podemos las cosas que piden. Autoritarios además, que quieren resucitar el panóptico de Bentham, que para eso son politólogos y se saben todos los trucos. ¿Otra vez el mismo desprecio desde filas similares? La falta de respeto de una vieja guardia tertuliana parece que quiere convertirse en la norma.

Muchos años de periodismo le han permitido a Aguilar ver desde la tribuna de prensa del Congreso de los diputados y saber que allí, con luz y taquígrafos, discutir discutir se discute poco. Colocar a Podemos en el “gallinero” va de lo mismo: lo que no se ve, hacemos como que no existe. Sol Gallego -damnificada por los ERE de El país cuando Aguilar aún no encontraba discrepancias entre la línea editoral de su periódico y sus propias opiniones- escribió con Bonifacio de la Cuadra un libro sobre las negociaciones secretas de la Constitución. Abril Martorell y Guerra cerraron cosas nimias, como la educación concertada -contrabandeada a cambio del divorcio y el voto a los 18 años- en el reservado de un restaurante madrileño. Como siempre hemos hecho aquí las cosas. Mire, joven, no se signifique. Y los experimentos con gaseosa. Y más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. Y el Presidente del gobierno no dimite, en este país bendito tan divertido, pese a mandarle mensajes a un corrupto, haber pagado la sede con dinero B, tener a su partido imputado al igual que todos sus tesoreros o lograr en la cárcel un quorum de dirigentes que dudo hayan logrado en las reuniones del PP en Valencia. ¿Para qué demonios vamos a cambiar las cosas? Mejor si eso nos echamos unas risas. A costa de los gilipollas de Podemos, que si somos los mejores bueno y qué y ponnos otra ronda que ésta va a mi cuenta.

Iglesias ha pedido a Sánchez que la discusión sea pública. Que toda la ciudadanía escuche argumentos y contra argumentos. Que la gente sepa cuáles son las líneas rojas y quién las pone realmente. Iglesias le pide a Sánchez debatir en público para que quede claro que las propuestas sociales que ha puesto encima de la mesa -muy sensatas la mayoría- son irrealizables con un pacto con Ciudadanos.  Y porque el papel lo resiste todo, y si no hay acuerdos de personas no se va a llevar a cabo lo que se firme. Y porque hay demasiada gente sufriendo que tiene derecho a ver cómo se discute sobre su futuro. La propuesta de Iglesias merece, cuando menos, ser discutida. Porque incorpora una manera diferente de hacer las cosas. Pero la vieja guardia del periodismo, acariciando el mundo de ayer sin la altura de Zweig, se echan unas risas que para eso van sobrados de todo. Sigo sorprendiéndome. Decía Borges que era señal de juventud, aunque cada vez pienso más que es una señal de ingenuidad. Mía, claro.

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Impotencia (sobre un artículo de Enrique Gil Calvo)

Insolencia

Por si no fuera bastante sorpresa el furibundo ataque directo de los barones a Pedro Sánchez parece que toca procesar también los ataques indirectos de los columnistas destacados de la democracia del 78. La patria está en peligro y todos escuchan la trompeta de Susana Díaz.

Toca considerar a los que con la voluntad de disparar contra Sánchez enfilan sus cañones contra Pablo Iglesias buscando, parece, alejar la posibilidad de un pacto PSOE-Podemos. Pacto que, por vez primera desde los ayuntamientos democráticos, podría representar en el gobierno esa mayoría de población progresista de nuestro país que por su sempiterna fragmentación ha permitido locuras como una mayoría absoluta de Rajoy con menos del 30% de los votos. Junto a las calumnias contra Podemos –financiación, ilegalidades mil, malas intenciones e, incluso, suciedad- hay una orquestada intención de descalificar al Secretario General de Podemos, asumiéndose así que debilitado el referente se debilita el partido. Qué les voy a contar que ustedes no sepan y no tengamos algunos nuestra experiencia.

No siempre es sencillo ver la intención, porque algunos de esos columnistas han solido guiarse por la sensatez. Pero parece evidente que la situación actual de la democracia parece haberles torcido el gesto. Recuerda a lo que pasó con la memoria histórica. Muchos de esos columnistas estaban dispuestos a asumir una crítica al franquismo siempre y cuando eso no se trasladara al presente. En el momento en el que la memoria histórica pudo traducirse en revisar la “justicia” franquista o poner al estado al servicio de la verdad, la justicia y la reparación, viraron asumiendo posiciones que en algunos casos sólo se habían atrevido a representar accidentes folclóricos de la historiografía neofranquista como Pío Moa.

En el momento actual, es la primera vez que el PSOE puede pactar un gobierno con una fuerza política que se sitúa “abajo a la izquierda” de lo que significa históricamente la socialdemocracia española. Felipe González pudo hacerlo en 1993 con Izquierda Unida, pero prefirió pactar con Convergencia i Unió, reforzando la idea de que la identidad catalana tenía más de excusa chantajista que de entidad real, al tiempo que dio alas a la corrupción permanente del pujolismo que terminaría estallando. ¿Es la novedad de la situación eso lo que da miedo al statu quo de la opinión mediática?

Me ha llamado la atención la virulencia de Enrique Gil Calvo en su artículo Insolencia (El país, 1 de febrero de 2016), donde llama a Iglesias, abandonando su habitual circunspección, bufón, insolente, efectista, vendedor de crecepelo y nihilista. Demasiados adjetivos para expresar lo que quizá simplemente es falta de humildad para asumir la incapacidad de entender que la democracia española está cambiando. Aunque es cierto que lo que parece enfadar realmente a Gil Calvo no es la capacidad de Podemos de crear agenda política, sino la dependencia del PSOE a la agenda que marca Podemos. ¿No será entonces el PSOE el adecuado destinatario de la diatriba?

Llama la atención que al lado de los tabloides, los periódicos de la extrema derecha, los libelos mercenarios y los órganos de partido, la prensa que representa a los medios españoles en el mundo caiga en un estilo similar de descalificación y ataque ad hominen. Debiera el PSOE y la prensa afín solventar sus cuitas internas y aclararse al fin, para ahorrarnos al resto este ventilador que enturbia en vez de profundizar. Podríamos discutir, evidentemente, el lugar del espectáculo en la política -la actualidad de Debord  es abrumadora- pero no vale repartir interesadamente papeles atribuyendo a unos afinados Shakespeare y a otros histriónica ópera bufa cuando lo que en verdad retrata nuestra democracia es el esperpento, incluida la ley de fugas que hoy representa la exclusión social de los más pobres.

Necesitamos mucho debate, una prensa atenta que señale defectos, derivas, errores, junto a todos los asuntos propios del patriotismo de partido tradicional que enturbian nuestra democracia. Y sería bueno poder leer análisis que dieran claves de dónde está ahora mismo Cinco Estrellas y Beppe Grillo en la deteriorada democracia italiana, algo que no otorga llamarle sin más “bufón” buscando descalificar a Pablo Iglesias más que intentando explicar la parálisis política italiana. En nada ayuda convertir las columnas de opinión en espacios de impotencia donde el mensaje al final no va más allá de la descalificación. Y produce tristeza ver que la impotencia de la vieja política española termina trasladando su debilidad a los análisis que en otras ocasiones nos han alumbrado.

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