El 15M: un guión que no admite cortes

Ana Pastor

Decía Guy Debord en los calores del mayo del 68 que en nuestras sociedades, saturadas audiovisualmente, todo tenía una segunda oportunidad, pero solo  como espectáculo. La sociedad aprende y por eso no pueden haber repeticiones. El quinto aniversario del 15M y la sobreactuación mediática permite recobrar la reflexión. El programa El Objetivo de la Sexta, retransmitido desde la Puerta del Sol donde desembocaba la manifestación que conmemoraba  los cinco años desde que empezó el 15M  ¿ha sido un ejemplo claro de banalización de la política cuando se convierte en espectáculo o fue un acierto porque toda la política se ha trasladado ya a la televisión y los medios?

Es evidente que antes los revolucionarios iban a la sierra y ahora van a los platós de televisión. Si se trata de cambiar en profundidad nuestras sociedades. Ignorar esto es poner palos en las ruedas de la construcción de hegemonía. Pero eso no significa que valga todo. Puedes ir a programas que ve gente a la que no llegarías de otra manera, pero no puedes, por ejemplo, participar en otros donde se humilla a concursantes o donde el dolor tiene presencia exclusivamente como una forma de hacer negocio. Ir a la televisión a hacer pedagogía en el lugar donde se construye el sentido común es, evidentemente, de sentido común. Pero no deja de ser territorio minado.

Todo lo que una persona con voluntad emancipadora hace en los medios lo ha aprendido en otros sitios. La televisión solo es un instrumento, nunca el fin. En la televisión sólo aprendes a representar o a discutir en un ritmo que no siempre es el que permite profundizar. Si no llevas aprendidas otras cosas de otras luchas, puedes hacer con el mismo gesto un reality show, una serie, presentar un telediario  o cocinar en el programón de Bertín Osborne. Terminas confundiéndote con el resto del ambiente. Si no todos los partidos son iguales, no todos deben hacer las mismas cosas ni hacerlas de manera idéntica.

El espectáculo desmantela la condición subversiva de la realidad, precisamente porque construye un decorado donde todo lo que amenaza ha sido desmantelado. Por eso el plató estaba rodeado de vallas y gente de seguridad. No me cabe la menor duda de que en el quinto aniversario de, pongamos por ejemplo, la toma de la Bastilla, Ana Pastor habría, de haberse dado el caso, emitido El Objetivo desde esa Plaza, con las banderas medidas en los lugares precisos, la Marsellesa sonando en el tono adecuado, y unos cuantos jacobinos, perfectamente caracterizados con las ropas convenientemente envejecidos, dando modulados gritos contra los borbones. Pero en modo alguno se aprovecharía la ocasión para llevar a ningún monarca camino de la guillotina, para plantear medidas de salud pública, dictar decretos de defensa de los menesterosos o dar por abolida en directo la monarquía. Por la misma razón por la que El Objetivo tendría enormes dificultades para emitir su programa desde un campamento de la dignidad o desde un encierro con trabajadores en lucha contra una multinacional. Por ejemplo, el de los trabajadores de Coca-Cola. La televisión puede agitar o, por lo común, puede desactivar. Convertir un lugar de lucha en un plató ¿hace más fácil la pelea? ¿Invita a cambiar el sistema? ¿Agita los ánimos para confrontar al 1%? Muy al contrario, después de terminado el programa, y una vez digerida la publicidad convenientemente seleccionada para el público que vería ese programa,  se contendrían los ánimos subversivos, limitados a la realidad virtual de la televisión. ¿Borra un plató de televisión las huellas de lo subversivo? La frontera es muy tenue. La probabilidad de meter la pata, incluso con buenas intenciones, es muy alta.

Los medios, especialmente privados, viven por y para las audiencias.  Romper la monotonía es una obligación económica. Siempre querrán un escenario que aumente el interés de lo que cuenten y, por tanto, sus espectadores. ¿Hay límites? Ya sabemos que para ellos no. De manera que corresponde a los periodistas saber que van a moverse en una delgada frontera donde, si llegas al límite eres un genio y si la pasas te conviertes en una parte más de la telebasura. Esa frontera delicada es la que te puede llevar  a donde han asesinado a ciudadanos mientras la sangre aún no se ha secado, a ayudar a refugiados a bajarse de una patera,  a emitir en directo un suicidio, a emitir en el punto Cero de Nueva York o los atentados de Atocha  o a entrevistar a asesinos o a víctimas.

La Puerta del Sol es un espacio histórico que, convertido en un circo mediático, se desactiva. No es gratuito que el sistema borre las huellas de lo que le amenaza. Cierto adanismo olvida que antes del 15M ahí estaban concentrados cada jueves los abuelos reclamando por la memoria histórica. ¿Por qué es más fácil poner una placa recordando el 15M que otra recordando que en el actual edificio de la Comunidad estaba la DGS donde se torturaron a miles de antifranquistas? Un plató ocupando una porción grande de la Puerta del Sol la noche del aniversario del 15M no multiplica ningún ánimo de transformación. Precisamente porque ese plató ha borrado oportunamente las huellas de la condición subversiva del 15M. Peligro que ni siquiera estaba ya en la gente que abucheó a Ana Pastor.

No es tampoco verdad que nadie le haya doblado el brazo a los medios para acudir a la plaza.  Si así fuera, también entonces les habría doblado el brazo el ISIS a los medios obligándoles a ir a grabar a París tras el atentado. Las razones son otras. Esa simplificación no oculta tampoco que esa noche no se estaba recuperando el 15M ni reactivando viejas luchas. EL 15M está ya en muchos más sitios que en la concentración de esa noche en que se abucheó a La Sexta. La manifestación era un ejercicio de memoria para no olvidar de dónde venimos, para recordar que en el 15M se juntaron muchas luchas y se repolitizó la ciudadanía en una nueva gramática. La nostalgia fue el gran actor después de que la gente se marchó. Pero la nostalgia es impotente. Seguramente La Sexta y los que aún aguantaban se necesitaban. Pero la pelea que puede cambiar las cosas tiene, al menos hasta el 26J, tensada la cuerda mirando en toda su complejidad a las elecciones.

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Un documento auténtico sobre el 15M

50 DÍAS DE MAYO: ENSAYO DE UNA REVOLUCIÓN

(película documental de Alfonso Amador sobre el 15M)

Cinco años del 15M. Después, la política española no volvió a ser la misma. Entender aquel proceso es entender hacia dónde vamos. Mucha gente pregunta en otros lugares de Europa y de América ¿cómo se puede construir un Podemos? La respuesta correcta es: ¿cómo podrías montar un 15M? No te pierdas este documental. Aquí tienes la magia del 15M y también todas sus dificultades. Vamos aprendiendo.

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Las debilidades de la hipótesis populista y la construcción de un pueblo en marcha

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Táctica y estrategia de Podemos

Cuando Podemos nació como formación política en 2014 se marcó como horizonte lograr la unidad popular. Si la crisis/estafa afectaba a las mayorías, era necesario apelar a las mayorías de manera que te escucharán y te entendieran. No bastaba tener razón y acertar en el diagnóstico. No bastaba decirle a la gente que sus males eran de derechas y su indignación de izquierdas. El neoliberalismo se había convertido en un “sentido común”, en un deseo, y para combatirlo era importante asumir que había peleas que se habían perdido. La idea del “voto útil” era la gangrena de ese pensamiento podrido que no dejaba ni pensar ni hacer. Pero de nada servía seguir anclados en la nostalgia. Había que cambiar el camino para llegar a la meta de una sociedad más libre y más justa. Hacía falta una estrategia de cambio y se buscó para alcanzarla una táctica adecuada a esa meta.

El objetivo estratégico pasaba por reinventar el espacio antaño representado por la izquierda, que se había convertido en apenas un aire de familia cada vez más difícil de interpretar. De izquierdas eran Olof Palme y el Mariscal Tito, Felipe González y el padre Ellacuría, Pol Pot y Bujarin, Tony Blair y Ken Loach, Evo Morales, Hugo Chávez, Bernie Sanders y Strauss-Kahn. Un espacio finalmente malbaratado por un socialismo que podía hacer los mismos ajustes que la derecha, por un comunismo que no se liberaba de los fardos de la historia y por un anarquismo que se había resignado a ser testimonial. El espacio de la izquierda, que tomó el nombre de los diputados de la Asamblea francesa que se sentaron a la izquierda del Rey en 1789 -y que no le reconocían ningún privilegio-, se fue construyendo como respuesta a las promesas incumplidas de la Revolución Francesa de libertad, igualdad y fraternidad. Preguntas que aún están esperando ser respondidas, en especial la idea de fraternidad, pero que exigen en el siglo XXI otros intentos de solución.

La reinvención de ese espacio no podía pasar por sumar a todos los partidos que se reclamaban herederos de la izquierda (no entendían lo nuevo, existían precisamente insistiendo en las pequeñas diferencias y hacían de la identidad del partido una suerte de filiación religiosa). Había que entender igualmente que había más gente comprometida con las transformaciones que conciencias dispuestas a asumir las etiquetas clásicas. La táctica, por tanto, debía adecuarse a las transformaciones.

¿Quién iba a ser el nuevo sujeto del cambio? Podemos nacía de la certeza de que la clase obrera existe pero ya no se deja representar de manera simplista. El 15M juntó a clases medias proletarizadas, a sectores populares, a precarios y a parados de larga duración, a jóvenes emigrados, a damnificados del último ERE, a adolescentes enfadados con una clase política en la que no se veían representados, a yayoflautas convencidos de que les estaban robando todo lo construido en tres décadas Todos comprometidos por el igual con el cambio. Las tesis marxistas que otorgan a la clase obrera un significado esencialista, como si bastará ser obrero para tener conciencia revolucionaria y marcar la senda de la historia, ya no tiene fuerza explicativa. Otras realidades han nacido con mucha fuerza -el feminismo, el ecologismo, el pacifismo, la defensa de la democracia directa, la lucha contra el capitalismo financiero, el precariado, la economía colaborativa, un nuevo internacionalismo apegado a la nación, el desarrollo tecnológico como herramienta esencial de la superación del capitalismo, la defensa de un individualismo comprometido socialmente o la asunción de las migraciones como una realidad nueva que no puede soslayarse-.

Un mundo diferente necesita hipótesis diferentes. Con las armas melladas de la vieja teoría no se podía salir del resistencialismo en el que se había instalado la izquierda tradicional, cada vez más acosada y debilitada e incapaz de encontrar soluciones. En España, el marco para cambiar las cosas lo había brindado el 15M impugnando la democracia representativa -que no nos representa- y la economía neoliberal -que nos convierte en mercancías-.

La enseñanza del 15M y la hipótesis populista

¿Qué había que hacer con el 15M? ¿Representarlo? ¿reconducirlo? ¿Dejarlo como estaba? Seguir en el movimiento tal cual se rechazó desde el momento en el que se decidió fundar Podemos. Lo honesto era decir -como así ocurrió- “Podemos no es el 15M”. Se venía del 15M pero no se era ni se es el 15M. Aclarado esto, surgían nuevas dudas. Si simplemente se representaba el movimiento, se ignoraba que una parte del 15M no tenía problemas de fondo con el sistema, sino simplemente con los “excesos del sistema”. Y era muy probable que, de no hacer que emergiera la raíz de los problemas, surgiera una respuesta desde la derecha que, reclamando solventar los “excesos”, lo que lograría sería desactivar la capacidad transformadora del movimiento. Es lo que explica el auge de la extrema derecha europea ante una izquierda a la defensiva y ocupada en defender la corrección política. Es lo que explica el nacimiento de Ciudadanos en España.

La solución pasaba, pues, por reconducir el enfado. Esa reconducción tenía dos momentos. Uno destituyente, que atacaba a los responsables del empobrecimiento y señalaba la crisis del régimen del 78 (el construido sobre la Constitución de 1978), y otro constituyente, que señalaba la necesidad de un nuevo marco político y constitucional con un programa acorde con el siglo XXI. En la fase destituyente es donde aparece con fuerza la virtud de la “hipótesis populista”: la construcción de un “ellos” -la casta- y un “nosotros” -un pueblo en construcción- situado al otro lado de la línea, unido a los demás por las demandas insatisfechas diluidas hasta ser simplemente un malestar difuso, un “nosotros” enfadado, con ganas de encontrar un culpable, dispuesto a simplificar las cosas para facilitar que se moviera ficha. “Mover ficha”. Así se llamaba el manifiesto con el que arrancó Podemos.

Un problema no pequeño está en mantener esa hipótesis en la fase constituyente. El desperdicio de la experiencia termina por aflorar como un error que debilita el cambio. Para que las luchas tengan más recorrido, es más útil traducir tus demandas para que los demás te entiendan, antes que rebajar tu lucha para que se sume, una vez descafeinada, a otras. Construir la política pretendiendo que los discursos pueden inventarse la realidad de una manera cuasi absoluta es tan desafortunado como quienes niegan la capacidad del lenguaje de inventar la realidad. El cartel “Cuidado con el perro” claro que funciona, pero no siempre, no durante mucho tiempo ni en todas las ocasiones. Basar la política en teorías desancladas de lo real, vacía los contextos, construye sectas de creyentes que no rezan otra cosa que sus mandamientos y termina armando ejércitos de soldados que ya no ven ni sienten sino que evalúan si has “entendido” o no sus presupuestos teóricos y si, por tanto, eres “de los nuestros”. Y se desperdician todas las luchas que anticiparon nuestra rabia. La alternativa está en beber de una realidad alumbrada por la teoría o de una teoría desanclada de la realidad. La segunda es un frío ejercicio académico al que le termina molestando la gente, esa que suda, no ha leído a Zizek, es real, contradictoria, ordinaria y extraordinaria. Al final, Boaventura de Sousa Santos vence a Laclau. Porque Santos se mancha los manos con los movimientos (es fundador del Foro Social Mundial) mientras Laclau escribía a 7000 kilómetros de lo que explicaba. No es extraño que a los grandes grupos mediáticos les guste más el heideggeriano Laclau, precisamente porque al tiempo que llena el ruido de trazas de avellana y pompa, quiere convertir el cambio social en un discurso y, con bastante probabilidad, lo desactiva. Nada nuevo con cierta interpretación lacaniana que corre el riesgo de radicalizar el enunciado y abandonar lo material. Lo escribió José María Valverde hace décadas hablando de Martin Heideger: “Cascando las palabras como nueces/ construye don Martín perogrulleces”.

La maquinaria de guerra electoral ¿y después?

En la hipótesis populista todo se zanjaba en una acción relámpago (la Blitzkrieg que se justificaba por las urgencias de un ciclo electoral continuado). Pero la hipótesis populista empezó a hacer agua en tres frentes. Primero en las elecciones andaluzas, donde Ciudadanos empezó a pisar los talones a Podemos con su promesa perezosa y cobarde de mantener la delegación de la política, justificado con su apelación telegénica y sin complejos a una cosa y la contraria. En segundo lugar, en las generales, porque faltaron 300.000 votos para superar al PSOE y porque el PP volvió a ser la fuerza más votada. También porque IU aguantó con casi un millón de votos, lo que demostraba que la transversalidad primaba una dirección y abandonaba otro flanco. Cuando falla la acción relámpago toca replantear la estrategia. Has hecho un excelente primer tiempo. Pero has salido a ganar el partido, no a empatarlo. Y esa es la situación en la que estamos ahora: de empate. Por eso Podemos tiene que regresar a lo que se planteó al comienzo: lograr la unidad popular. Sin miedos. Y no es menor un reproche a esa transversalidad descafeinada: ¿de dónde se van a nutrir ideológicamente las nuevas generaciones que se formen en este discurso hueco de la transversalidad light?

La segunda vuelta se convierte en el escenario perfecto. Buscar la transversalidad es correcto. Pero un cura no puede dejar de creer en dios porque sus feligreses tengan una crisis de fe. La desideologización de la hipótesis populista se invalidó de hecho en las andaluzas, y por eso Podemos regresó a un discurso más cargado que pasaba por no regalarle el gobierno al PSOE de Susana Díaz (quien terminaría gobernando con Ciudadanos). La hipótesis populista perdía fuelle, aunque eso no invalida la búsqueda de la transversalidad que debe buscar una fuerza política transformadora en tiempos de hegemonía neoliberal. Es indudable que no hay cambio posible sin ayudar a que la gente vaya más allá de lo que actualmente piensa. Pero la hipótesis populista solo quiere marcos ganadores. Un error de esta hipótesis (que, recordemos, nace en el caso de Laclau como una impugnación del marxismo mecanicista) es que sólo deja fuera marcos ganadores relacionados con los conflictos dentro del mundo del trabajo. De hecho, mientras se han oído voces dentro de Podemos cuestionando los riesgos del “obrerismo”, no se ha dudado en defender la plurinacionalidad de España (en modo alguno un marco ganador en el conjunto del Estado). En la defensa de la plurinacionalidad, Podemos ha ayudado a la gente a ir más allá de lo que pensaba. Y eso va en contra de lo hipótesis populista. Pero es lo correcto, tanto en términos de honradez política como de resultados. Podemos es la primera fuerza política en Euskadi o en Cataluña. Se trata, pues, de hacer lo mismo en otros asuntos que afectan a las mayorías.

Podemos nació del impulso del 15M donde al tiempo que se respiraba el “aire de familia” de la izquierda se asumía, como hemos dicho, que el eje “derecha-izquierda” se había convertido en algo con tantos significados que ya no se entendía. La izquierda había dejado de explicar y de explicarse. Por eso nació reclamando la unidad de la gente, no la unidad de las izquierdas. En el discurso de la emancipación en el siglo XXI aprendemos más de un liberal como Thomas Paine que de un marxista como Stalin, defendemos la lucha de los trabajadores sin tener por ello que defender a la URSS, nos vemos más reflejados en Allende o Pepe Mujica que en Honecker o Felipe González. Pero tampoco olvidamos que lo mejor que tiene Europa -la educación y la sanidad universales, el derecho al voto, la igualdad de las mujeres, el respeto a los derechos humanos, los derechos laborales- son una construcción de la izquierda durante el siglo XX.

¿Por qué ahora la confluencia?

Si vas un paso por delante de las masas, vas iluminando. Si vas cien pasos por delante, es bastante probable que te hayas perdido. Desde las calles se empezó a imaginar un marco teórico que no permitía negar respuestas que parecen intuitivas. ¿Cómo es posible no reaccionar al hecho de que con el 30% de los votos Rajoy haya podido desmantelar la democracia con mayoría absoluta? Las calles empezaron a expresarlo con claridad: no poner freno a eso es de idiotas. No hay siglas ni puestos en las listas ni mochilas ni hipótesis que puedan frenar ese clamor. Porque, además, Europa está mirando. Podemos, es cierto, ha roto el bipartidismo. Ahora se trata de ampliar la base para comenzar algo nuevo. Se necesita algo que se parezca a un frente amplio claramente referenciado por Podemos, pero que no es ni mucho menos solamente Podemos. Y ese es el desafío que tienen que traducir en una realidad que ilusione Pablo Iglesias, Alberto Garzón y todos los demás. Decir ahora si se trata de un mero encuentro instrumental o de algo que puede generar un acercamiento es adelantar resultados. Cuando compartes la cocina y el comedor, igual terminas viendo que tienes muchas cosas en común. El PSOE unificó en su día a los múltiples partidos socialistas. El PP hizo otro tanto con los partidos de derecha. No vamos a reinventar la democracia si no construimos un partido diferente en una España diferente para una Europa diferente.

Como dice el refrán, a la fuerza ahorcan. Antes de las elecciones del 20- D Alberto Garzón no había dado algunos pasos que posteriormente decidió caminar. Por otro lado, la Blitzkrieg se mostraba como una quimera después de haberse contrastado con la práctica. Nunca puedes ponerte de lado mucho tiempo, tal y como manda la vulgata de la hipótesis populista. Tocaba discutir con lo existente buscando una traducción entre los que se oponen al estado de cosas que permitiera reinventar el lugar antaño llamado izquierda. No es reinventar la izquierda clásica, sino una nueva forma política que hace política de otra forma y que viene a ocupar el lugar de la antigua izquierda. Porque esa antigua izquierda ya no vale.

En la posibilidad de salir de las políticas de austeridad, se juntan al final tres hambres y un hambreador: el hambre del pueblo de salir del bipartidismo y de las política que condenan al paro, a la precariedad, a la emigración, a los desahucios, al copago, a la feminización de la pobreza. El hambre de IU de salir de su condena al 5% de los votos y a la inutilidad política por culpa del sistema electoral; y la de Podemos de romper sus propias costuras y seguir construyendo un espacio que vaya más allá de su condición de nave nodriza. Asumir su obligación de abrir caminos para todos los que quieren hacer las cosas de manera diferente. El hambreador bipartidista, ese que lee el Marca o es un joven viejo, se referencia, agotado, solo en una España que muere y que bosteza. Aunque empecemos a oír voces desesperadas que quieran sumar lo viejo en una gran coalición de reliquias.

La democracia es ahora

Nadie tiene derecho en democracia a permitir que las minorías gobiernen en contra de las mayorías. La posibilidad de que la invitación a la resignación bipartidista se rompiera es lo que ha generado una emoción popular que no podían desoír ni IU ni Podemos ni las demás confluencias, a riesgo de invitar a gritos a la abstención. Algo nuevo ha sucedido en la política española: la presión popular sobre Podemos e IU ha forzado un encuentro que estaba muy lejos hace cinco meses. Una ciudadanía consciente exigiendo a los partidos cómo deben comportarse. Y partidos escuchando esa exigencia. Esa fuerza es precisamente la que asusta al PSOE y al PP y a su muleta naranja. Ya no se trata solamente de una formación electoral, sino de un impulso popular con traducción en la posibilidad más evidente de gobierno de cambio real que ha tenido la España reciente. La negativa del PSOE a romper la maldición electoral y conseguir que el Senado se parezca a España construyendo listas conjuntas con Podemos y demás partidos del cambio, está a la altura del vídeo de Felipe González adulando a un broker iraní con sus activos en paraísos fiscales o del matrimonio de connivencia de Sánchez con Rivera. En la confluencia faltan todavía muchos socialistas honestos. No quedan muchas excusas. El 26 de junio España, y con ella Europa, puede caminar de nuevo erguida.

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Pacto del Prado: nada nuevo bajo el sol

john snow

Compromís hace una oferta de última hora al PSOE para que quede claro que se está haciendo lo imposible en aras de alcanzar un gobierno de izquierda “a la valenciana”. 30 propuestas de mínimos y un gobierno de izquierda. Es una propuesta tomada in extremis, a la que le ha faltado un poco de discusión interna. Pero como se juega contra reloj, le piden a Baldoví que le presente esa posibilidad al Rey en su visita. Dicho y hecho. Y como ya casi no hay noticias, suenan las trompetas. Los partidos salen en tromba a contestar, no vaya a ser que este último movimiento les coloque en un lugar ingrato de cara a las presumibles elecciones.

Podemos acepta el reto y se pronuncia sin mucho problema: están de acuerdo en un programa de mínimos que se cumpla y sirva para formar gobierno. Parece que la cosa es más complicada de lo que es. Pero no. Por eso, Podemos insiste en que está a favor de un gobierno a la valenciana. En la línea de lo que viene manteniendo.

Pero el PSOE de Sánchez no tiene mucha libertad. Insiste en que sólo acepta mantener su acuerdo con Ciudadanos y oferta de nuevo una variante de “gran coalición”, esto es, un gobierno presidido por Sánchez integrado por tecnócratas y donde no esté Podemos. Con una moción de confianza a fin de plazo. Vamos, en el fondo igual que lo de Monti en Italia o lo de Papademos en Grecia. Goldman Sachs gobernando donde los partidos desaparezcan. Pedro Sánchez, desesperado porque nota la guadaña de su partido en su garganta, intenta salvarse como sea y se aferra a lo que pueda. Si hay nuevas elecciones, a ver cómo explica a sus votantes que se haya echado en brazos de Ciudadanos. Y un mal resultado, como parece que va a ser el caso, implicará su salida de la Secretaría General después de las elecciones. De perdidos al río, piensa Sánchez, y por eso insiste en mantener el acuerdo con Rivera. Nada nuevo, salvo el envoltorio de que los partidos desaparezcan y sean sustituidos por tecnócratas. Una vuelta de tuerca más en la decadencia de la democracia.

Si nos fijamos, todo sigue en donde estaba. Compromís queriendo no ir a las elecciones (que salen caras y pueden generar terremotos en el gobierno en Valencia). El “PSOE de Sánchez” buscando a la desesperada un gobierno que no sea vetado por “el PSOE no de Sánchez”, que es mayoría en el partido. Y por eso lee como le da la gana la propuesta de Compromís y la convierte en algo bien diferente. En vez de un gobierno de la izquierda, un gobierno de gran coalición con tecnócratas que contente a los que no quieren que nada cambie. Podemos insiste en decirle a Sánchez que haga un gobierno con la izquierda. Y Ciudadanos, queriendo limpiarse la “mancha” de haber pactado con el PSOE y que le quitará votos en caso de nuevas elecciones, pretende hacerse el digno diciendo que no está de acuerdo. Además, así nos distraemos de las informaciones que señalan al partido naranja como implicado en financiación ilegal o tocado por los papeles de Panamá.

En fin, se trata de un pequeño enredo de última hora que no sirve para gran cosa, salvo para distraernos. El PP sigue callado. Las torpezas del PSOE le vienen bien. Sigue abierta la posibilidad de que alguien tire de las orejas a los partidos del 78 (y a su nueva muleta naranja) y la gran coalición se sustancie. No es fácil, porque pasaría por la decapitación de Rajoy, y Rajoy no es solamente él, sino su grupo, enfrentado a muerte con el sector de los Sorayos. Estas cosas dejan su impronta. El plan de una gran coalición existe, pero no siempre es fácil convertir los planes en algo real. Todo parece apuntar a nuevas elecciones. Pero hasta el último minuto, cada quien va a pretender ejecutar su plan. Y los de los poderosos no se deben ignorar, pese a que parezcan difíciles. Tampoco los de los pequeños, aunque tenga contornos improvisados, como la propuesta de Compromís (que insiste en que un referéndum en Cataluña no es relevante, para que el PSOE pudiera escenificar el juego).

Comienza la nueva temporada de Juego de Tronos. Sabemos que muchos morirán y que alguno intentará resucitar. La legislatura de Rajoy deja una “boda roja” donde han caído personajes principales. Incluido Aznar, Rato y vaya usted a saber si no también Soraya Sáenz de Santamaría (caso Acuamed) o el propio Rajoy (arropado con una hilera interminable que va de Bárcenas a Rita Barberá). Pero todo son conjeturas. Que la realidad tiene más trampas que las películas. Y, sobre todo, el guión lo podemos escribir nosotros.

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Respuesta a Dani Mateo

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Saludos Dani. Gracias por escribir. Hoy andaba enfadado viendo algunas declaraciones desafortunadas de políticos y académicos, justo el día en que otros veían caer el desmesurado peso de la ley sobre sus espaldas. Y me encuentro con tu comentario. Y me ha parecido conveniente decírtelo.

Ayer seguramente no viste a la familia que estaba rota cuando Antonio Bódalo entraba en la cárcel. No por saquear un banco, amañar un contrato, recibir una comisión por privatizar un servicio público. Si la hubieras visto no le hubieras llamado “analfabeto” –no pudo estudiar en esa Andalucía que aún pasa hambre- ni a un compañero que decide hacer una huelga de hambre tampoco le hubieras agredido llamándole “gordo” (precisamente por estar obeso es más peligrosa esa huelga de hambre que, espero, no haga). Entra en la cárcel por defender a otros. El juez ha dicho que hubo agresiones. Me extraña porque he visto a Bódalo frenar conatos de violencia en situaciones complicadas (tan fáciles cuando la gente está desesperada). Los compañeros del Sindicato de Trabajadores del Campo dicen que tienen vídeos donde se demuestra que no es cierto que participara en ninguna agresión pero, afirman, no se les permitió presentar esas pruebas. Tampoco es raro que en este país la justicia meta la pata. Ahí está el juez que encarceló a los titiriteros. Pero tenemos que acatar las leyes y debemos confiar en el estado de derecho. Como la sentencia es firme, toca asumirla y estamos pidiendo un indulto. En el país donde se indulta a banqueros ladrones y a conductores suicidas si tienen negocios con el poder. Bódalo ha sido condenado a tres años. ¡A tres años! por una agresión sin secuelas. Se suicidan seis personas cada día en España. En Luces de Bohemia, Valle Inclán se ríe de todo el mundo. Salvo de un preso al que la policía ejecuta por la espalda. Tampoco de una madre con un niño muerto en brazos. Y mucho menos de una prostituta niña que huele a nardos. No todo es gracioso. Sé que te has disculpado y eso te honra. Y sé que ni por asomo compartes las palabras que leíste representando un personaje en El Intermedio. Pero no pasa nada porque asumas toda la responsabilidad, incluido lo de hacer nacer a Miguel Hernández en Andalucía y no en Orihuela justo cuando estás diciendo que Bódalo es un ignorante y un cazurro al lado del poeta. De la misma manera que tampoco pasa nada porque me escribas sobre el asunto de Bodalo y no tengas la necesidad de terminar atacándome con mi desencuentro con Rivera (dando por ciertas cosas que, ya veremos en qué queda, nunca dije). Si uno se disculpa, se disculpa y punto. No hace falta intentar escaparse por ningún lado. Es más elegante.

Vuestro programa es de humor –de lo mejor de la programación de nuestro país- y me parece genial que os riais de todo lo risible, especialmente de todos los que pasamos de una manera u otra por la política. Somos patéticos y no merecemos mucho respeto. Los compañeros del SAT, que están luchando contra el atraso de Andalucía merecen, por el contrario, todo nuestro respeto. Reírse de Bódalo y de su compañero el día que entra en la cárcel y llamarles analfabetos, ignorantes y gordos no corresponde a El intermedio. Es propio de otros lugares. Y estoy convencido de que estamos totalmente de acuerdo. Y porque lo sé, te escribo con cariño y confianza. Seguiré disfrutando de vuestro programa y de tu sección. Y sé que de esta pequeña disputa todos salimos un poco mejores de como entramos. En mi caso te lo aseguro. Un abrazo y nos vemos.

PD. Dani contesta al videoblog que hoy he dedicado a algunas ligerezas verbales de nuestra democracia. Aquí lo dejo de nuevo: http://especiales.publico.es/publico-tv/videoblog-de-monedero/558531/juan-carlos-monedero-academicos-pescados-sindicalistas-encarcelados

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Entrevista con Ana Rosa Quintana: Rivera, el gran titiritero

Esta mañana comentaba con Ana Rosa Quintana y otros periodistas (Esther Palomeras, Montse Muñoz, Jorge Bustos y José María Olmo) el escenario creado tras el encuentro entre Sánchez e Iglesias. Nadie ha sabido desdecirme -tampoco Carme Chacón- que no existen precedentes de la generosidad con la que ha actuado Pablo Iglesias tanto proponiendo cesiones en términos programáticos -para mi gusto excesivos- como retirándose de un futuro gobierno para no molestar a la guardia eterna del PSOE. Pero da un poco lo mismo, porque Ciudadanos, con la arrogancia que suelen tener los partidos bisagra, ha gritado que “ni por activa ni por pasiva” apoyará un gobierno de cambio. Albert Rivera, el gran titiritero de la política española, el que ayer decía que lo daba todo por España, hoy parece que rebaja su pasión patria si no está en el gobierno. Patriotas de pacotilla. Sánchez sigue soplando y sorbiendo al tiempo, ahora con una escena de sofá anterior y un paseíllo posterior que hace todo un poco menos creíble (teatralizaciones de las que Podemos tiene que alejarse para no perder credibilidad). Por supuesto, y como no podía ser de otra manera, mientras, Rajoy desaparecido. Parece una serie española de las de antes.

Captura de pantalla 2016-03-31 a las 1.58.34 p.m.

Sería importante, igualmente, que el PSOE en Cataluña recuperara sus posiciones de hace apenas dos años en vez de abrazar los argumentos del PP o de Ciudadanos.

Captura de pantalla 2016-03-31 a las 2.02.01 p.m.

Aquí os dejo la entrevista completa: Captura de pantalla 2016-03-31 a las 2.09.34 p.m.

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Dice Sánchez que adora el baloncesto

iglesias sanchez

No recuerdo en la historia de la democracia española -y me esfuerzo pero no me salen tampoco nombres en ningún otro sitio- a ningún Secretario General que, en aras de formar un gobierno de coalición, decida ponerse de lado y evitar así que el veto a su persona se convierta en la excusa para no llegar a un acuerdo. Ha sido demasiado fácil durante estos meses poner en el mismo saco a todos los partidos políticos, demasiado sencillo poner en marcha un pimpampum protagonizado por tertulianos y columnistas donde todos los líderes han sido inmolados -a la par- en el único esfuerzo de alcanzar el adjetivo más mordaz que ennoblezca al escribiente. Y en esa borrachera de imputaciones han surgido exégetas cervantinos que no han dudado en presentar a Pablo Iglesias como un Sancho cegado por un poder enano, aferrado, como periodista a sus fuentes de cama, a la ínsula barataria de sus únicos deseos. Podemos, se insistía, estaba al borde de la ruptura, la crisis tenía magnitudes inconmensurables y sólo existía un culpable. Un relato de héroes y canallas con el fin de ayudar a que nada cambiara y aumentaran las sospechas sobre el comportamiento del Secretario General de Podemos. Migajas alimentando el gobierno Ciudadanos-PSOE.

Hoy Pablo Iglesias ha vuelto a recordar por qué es el líder de un partido que en dos años ha conseguido el apoyo de cinco millones de españoles y españolas: si el problema para el PSOE -ese que sigue teniendo a Felipe González de referencia- soy yo, me quedo fuera del Gobierno. Y una vez más, el cuarto poder, cada vez más homogéneo, queda como las pilas de un todo a cien gastadas de antemano. Suele pasar cuando los deseos priman sobre los análisis.

El PSOE, donde aún se calientan con los rescoldos de Rubalcaba, cometió el error de cerrarle todas las puertas a Pedro Sánchez: nada con Rajoy, nada con Podemos, nada con los nacionalistas. Vamos, que el único amor posible era con Albert Rivera. Una suerte de gran coalición enmascarada con, además, mala conciencia. Como los números electorales no han dado, Sánchez, condenado en cualquier escenario que no sea gobernar, anda dando tumbos como borracho de amanecida buscando la llave perdida en Ferraz debajo de las farolas de Ciudadanos. Porque ahí, le han dicho los barones y la baronesa, es el único sitio donde hay luz. Y por eso no termina de encontrarlas.

Podemos ha sido la única fuerza que ha hablado con claridad desde el principio. Ha cedido en cosas en estas semanas, pero ha mantenido la certeza de su propuesta: un gobierno que salga de Rajoy y también de las políticas de Rajoy. Un Gobierno que, por tanto, no puede ser compartido con Ciudadanos. El PSOE, asediado por sus problemas internos y la falta de lealtad que se tienen sus mandatarios, no ha dejado de buscar excusas. La que creían insuperable para justificar la pequeña gran coalición o nuevas elecciones era pedir a Pablo Iglesias que se retirara. Rivera y Sánchez coinciden en poner vetos a las personas. Ellos sabrán de donde les viene esa actitud. Y Podemos, en boca directamente de su Secretario General, contesta: si el problema es Iglesias, Iglesias renuncia a estar en ese Gobierno. ¿Y ahora?

Los militantes de Podemos seguramente no comparten esa cesión. ¿Alguien imagina a Ciudadanos, al PP, al PSOE proponiendo un acto de generosidad de ese calibre? Muchos inscritos de Podemos deben de estar pensando en este momento que al PSOE, copartícipe del mal gobierno que tenemos, se le están entregando cesiones excesivas. Todo por una razón exclusiva: que el PSOE no diga que no se ha hecho todo lo posible para que haya un Gobierno de cambio y evitar que haya nuevas elecciones.

Pero me temo que el PSOE no es dueño de sus actos. Escucha a sus eternos fantasmas -ayer Fernández Vara dijo que las nuevas generaciones no saben hacer bien las cosas, lo que implica de alguna forma que es necesario que regrese la vieja guardia-, escucha a la troika y al Banco Central Europeo -ese que manda memorándum para cambiar la Constitución-, escucha al SPD alemán que está sosteniendo a Merkel, escucha a los grandes empresarios enriquecidos por la dictadura financiera, por las privatizaciones y las desrregulaciones. Y esos fantasmas le gritan al oído: nada con Podemos, no vaya a ser que levanten las alfombras, revisen los contratos públicos, pidan cuentas a los bancos, suban los impuestos a los ricos. Y por eso, acostumbrados a medir el mundo con las frases de El Padrino, le dijeron: hazle una propuesta a Podemos que no pueda aceptar. Pídele que Iglesias no entre en el Gobierno. Y Pablo Iglesias que, como todo el mundo en Podemos, no está en política por las razones a las que nos han acostumbrado los políticos al uso, dice que no le dictan el comportamiento los cargos, los sillones, los puestos. ¿Alguien se tragará las palabras arrojadas estos meses y acariciará alguna disculpa?

La pelota vuelve a estar en el tejado del PSOE y, de alguna manera, de Ciudadanos. Pero que nadie se haga muchas ilusiones. Ciudadanos lo ha repetido hasta la saciedad: no va a entrar en un Gobierno si hay ministros de Podemos en La Moncloa. ¿Va a abstenerse para permitir un Gobierno que termine la ominosa etapa de Rajoy? Veremos, pero Rivera no tiene tanta libertad como para tomar esas decisiones. El PSOE, casi con certeza, volverá a decepcionar la voluntad de los 11 millones de españoles que quieren un gobierno de cambio. En la rueda de prensa de Sánchez ya han empezado las discrepancias con Podemos. Sánchez dice que Iglesias le ha dicho que sí a todo. Y se equivoca profundamente. Iglesias se retira solo para que sea posible un Gobierno de cambio. No para que cambien las caras pero sigan las mismas políticas. ¿Apostamos a que las exigencias del PSOE apenas acaban de empezar? Si el PSOE vuelve a enredar con mentiras y dilaciones, alguien tendrá que dar un zapatazo en la mesa donde, hasta hoy, solo se han firmado mentiras. Y si alguien dice que Podemos no ha hecho enormes sacrificios para conseguir ese gobierno de cambio, mentirá como un bellaco. No es verdad que a todos los altos les guste el baloncesto.

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Trampa para ratones y encuestas con queso

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Lo peor, siendo muy malo, no es que el gato se coma al ratón. Es un final escrito, sobre todo cuando la desesperación hace perder los nervios. Aun peor es que el ratón se resigne. Porque el gato no solamente se relamerá con la merienda, sino que tendrá la seguridad de que los ratones seguirán, día tras día, generación tras generación, siendo su plato. Por eso, la principal urgencia de los gatos es que los ratones no piensen, no se quejen, no planten cara, no digan que no a ningún gato. Los gatos, que saben que quien cree a un mentiroso no es antepasado de nadie, cuando el engaño arrecia se atusan, se asean con caros perfumes y entonan discursos muy envarados repitiendo que todo lo hacen por el bien de los ratones, que lo que les interesa es, por encima de todo, el bienestar de los ratones, y que hay escuchar, más allá de intereses partidistas, cuáles son los deseos de los ratones. Para seguir comiendo ratones.

Con este repetido cuento   ¿alguien se extraña de que los gatos estén todos de acuerdo en criticar en un mismo maullido a Podemos? ¿Quién duda que no duden en buscar con urgencia su desaparición, que intenten inventar divisiones una vez que han fracasado a la hora de captar para sus filas a los ratones que creen más ambiciosos? Nunca desde que murió el Gran Generalísimo de los Gatos estuvieron tan procupados los felinos. Por vez primera los ratones tienen la posibilidad de atrapar en la gatera a sus feroces enemigos. Los zarpazos sin tasa de los gatos son palos de ciego de animales acorralados. El queso, falsas promesas para sentarnos todos en la misma mesa insistiendo en que ya no hay víctimas y verdugos.

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Quien piense que las grandes empresas, las constructoras, los bancos rescatados, la servidumbre en nómina de los viejos y los nuevos partidos, la Casa Real, la Troika, las empresas de medios de comunicación, los que acogotaron a Grecia, los que intentaron que no hubiera un gobierno de izquierda en Portugal, los que insultan diariamente a Corbyn en Inglaterra, los que aplauden las medidas que los socialistas franceses están aprobando y que no se atrevería a proponer ni siquiera Sarkozy, los que subcontratan al gobierno turco para que le parta las piernas a los refugiados que considere, todos los que cada vez tienen más mientras los más cada vez tienen menos,  en fin, todos los privilegiados del actual estado de la cuestión en Europa, andan profundamente preocupados con la posibilidad de que Podemos entre en el gobierno de España. Trabajan aún con la posibilidad de que Rajoy, en mitad del duelo de la Semana Santa, dimita por el bien de España, permitiendo una abstención a la que el PSOE no haría ascos. Es decir, que Rajoy cargue con las culpas de la corrupción del PP y ofrezcan su sacrificio y permitir el gobierno PSOE-Ciudadanos como prueba del propósito de enmienda de un partido encenagado por la corrupción: de ahí su negativa a renunciar. En el PP saben todos qué hacen en política. Por eso, sacrificios, los justos.

El encallamiento de la investidura de Sánchez ha puesto a correr el contador. El “sistema” no quiere elecciones. Es probable que de unos nuevos comicios pudiera salir un gobierno presidido por Podemos o bien un gobierno del PP con Ciudadanos. Ambos escenarios preocupantes para los que llevan digamos 40 años mandando. En el caso de una victoria de Podemos, evidente. En el segundo caso, con Podemos como primer partido de la oposición, igualmente intolerable para los responsables de la corrupción y los recortes. Se les rompería el mentiroso juego bipartidista. El recambio en un par de años del fracaso de ese gobierno sería Pablo Iglesias, con la obligación de levantar las alfombras e impulsar en Europa un cambio de política.

De ahí la intensidad de los ataques de esta semana, con un objetivo: quebrar la moral de Podemos. En nuestro país, con más de cuatro décadas de ejercicio democrático perdidas por la dictadura, las divisiones no se leen como algo normal en cualquier grupo humano ni como señal de vitalidad de las ideas, sino como fragmento y herejía. Por eso desde el PSOE -y sus voceros- se ha dado una vuelta más de tuerca planteando que hay bandos enfrentados en Podemos. Las dimisiones en Madrid -gestionados de una manera poco generosa por los dimisionarios, a los que no se les puede achacar ingenuidad- iban a ser a todas luces usadas por los enemigos del cambio para hacer ruido precisamente el día que Sánchez invitaba al PP a sentarse en la mesa de negociación de la investidura. (Creo profundamente en la crítica, pero se me escapa el momento elegido).

Podemos es un edificio asentándose al que necesariamente le van a crujir las vigas. El debate es ya parte de su ADN. ¿Se discute en una comunidad de vecinos y no se va a discutir en un partido político? Está bien incluso la torpeza de los que no son profesionales, y que no haya jugadas muy elaboradas en sus decisiones. Pero no caben ingenuidades cuando se está disputando un cambio de rumbo en Europa. Es una exigencia que nadie entre en el juego de reclamarse de ninguna sensibilidad personalista que no sea la de sacar a nuestro pueblo de sus muchos problemas. Quien le ponga apellidos a su trabajo en Podemos, brindando enganche a los enemigos del cambio,  ocultando esta voluntad compartida que nos hizo nacer, está colocándose fuera de lo que quisimos construir con la fundación de Podemos. La existencia de supuestas familias en la formación morada es un invento de sus enemigos, intentando trasladar a la nueva política maneras de la vieja política. Eso no es Podemos.

El PSOE se enreda en su abrazo con la derecha, a lo que se añade el brote constante de nuevos casos de corrupción -ahora Galicia-. El PP es, al decir de los jueces, una asociación para delinquir y no va a haber cárcel ni pan para tanto chorizo. Ciudadanos es el más elaborado invento del poder económico para salvar a la derecha. Si el PP sobrevive, lo tendrán en la nevera. Si el PP se hunde, pondrán ahí todas las energías. Rivera es el perfecto vendedor de preferentes. Viene de ganar concursos de retórica. Entrenado en intuir la música que pega en cada momento, toca la flauta que corresponda.  ¿Que la gente quiere ahora oír de pactos? Pues a hablar de pactos. Tienen razón los que dicen: “cuidado que es un bicho”. Algunos no queremos gente con pocos principios -pero muy flexibles- decida el futuro de España. Rivera es el queso de la resignación en el callejón sin salida que quieren dibujarnos. De ahí las encuestas que dicen: Podemos se hunde, Ciudadanos crece. Encuestas que no pueden incomodar a quienes las pagan. ¿Por qué no se presenta el grupo PRISA a las elecciones?

Es el momento de la gente. El 15M, el enfado con el bipartidismo, la rabia contra la corrupción, la oposición a los recortes, la defensa de lo público marcaron las elecciones del 20D. No perdamos esa indignación por culpa de unos medios de comunicación que no están al servicio de la democracia sino de los grupos económicos que los sostienen. No se trata solamente de que Podemos aguante los embates y los cantos de sirena y no traicione lo que vino a hacer (recuperar la democracia saliendo del bipartidismo). Se trata de que la gente no crea las falsas lecturas de lo que ocurre. La cúpula del PSOE lo ha dicho: con sondeos y la acusación de división interna debemos lograr que Podemos se abstenga. Por eso, pase lo que pase, donde de verdad está la pelota es en el tejado de la gente. Si el sistema la cansa, habrán vuelto a ganar. Si el pueblo se mantiene firme, las manipulaciones rebotarán. Señal de una democracia que va creciendo.

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Tácticas de guerra sucia para una investidura sin pueblo

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Las mentiras de los medios significan algo. Por ejemplo, que no las tienen todas consigo para justificar la Gran Coalición. Se esfuerzan. Convencerán a algunos. Otros, nos indignamos cada vez más.

Algunos llevamos al menos cuatro meses planteando que el sistema tiene un plan. Esto no significa que le salgan las cuentas -nunca se puede planificar todo- pero que lo van a intentar es seguro. Y en ello están. El plan, cuyo objetivo es una gran coalición entre el PSOE y el PP más las muletas que se presten, pasaba, en primer lugar, por presentar un empeoramiento de las condiciones políticas,sociales y económicas de España. Ese situación de “emergencia” justificaría, por el bien de España, que todos los partidos hicieran “lo que demanda la ciudadanía”, dejaran de lado “las ideologías partidistas” y antepusieran a España por encima de cualquier interés personal.

El primer paso era un gobierno independentista en Cataluña. He de reconocer que cuando las CUP votaron en contra de Artur Mas pensé que este país había dado un salto de gigante y se le paraban los pies a los poderosos a la primera de cambio. La alegría duró poco, y finalmente los independentistas de izquierda terminaron dando su apoyo a los independentistas de derechas, concluyendo que cuando lo nacional entra en el campo gravitatorio de las ideologías pesa más que la lucha de clases. Ya había un gobierno que iba “a romper España” y la primera parte del chantaje político estaba servida. La segunda tenía que venir por un empeoramiento económico, algo fácil de construir. No olvidemos que gente como Luis de Guindos viene de ser uno de los máximos responsables de Lehman Brothers en Europa. Una llamada tuya bastará para condenarme. La otra cara es el miedo: si hay un cambio de políticas, todo irá a peor. La famosa retórica de la reacción que invita a dejar las cosas en su sitio.

El gobierno de gran coalición tenía dos problemas más. Uno muy personal: las suertes particulares de actores individuales con mucho poder. Ahí estaban Mas, Rajoy y Sánchez. Por eso vengo hablando de la película de Aldrich 12 del patíbulo, soldados condenados a la pena máxima que no dudan en ejecutar una misión suicida a cambio del indulto porque ya están muertos. Mas ya ha caído y es indudable que los otros miran asustados su rodante cabeza. Es la parte abierta de este juego: qué harán imprevisibles actores que pugnan por su vida. Rajoy intentó forzar elecciones usando al rey negándose a intentar formar gobierno. En elecciones anticipadas el PP no tenía otra que mantenerle de candidato. Ya han saltado las voces dentro del PP diciendo que Rajoy tiene que dimitir. De cajón: Rajoy dimite, carga con todas las culpas de la corrupción -no en vano él nombró a Bárcenas-, el PP se abstiene en un gobierno PSOE-Ciudadanos y lo ofrece a la ciudadanía como un sacrificio por España y catarsis por sus muchos errores. Legislatura corta -por alguna reforma constitucional- y en dos años regresan como si aquí no hubiera pasado nada. Pero Rajoy se niega porque pasaría a la historia como el peor Presidente de la democracia. Y quedaría marcado por la corrupción, cuando Aznar fue mucho más responsable que él de tan feo asunto.

Sánchez se puso en marcha con los palos en las ruedas que le ponían los barones. Les sorteó con un falso referéndum en las bases -donde la pregunta no se sabe qué preguntaba-, pero sus consejeros le dijeron tras esa victoria: no tientes la suerte, que el Comité Federal es el que tiene que aprobar lo que hagas. Y asumió lo que querían los barones: echarse en brazos de Ciudadanos. Queda por ver si Rivera no pedirá en un segundo momento a Sánchez el mismo sacrificio que le pide a Rajoy: que se vaya a su casa. Eso sí, todo por el bien de España. Es decir, de Ciudadanos y Rivera, la etiqueta blanca de la derecha de siempre. Todo este viaje para lavarle la cara a los responsables del deterioro democrático de nuestro país. Gracias a la estúpida colaboración del PSOE. Patétito. Vuelve Rubalcaba.

Quedaría frenar a Podemos. Que ha demostrado con claridad que al PSOE le habla de tú a tú y eso enferma a la aristrocracia del bipartidismo. La diferencia de votos apenas es de 300.000 sufragios. Y el poder de Cebrián no sirve para solventar esta “dificultad” democrática. Y eso que no han podido votar los emigrantes. Intentan resucitar la idea de la pinza (cuando el PP y el PSOE llevan 20 años votando juntos todo lo relevante, incluida la reforma del artículo 135 de la Constitución, no someter a referéndum la monarquía o el TTIP), al tiempo que hacen una pinza rosa y naranja a la que invitan incluso al PP. La pinza que se inventaron en los noventa para ocultar que Felipe González se negó a gobernar con Anguita y prefirió hacerlo con Pujol. Sí, con Pujol. Tanta caradura sólo es posible en un país que no tiene unos medios -prensa, radio y televisión- a la altura de una democracia del siglo XXI.

Lo que queda es sembrar la idea de fragmentación interna. Ya lo hacían en el franquismo con los presos. Procuraban sembrar la discordía con el único interés de quebrar su voluntad. Mentiras para enfrentar a los luchadores contra la dictadura. El problema es que estamos en democracia, aunque la estrategia sea la misma. Podemos va a estar siempre en crisis. Cuando deje de estarlo se habrá oxidado. Y algo de responsabilidad le corresponde a la ciudadanía: tiene que dejar de ver la discusión interna como una señal de debilidad política. Los partidos no son sectas con preceptos dictados por un dios que necesita intermediarios para que nadie cuestione sus mandatos. Aprendamos de los norteamericanos: se matan amigablemente en las primarias y al día siguiente las heridas se cierran porque forman parte de un mismo proyecto político. ¿Discusiones internas? ¡Pues claro! ¿Gente que se cansa? ¡Pues claro! ¡Si la política de partidos es infumable! El trabajo político, cuando es sincero, reclama un sacrificio espectacular. Y muchos desacuerdos. Tantos como ideas. A ver si discrepan las familias y no van a discrepar los partidos. Eso de exigir a la política que se comporten como creyentes de la religión única sólo sirve para infantilizar a la ciudadanía que “no quiere problemas”. Vamos a discutir porque, compartiendo la necesitad de salir del bipartidismo, de superar las politicas de la troika, de atender a las demandas ecologistas, feministas, pacifistas, de reinventar la política, tenemos urgencias diferentes y exigencias diferentes de participación, de colaboración con lo viejo, de confianza en las bases, de sensibilidad ecologista. Vamos a discutir todo y mucho. Lo que en ningún momento debemos hacer es repetir los comportamientos de lo viejo. Ahí es donde tenemos que ser exigentes y estar muy atentos. Si en las disputas internas nos equivocamos -por ejemplo, en la discusión territorial-, la herencia de lo viejo nos habrá contaminado. Y ahí existe la posibilidad de ser mucho más virtuosos de lo que lo hemos sido hasta ahora. Hay que repartir prioridades. El enredo parlamentario en el que nos mete el moribundo bipartidismo nos quita muchas energías para este reto pendiente.

Quedan dos meses de guerra sucia. Los líderes de Podemos se odian. Ya. Como en el PSOE y el PP. Eso quisieran. Siguen intentando medir lo nuevo con los patrones de lo viejo. Veo el comportamiento del sistema intentando inventar mentiras para que su plan cuaje y pienso: ¿porque no se traen otra vez a Billy El niño, aquel policía franquista especialista en luchar contra los demócratas? Así, al menos, le podrán echar la culpa a alguien de esa época.

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La cobardía del PSOE, responsabilidad exclusiva del PSOE

15M

El viejo PSOE, evidentemente por la arrogancia que daba la certeza del turnismo, tenía maneras de vieja gloria y no iba mendigando por las esquinas que le hablaran de usted ni exigía a los plebeyos que se quitaran el sombrero a su paso. El nuevo PSOE, dirigido por jóvenes que no han hecho otra cosa en su vida que vivir de ser burócratas de partido, pretenden haber heredado ese privilegio y gritan como monarcas destronados de casas reales centenarias ¡A mí se me respeta! ¡Tengo sangre real! ¡Soy la máxima autoridad de un partido de cien años! Pero en política, el respeto se lo gana uno, y no es un gran pedigrí ser un profundo miedo tembloroso y pretender solventarlo viniendo a decir que vas a renovar tu partido cuando durante los últimos veinte años no has hecho otra cosa que gestionar, urdir o aplaudir las políticas que junto con el PP han llevado a España al actual callejón sin salida.

El 15M no pidió permiso para decirle al turnismo que no nos representaba, de la misma manera que Podemos no pidió permiso para presentarse a las europeas, salir con bien del adelanto electoral andaluz, lidiar sin tener el partido consolidado con las elecciones municipales y autonónicas, ser honestos hasta la médula en las elecciones catalanas donde sólo servía alinearse en el choque de trenes y , finalmente. sacar 65 diputados en las elecciones generales sin pedir ni un euro a los bancos. Podemos nació porque hay millones de españoles hasta las narices de la podredumbre de la política española, de la Gürtel y la Púnica, de la cobertura a los Pujol y Convergencia, de los ERES y los cursos de formación, de la resignación ante los mandatos de unos mafiosos centroeuropeos, de las escandalosas cifras de paro, de nuestros jóvenes emigrados, de las pensiones de miseria, de los 13 millones en riesgo de pobreza y de la pérdida de soberanía de nuestro país, que volvemos a parecer una colonia que empieza en los Pirineos.

Algunos nos estamos cansando de este juego táctico donde nadie, salvo Podemos, ha puesto las cartas sobre la mesa desde el primer momento. Todos andan mareando las fichas en un juego macabro donde primero buscan salvarse personalmente, luego dejar en un lugar cómodo a su partido -porque lo viven como su refugio- y después, si queda algo, ya pensarán en España, que al fin y al cabo es un país recio con un solar firme y el que venga que arree. El PSOE, que ha obtenido el peor resultado de su historia, cree que va a lavar toda su miseria en este juego de la silla donde hablando con unos y con otros cree que va a engañar a los españoles intentando dejar fuera de juego a Podemos y, encima, echándole la culpa. Llevamos unas semanas de declaraciones tácticas en los medios, de requiebros y caídas de ojos, de estiramientos de la Constitución que han puesto en una difícil situación al monarca, de líneas rojas que se desvanecen, de declaraciones de amor donde ayer había devoluciones airadas del rosario de mi madre, de promesas de reforma constitucional donde ayer había camisas rasgadas sólo con pensarlo. Y la ciudadanía mirando y pensando ¿es que estos no van a ser capaces de dejar de marear la perdiz? Si la vieja política sigue con esta comedia de enredo, hay que decir basta.

Sánchez, uno de los doce del patíbulo, anda en su misión suicida no sabiendo si le tiene más miedo al PP, a Podemos o los matarifes de su partido. Dicen que ahora han puesto un poco de calma en la interna, como si los odios del PSOE no traspasaran fronteras y generaciones. Siguen odiando barones y baronesas a Sánchez, pero se han dado cuenta de que ejecutarlo en la plaza pública como venían haciendo es pegarse un tiro en el pie. Pero que quieren su cabeza, la quieren. Precisamente porque Sánchez sigue jugando a seis barajas y no es de fiar. Y en eso igual tienen razón. Y aún hay gente que dice ¡Qué bien está haciéndolo Sánchez que ha sacado un poker de seis ases! La vieja política cuando regresa en rostros renovados, más que farsa se convierte en comedia bufa representada en un vertedero. Y si este país vuelve a cansarse, mala cosa, porque detrás sólo viene decepción.

Sánchez, que tiene si no los días los meses contados si depende de su partido, sólo tiene una tabla de salvación: pactar un gobierno de cambio que le permita a Europa cambiar el rumbo. O correrá la suerte de Zapatero. Ya hemos visto que obligar a Grecia a seguir la senda de la austeridad sólo ha servido para que regrese a la recesión. ¿Quiere el PSOE consolidar el cambio del contrato social en Europa y seguir colaborando en el vaciamiento de nuestra democracia o está dispuesto a tener un poco de coraje? Porque desde Olof Palme no se recuerda un poco de valor en la socialdemocracia europea. ¿Prefiere Sánchez ser el hombre que inauguró en España la gran coalición entre el PSOE y la derecha antes que ser quien intente recuperar el socialismo de la socialdemocracia?

Pactar con Ciudadanos es cómodo para la parte asustada de Sánchez. Es lo que le piden los barones. Es la orden del Ibex 35. Le gusta al Rey y le gusta a Merkel y a Schäuble. Y también a la ciudadanía que ha votado Ciudadanos y PP. Lo ven como un mal menor que dejará las cosas prácticamente en donde están. Desgraciadamente significa para nuestro pueblo una condena: aguantad que aún viene lo más fuerte. Puede encontrar una coartada que oculte ese contorno de Gran Coalición en algún grupo minoritario (¿otra vez el nacionalismo como chantaje y no como identidad de un pueblo?) e incluso, como vienen anunciando, en Izquierda Unida (¿Izquierda Unida apoyando un gobierno del PSOE con Ciudadanos? Me gustaría que ese papelón lo hiciera otra persona que no fuera Alberto Garzón, pero es muy difícil meterse a opinar en la vida de pareja de los demás, sobre todo cuando el amor y el odio caminan por el mismo precipicio).

Es la hora de la gente. No basta decir: he votado, arreglaoslas vosotros. Si volvemos a desentendernos, volverán las oscuras golondrinas. Todo aquello contra lo que protestamos está uniéndose para lograr que nada cambie. Los partidos de la vieja política están llenos de taras y de cobardía. Y el poder, como estamos viendo en Valencia y en Madrid, no va a soportar que levantemos las alfombras. Hay que recordarles que queremos un gobierno de cambio. Que nos estamos jugando un par de décadas de retrocesos. Y que ese cambio solamente puede venir de la mano de un gobierno del PSOE, de Podemos y las confluencias y de Unidad Popular, comprometidos todos con un programa de transformación de nuestro país que cambie el rumbo que nos ha llevado a esta sima. Es hora de que asumamos los retos que se nos han hurtado en estos últimos decenios. Que solventemos las cuestiones territoriales para que dejen de distraernos, que opinemos qué relación queremos con Europa, que regeneremos la vida política y que hagamos saber qué tipo de derechos sociales exigimos. Quieren volver a darnos gato por liebre. Hacen su trabajo. Pero nos toca hacer el nuestro. Los pueblos merecen los gobiernos que tienen mucho más que tienen los gobiernos que merecen.

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