La tercera restauración borbónica

EL REY RECIBE EN AUDIENCIA A ARTUR MAS

Parece que la jugada va asentándose. La Gran Coalición debía tomar, poco a poco, sus contornos hispánicos -diferentes de los germánicos-, que no necesariamente iba a configurarse como un gobierno formal entre el PSOE y el PP. Para llegar a esos acuerdos la democracia española necesita tiempo y desnazificación (algo para lo que el tiempo se está pasando). Aún así, no estaría claro que funcionase. Si el PSOE no ha terminado como el PASOK o el Partido Socialista Italiano es porque el PP, al tener dentro a la extrema derecha, le da siempre oxígeno para que siga pareciendo que es de izquierdas. Aunque sea responsable de haber abierto la puerta a todos los desmanes que ha culminado después el PP (privatización de la sanidad, reforma laboral, especulación inmobiliaria, corrupción, uso de las instituciones del estado en interés propio, privatización de las pensiones, cesiones a Europa). Al PSOE le fue dado cumplir con las exigencias de un país en lucha que desde los finales del franquismo presionaba en una dirección democratizadora. Articuló de una manera cicatera esas exigencias ciudadanas -tenemos el Estado social más débil de nuestro entorno, como ha demostrado Vicenç Navarro- y en cuanto hubo la ocasión, dirigió el desmantelamiento. Alemania siempre ha mandado mucho en el PSOE. Desmantelamiento que nunca se le hubiera permitido a la derecha. Ya vale de decir, pues, que el PSOE trajo el estado social: lo trajo el pueblo y lo perdió también el pueblo cuando dejó de defenderlo delegando la política con el argumento de que habíamos mejorado mucho. El PSOE puso en marcha el estado social con el pueblo apoyando ese cambio, y lo empezó a desmantelar con el pueblo en la calle en su contra, haciendo al PSOE la huelga general que no le había tenido que hacer a la derecha.

El 15-M lanzó el mensaje de que la Constitución del 78 ya no daba más de sí. Bastaron dos preguntas: ¿por qué no me representas? y ¿por qué me excluyes? Porque somos una democracia representativa y, según el artículo 1 de la CE78, un estado social. El “no nos representan” fue tomando en Cataluña cuerpo como  “derecho a decidir”. El pueblo en la calle y la periferia empujando son sinónimos de cambio.

Una vez más, como con Carlos IV, con Fernando VII, con Isabel II y con Alfonso XIII, con una corte corrupta, rodeada de cortesanos ladrones y ociosos, y una ciudadanía expulsada e indignada, se presionó para que la Constitución diera cabida a las nuevas exigencias democráticas. Como con la Constitución de Cádiz se recordó al Rey que la monarquía era un depósito de la nación, como con Isabel II y Alfonso XIII se recordó que la monarquía podía dejar paso a una república (la primera vez que el constitucionalismo español es democrático es en 1931). Como con Fernando VII, los 100.000 hijos de San Luis de la Troika solventaron las cuitas europeas en suelo hispano, e hicieron su parte para que las cosas permanecieran en su sitio mientras el pueblo reclamaba soberanía nacional y popular. Somos, como dice Pérez Royo, el único país que restaura monarquías. El Rey Juan Carlos I tuvo que abdicar, pero ni el PSOE ni el PP quisieron que la jefatura del Estado pasara por un referéndum.  Felipe VI sigue esperando entrar en escena con algo que le permita justificar en el siglo XXI ser rey solo porque pertenece a la familia de los Borbones. Si su padre lo obtuvo con la farsa del 23-F, el hijo lo va a intentar haciendo un tinglado de la nueva farsa en Cataluña.

La única pieza que rompió los planes (los planes en política se hacen siempre, pero no significa que se cumplan) fue el surgimiento de Podemos. La primera reacción fue de sorpresa (tan grande ha sido la impunidad del turnismo bipartidista). La segunda, impulsada por la banca, la creación de Ciudadanos como muleta nueva de lo viejo. Han sido meses de confusión donde las bolas de cristal estaban desajustadas. Tanto que se han repetido unas elecciones.

Pero el poder presiona para que las aguas vuelvan a su cauce. Más sucias y con menos caudal pero a su monárquico cauce. Y vuelven a marcar el futuro con su precisión material. Y los norteamericanos, por fin, contentos. Ya hay nuevo gobierno. El PP se apoya, obviamente, en Ciudadanos. Rivera, que es un mandado, se traga sus palabras gruesas sobre Rajoy, porque Rajoy nunca ha sido solo Rajoy sino una parte del PP enfrentada con otra parte, y obtiene, de momento, una presencia en la Mesa del Congreso que no se corresponde con su magro resultado electoral. El pacto PP-Ciudadanos estaba escrito en las estrellas porque, de no ser así, a Ciudadanos le pasaría lo mismo que a UPYD cuando no entendió que no podía personarse en la querella de Bankia sin que la banca le castigara. El PP necesita igualmente apoyarse en los viejos socios nacionalistas de derechas mientras se ve qué ocurre con las mayorías absolutas (que parecen cosa del pasado). Para ello, da presencia al PNV en la Mesa del Congreso y garantiza grupo parlamentario también al maltrecho PDC, antigua Convergencia. Esos que ayer eran tan malvados, tan independentistas y con los que nadie quería pactar. Y que deciden acordar con el PP porque Unidos Podemos les ha ganado en votos tanto en Euskadi como en Cataluña. Qué flexible es la vieja política. Les ayudan a salir de su deriva independentista y pactan un nuevo acuerdo fiscal (que es la medalla que se apuntará Felipe VI, el pacificador del Ensamble) como solución constitucional falsa a la petición desde abajo del derecho a decidir. Y, seguramente, intentan, en la medida de lo posible, aliviarle los problemas penales que arrastran los Pujol, Mas y compañía. De momento, se cargan al Ministro de la Brigada Político y Social Fernández Díaz.

¿Y qué pinta el PSOE en todo esto? Pues que, por fin, la vieja guardia ejecuta a Sánchez por desobediente y por haber llevado al partido al peor resultado de su historia. Carga con las culpas de que gobierne Rajoy, apela a la responsabilidad nacional para salvar la cara (de aquella manera) y su partido empieza su camino al turnismo -para cuando le toque, que en ese marco siempre termina tocándole-  con su peculiar forma de empezar de nuevo, esta vez con la recién llegada Susana Díaz. Al final, lo que tenemos es una nueva restauración borbónica, después de la de 1876 y la de 1978 (posibilitada por Franco al nombrar en 1969 a Juan Carlos de Borbón su sucesor a título de Rey siguiendo las leyes franquistas), que acalla el movimiento popular que nace del 15-M y que sigue exigiendo una España que deje de ser posfranquista. Una España más joven, urbana, formada, feminista, que se mueve con soltura en internet, que no ve lo de fuera ni con miedo ni con devoción. y que ve a la España de Rajoy, Rita Barberá, Granados y los reyes de refilón en el salón comedor a través de un televisor en blanco y negro con el sonido distorsionado.

Pero eso es solamente el plan de las élites. Porque estamos en una fase final del ciclo económico y queda mucha batalla para no perder todos los derechos sociales ganados desde hace más de medio siglo. Queda por ver si Unidos Podemos completa su conversión en un Frente Amplio que confronte esta conspiración fatigada de lo antiguo y le permita tanto recuperar el millón de votos que se quedó en casa este 26-J como ganar otros dos millones demostrando que tiene un plan diferente, realista, comprometido, audaz y desobediente para España y sus mayorías. Para que la tercera restauración borbónica, vendida como una segunda transición, tenga, por fin, los elementos necesarios de ruptura para que no volvamos a comernos los gatos que quieren poner en nuestros platos los señoritos que quieren quedarse, otra vez, con todas las liebres. Como en aquel  18 de julio de hace ochenta años que hoy algunos no quieren no sólo condenar sino ni siquiera recordar. Por qué será.

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De la Gran Coalición a la Abstención Modesta

debate a Cuatro

Venimos de un fracaso democrático. Las elecciones son procesos de autorización política para formar gobiernos. Si el resultado no se zanja con un inquilino en la Moncloa, es una salida en falso. Si se castigan en el mundo del deporte, en la política también. Toda la ciudadanía saca sus conclusiones. La repetición de elecciones permite pensarse un poquito más las cosas. No pensarlas mejor, sino pensarlas más. Y no todo el voto del 20-D era firme. Una de las características del fin del bipartidismo es la volatilidad del voto. Hasta que la gente organice su rabia y sus humores. Si se quiere fidelizar el voto, todos los partidos, especialmente los nuevos, tendrán que aclarar su pensamiento. Mientras tanto se trata de aguzar el oído para saber qué ha dicho la gente. ¿Hay alguien ahí?

Pongamos que el votante del PP le ha dicho a su partido: me da igual que robes, que mientas, que me humilles y que te rías de mí: te voy a votar igual. Prefiero lo malo conocido a lo bueno por conocer. Tengo miedo y mi miedo es legítimo. Que las cosas sigan deteriorándose así poco a poco que mañana ya veremos. Rajoy lo ha entendido bien y por eso ha logrado, desplegando únicamente el Marca, acallar las críticas internas con su parsimonia decimonónica  y ponerse en posición de espera que para la del loto ya no tiene edad.

El votante del PSOE es plural. Una parte le ha votado quizá por última vez con la nostalgia de algo que se marcha. Como apagando la luz. Otros siguen fieles a ese primer voto. Pero da igual, porque Sánchez ya no puede escuchar a los votantes porque hay un inhibidor de frecuencia socialista en el Consejo Federal que grita al efímero Secretario General: ¡deja que prospere alguna forma de Gran Coalición o de Gran Abstención y carga tú con las culpas por el mal resultado! Y, de paso, por haber sido desobediente. Algo mal visto en los partidos especialmente cuando te han puesto arriba contando con tu lealtad. Sánchez se defiende como gato panza arriba porque sabe que así no solamente está muerto sino que van a envolver su cadáver en una piel de cerdo de Las Dehesas para que su alma vague por la eternidad sin el favor de dios y con el escarnio de las ánimas.

El votante de Ciudadanos anda despistado. Aunque ya venía así de fábrica. Votó a Rivera porque le daba vergüenza votar al PP pero los naranjas terminaron pactando con el PSOE. No ha sido capaz de representar la regeneración porque creció como aluvión sin ningún tipo de filtro y ha terminado pactando con el PP y el PSOE más corrruptos (Andalucía y Madrid. En Valencia, al parecer, no les dio tiempo). Rivera se ha desinflado y su maniobrar nervioso no deja de expresar su pérdida de fuelle.

Iglesias, recordando que la materia prima de Podemos solo puede ser la verdad, ha hablado con claridad. Dirigiéndose a Sánchez le ha dicho: o Rajoy o Podemos o terceras elecciones. Que es una manera de decir: o Rajoy o Rajoy o Rajoy, porque el pacto con el PSOE requiere demasiadas micro negociaciones que lo hace casi imposible, porque el Consejo Federal del PSOE de 28 de diciembre prohibió acuerdos con los morados y los nacionalistas, y porque el PSOE de Susana Díaz, Felipe González, Guerra y Cebrián no van a permitir terceras elecciones.

Ha habido una Gran Coalición de facto de PP, PSOE y Ciudadanos en tres grandes ámbitos: los ataques a Unidos Podemos, compartiendo las mentiras acerca de la inexistente financiación ilegal o falseando el programa electoral intentando convertirlo en un proyecto bolivariano encubierto; el apoyo a las políticas europeas que buscan revertir el contrato social recogido en la Constitución de 1978, con la consecuente rebaja de los derechos laborales, incluido el salario social vinculado al mundo del trabajo –educación, sanidad, desempleo, pensiones, formación-; y la defensa de las instituciones que impiden que España entre con pautas de modernidad en el siglo XXI –la monarquía, el centralismo territorial, la desconfianza ante la participación popular-. Esto marca por dónde debe ir el siguiente gobierno.Porque Rajoy será Presidente y el PSOE terminará absteniéndose.

Unidos Podemos tendrá entonces tiempo para alejarse de la sombra de lo viejo que se ha cernido sobre ellos en estos meses de parlamentarismo cortesano. Y, no menos importante, podrá el músculo que necesita, en la calle y en las instituciones, para que dos millones más de españoles les vean como una alternativa de gobierno en un mundo en franca decadencia.

 

 

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González, Aznar, la guerra de Irak y la investidura (Entrevista en Cuatro)

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Volvemos al escenario anterior a las elecciones: todo sigue igual. Regresa el pasado en forma de fantasmas. De la guerra o de lobistas de brokes iraníes. El mismo bochorno. Pero con unas elecciones de por medio. Felipe González, otra vez, vuelve a los fueros del Ibex 35: que gobierne, en la forma que sea, una gran coalición. Que las elecciones ya lo han perdonado todo. Y toda la basura acumulada de todos estos años que vuelve para recordarnos que no hemos estado a la altura.

¿Cuántos De la Serna iban en las listas del PP? A Cifuentes ya le están estallando casos. Ya veremos si es verdad que sacan las conclusiones prometidas. Aunque quizá lean que el resultado electoral es una patente de corso o una bula de Rouco Varela. La sangre se seca muy pronto. Regresa esa guerra que partió el alma a los españoles y le robó la vida a los iraquíes y, después, a toda la zona. Se demuestra que Aznar mintió para meter a España en la guerra de Irak. Quería que estuviéramos en el mundo “porque no pudimos estar en el Desembarco de Normandía”. Aznar que de joven era falangista y es Presidente de Honor de un partido fundado por un Ministro de Franco que firmó sentencias de muerte. Qué desparpajo. Aznar, Blair o el que era portavoz de Exteriores del PP durante la guerra, Arístegui, no han hecho otra cosa que ganar dinero. Con lo que sea. También con las guerras. Si alguien entra en la cárcel por robar una bicicleta ¿cuánta cárcel te toca por mentir para poner en marcha una guerra que ha costado cientos de miles de vidas? Entre ellas, las de 11 soldados y dos periodistas españoles, Couso y Anguita Parrado.

Trillo y Esperanza Aguirre dicen que no estuvimos en la guerra. Fue en Las Azores donde Blair, Bush y Aznar lanzaron un últimatum mentiroso a Sadam Hussein: entrega las armas de destrucción masiva o invadimos Irak. Sabían que no había armas. Era una excusa de muerte. Llevaban preparando la guerra desde hacía meses. Es lo que ha demostrado el informe Chilcot. Ese que dice Rajoy que no ha leído no vaya a ser que se acuerde que era Ministro de ese gobierno de Aznar y uno de los que votó a favor de la invasión de Irak en el Parlamento Español en un voto secreto. Luego irían a rezar el domingo. Quizá por eso les perdonaron tantos desmanes en estas elecciones. Se habla poco de los medios, pero fueron los que construyeron esa mentira.

Después de la participación española en la guerra (sin el ultimatum no hubiera habido invasión, y sin el apoyo español, solo con Blair y Bush y con el resto de Europa en contra no hubiera tenido lugar la guerra) sufrimos el atentado de Atocha. Si España no participó en la invasión de Irak ¿por qué mintieron Aznar, Rajoy y Acebes diciendo que los autores del atentando habían sido de ETA? Matar sale más barato que robar bicicletas.

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Una fuerza política para llevar a España al futuro (entrevista en El País)

Hay una España que se está marchando aunque aún quiera resistir con maneras tragicómicas. Esa España del Toro de Tordesillas y su barbarie que cita a la tradición como fuente de validez moral; la de Francisco Granados insultando desde la cárcel a la comisión de investigación que le acusa de ser un ladrón con pretensiones de impunidad; la de Rita Barberá refugiada en ese cementerio de elefantes que es el Senado entre calores, caspa y retrechería. Como los ocho millones de votos que ha perdido el PP y el PSOE desde 2008, año que empezó esta crisis/estafa. Y hay otra España que está emergiendo. Que ya tiene cinco millones de votos. Y que tiene que encontrar su propia voz fuera del teatro electoral. Que no busque simplemente representar a España, sino que la ayude a llevarla hacia su futuro.

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http://politica.elpais.com/politica/2016/07/01/actualidad/1467402299_031801.html

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Entrevista postelectoral en Mañanas Cuatro

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Entrevista postelectoral en Mañanas Cuatro. Algunos no quieren dar a Unidos Podemos el tiempo que tuvo el PSOE o el PP en su día. Pero 71 diputados son un ejército al servicio de unas políticas diferentes. Los estudios postelectorales van a demostrar que la España emergente va a gobernar en dos o tres años. Ahora es duro asumir que hay una España que no castiga todo lo que ha robado el PP: es la gente que arrastra mucha cultura del pasado y que mide las cosas con anteojeras. Pero la gente más joven, con estudios, formada, ya ha traído un nuevo país. Ahora empieza otra etapa.

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A la primera no va la vencida

MADRID 08 06 2016 Politica Podemos presenta programa su programa electoral FOTO de AGUSTIN CATALAN

“es el vecino el que elige al alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”

Mariano Rajoy

Una vez más Podemos ha sido rehén del infantilismo y se ha creído las encuestas. Sólo porque las encuestas decían lo que quería oír. Cosas de juventud. Como se ha medido con las expectativas, un resultado que es objetivamente espectacular -71 diputados en la primera/segunda vez que acude a las elecciones- siembra la idea de fracaso. Sin hacer valer que tiene un grupo electoral potente para demostrar su capacidad de ser una fuerza política alternativa. El único que en un par de meses va a demostrar que iba en serio en su lucha contra las políticas de ajuste. Tras mucho repetir que cogían las encuestas con prudencia, al final las han tomado como la palabra de Dios. Y la palabra de Dios, teñida de miedo y de Brexit, ha rugido que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

Estremecen el cielo y el infierno las palabras de Fernández Maíllo, vicesecretario de Organización y Electoral del PP, cuando dice que el resultado electoral exonera de culpa a Fernández Díaz de haber intentado sembrar pruebas contra sus adversarios políticos. De manera que el buen resultado del PP en el Senado zanja las responsabilidades penales de, por ejemplo, Rita Barberá. Y ya puestos, de Granados, que para eso el PP ha arrasado en Valdemoro. Ya no hay Papeles de Panamá, Rato, Fabra, Camps ni la sede del PP ni unas cuantas elecciones han sido financiadas con dinero negro. Los “volquetes de putas” se convierten en bendiciones de la Virgen. Spain is different. Y la democracia se nos va por el desagüe. No es que Unidos Podemos se haya equivocado. Es que hay un país real que sigue rehén del pasado y deprime. Si algo permanece de la idea de las dos Españas es que hay una que vive en el miedo y el egoísmo. Pero como tienen hijos y nietos que sufren las políticas de ajuste, irán dándose cuenta. Falta que vean la alternativa. De momento, el PP ha perdido la mayoría absoluta.

No anda lejos de la caspa el PSOE, que mide su resultado en virtud de las supervivencias internas. Como ha evitado el sorpasso, anda feliz como un niño con zapatos nuevos. Todos mirando a ver cómo quedan en la pelea de dentro. Susana Díaz midiendo cuánto ha sacado a Podemos (aunque la haya derrotado el PP en Andalucía), y Sánchez ahuecándose el cuello de la camisa aliviado aunque haya llevado al PSOE al peor resultado de su historia. Esto de la vieja política de partidos es cada vez más patético. Una España que emigra y otra España que bosteza.

Vengo insistiendo en que no basta adaptarse a lo que la gente quiere para ganar unas elecciones. Eso te hace parecer en exceso táctico, limando constantemente las aristas, negándote a ti mismo a cada instante, y, al tiempo, generando confusión sobre lo que realmente piensas. En el enfado de la ciudadanía hay mucho de rabia contra los excesos del sistema, no contra el sistema. Eso hace ser muy vocinglero y bramar contra los gobernantes. Pero a la hora de la verdad, te das cuenta de que no tienes demasiados argumentos contra los que pensabas que desprecias y que tampoco tienes claro cuál es el modelo alternativo. No te los han dado o no has llegado a entenderlos. Terminas diciendo: son unos hijos de puta pero son nuestros hijos de puta. Te emociona ver al zorro hacer la zeta en la mejilla del Virrey rijoso, pero eso no basta que quieras ver al zorro sentado en la silla del Virrey. Hasta que el zorro te diga realmente quién es y qué quiere hacer con el país. Y desmontar las mentiras que han dicho sobre él requiere tiempo. Cambiar un país no se hace en dos años.

No basta hacer un discurso hueco, adornado con una labia simpar y embellecido con el oropel de las televisiones si no planteas una alternativa clara y, al tiempo, insistes en el problema que tienen los partidos con los que confrontas. Como vengo insistiendo, si no das herramientas para movilizar a tus votantes, tus votantes no se van a movilizar. Los dos partidos que no han criticado a las fuerzas contra las que peleaban no han sacado el resultado esperado. Ciudadanos criticaba solo a Rajoy porque si criticaba a al PP pensaba que no le iban a votar. Y ahí está el resultado. Podemos hacía lo mismo con el PSOE, evitando criticar al partido para ganar a sus votantes, limitándose a criticar a la dirigencia. Dando a veces la sensación de que lo que realmente querría es ocupar el lugar del PSOE, sin entender que el PSOE forma parte de un mundo que pertenece ya al pasado. El rizo lo ha completado la campaña electoral, que buscaba ser una suerte de PSOE punto dos. La transversalidad no es regresar a la conciencia de ser muleta del PSOE ni ponerse ropas que recuerden al 82, sino poner con palabras nuevas el discurso de la emancipación que afecta a las mayorías en este tiempo de hegemonía neoliberal. De nada sirve la idea brillante de hacer un catálogo de IKEA si eso no sirve para dejar claro cuál es tu modelo de país. Les entusiasma la idea del catálogo, pero quieren ver cómo queda el mueble montado. O verte con las herramientas en la mano –aunque sea llave alen- apretando turcas. De nada sirve una campaña de sonrisas si no estás con las víctimas. Y si no le muestras los dientes a los culpables concretos de los dolores concretos. Al miedo no lo vences presentándote como un león enjaulado, sino ganando a la gente para tu ejército.

El mito de las dos Españas solo ha servido para justificar el autoritarismo de una minoría contra las mayorías. Pero hoy es cierto que hay una España mayor, socializada en el franquismo, rehén del miedo, con una idea muy débil de lo que debe ser la ciudadanía (me da igual que los políticos roben si a mí me va bien) y que se moviliza contra cualquier cambio; y otra España emergente que espera -me temo que no siempre de manera activa- una política que se parezca a ellos. Esta España más fresca se ha cansado del espectáculo estrictamente parlamentario de los últimos meses -hasta las actividades de calle de Podemos han sido parlamentarias-, de los debates desdentados, de la falta del coraje que te cuenta que debes formar parte de una pelea dura porque te estás jugando un país. Y han desertado del voto mientras que las personas mayores, con el miedo acrecentado con la salida del Reino Unido de la Unión Europea, han vuelto a colgar en su salón el bordado que dice “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

Los medios siguen queriendo domesticar a Podemos. Y van a intentar convertirlo en una muleta del PSOE. Lo de siempre. Por eso quieren decir que Pablo Iglesias es responsable único de un resultado espectacular que solamente es malo si se le mide con las expectativas de las encuestas-trampa. Olvidan que toda la Ejecutiva apoyó la confluencia con Izquierda Unida. Y que las bases apoyaron de manera contundente, con el 98%, esa confluencia. Y que nadie –tampoco Íñigo Errejón, como quieren presentar algunos medios- se puso del lado del 2% que estaba en contra de esa confluencia. Y que de no haberse presentado juntos el resultado hubiera sido aún peor. El problema no está en la confluencia, que va en el camino correcto, sino en entender qué ha fallado para que votantes que apoyaron a estos partidos hayan decidido no hacerlo en estas elecciones.

Los partidos políticos son instituciones cada vez más caducas, y en el siglo XXI vamos a caminar hacia formaciones más “líquidas”. El futuro del espacio antaño llamado izquierda va a ocuparlo una suerte de Frente Amplio donde Podemos va a ser la nave nodriza pero solamente eso. De manera que la confluencia con IU va caminando en la dirección correcta. Ahora bien, esa nostalgia de IU por lo pretérito es excesiva. Dice Ortega que los españoles somos un pueblo extraño que proyecta las esperanzas hacia el pasado y no hacia el futuro. De manera que IU, muy española, insista en demasía con lo que fue, sus símbolos, palabras, análisis, referencias, lemas, banderas, historia. Un mundo del trabajo que ya no existe. Y una gloria que fue derrotada. No está mal que exista ese espacio, porque hay gente que se ve reflejada en ese ámbito. Pero choca con la construcción de un discurso que es transversal cuando apuesta por lo nuevo frente a lo viejo y lo de abajo frente a lo de arriba y no cuando regresa al espacio confuso de “izquierda y derecha”.

A Podemos le falta calle. Le falta movilización popular, identificarse en los problemas sociales, estar con las protestas laborales, discutir más con los sindicatos, con los estudiantes, con los dependientes, con las mareas, con los autónomos, con los damnificados de las multinacionales. A Podemos le hace falta menos ser brillante en la televisión –ya lo es de sobra- y más ser útil para la gente en la calle. Por eso mucha gente no ha entendido la firmeza a la hora de no ceder a un gobierno de Rivera presidido por Sánchez. Aunque Sánchez mienta y diga que iba a poner en marcha un gobierno de izquierdas. Porque hoy ya estaría justificando los recortes con la excusa de los 8.000 millones que esta misma mañana estaría reclamando Bruselas. Si Podemos se mimetiza con los demás partidos, va a ser medido como los demás partidos. Y Podemos se ha mimetizado. En la tediosa discusión parlamentaria para formar gobierno, en el tedioso debate a cuatro, en la estricta presencia parlamentaria, en la falta de originalidad en la organización interna. No se trata de ser izquierdistas sino de ser originales.

Los que quieren que Podemos sea muleta del PSOE dicen que el resultado es un fracaso de Pablo Iglesias. Insisto en que toda la Ejecutiva es responsables del resultado, especialmente los responsables de campaña. Y ni Pablo Iglesias ni Íñigo Errejón tienen que dimitir. Eso es lo que quisieran los que saben que Podemos es muy probable que gobierne en las próximas elecciones si es capaz de corregir sus errores. Felipe González perdió en 1977 y en 1979. Aznar perdió en 1993. Rajoy en 2004 y en 2008. Volvieron a presentarse y ganaron. Los paniaguados del bipartidismo piden dimisiones porque saben que Podemos es la única fuerza que va a hacer valer los intereses de la mayoría. Y que saben que Pablo Iglesias es uno de los políticos con mayor fuerza y preparación de la historia reciente de España. El PSOE va a demostrar a partir de ahora que una cosa es predicar y otra dar trigo. La socialdemocracia europea piensa que el trabajo estable es una reliquia del pasado, negocia el TTIP con los Estados Unidos y está de acuerdo con las políticas de austeridad. Son los mismos que quieren ejecutar a Jeremy Corbyn en Gran Bretaña porque les parece un radical y que presenciaron alegres cómo azotaban a Grecia por ser rebelde. En cuanto el PSOE demuestra quien en verdad es –algo que siempre oculta en las elecciones- aparecerá Unidos Podemos como la única fuerza que puede representar los intereses de la mayoría. Sólo falta que haga un ejercicio de madurez y, pasadas las elecciones, pase a hacer política en serio. A partir de ahora, lo que le toca es crecer.

 

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Para jueces y fiscales, toda la independencia que les niega el PP

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En campaña ya sabemos que casi todo vale. Aún más cuando andan los paniaguados del bipartidismo preocupados por que se les termina la impunidad de estos últimos años.Hay que estar atentos, porque si te descuidas dirán que has dicho lo que no has dicho. Y lo que pienso sobre la tarea de los jueces lo tengo claro desde hace mucho tiempo. Y ya va siendo hora de que la independencia judicial sea un hecho. Y los gobiernos y los partidos deben estar lejos de poder influir en la fiscalía, en el Consejo General del Poder Judicial y en los demás órganos del poder judicial.

Al PP se le están acumulando los juicios y la guardia civil investiga muchos casos de corrupción vinculados al partido de gobierno. Entonces es cuando sale Cristina Cifuentes a extrañarse de que los jueces hagan su trabajo, desde el PP señalan a los jueces que les acusan de que han pagado su sede con dinero B o  Hernando dice que el juez de La Mata les persigue porque es socialista. No porque sean algo que cada vez se parece más a una organización para delinquir. Que le pregunten a Bárcenas, a Rita Barberá, a Cotino, a los de Acuamed, a Correa, a Granados, a Ignacio González, a López Viejo, a De la Serna, a Arístegui, a Fabra, a Camps. Por nombras los que son inmediatamente reconocidos.

Al mismo tiempo, la guardia civil sigue investigando la red Púnica, la Gürtel, Acuamed e, incluso, se ha visto obligada a registrar la sede del Partido Popular en la calle Génova. Será por esto que el Ministro del Interior, no cualquier otro miembro del PP sino el mismísimo Ministro del interior, siembra sospechas sobre la guardia civil. El mismo que se reúne con Rato o tiene a sus órdenes comisarios que pasan pruebas falsas al periodismo pantuflo para incriminar a Podemos. Más de 200 llamadas de teléfono. Las instituciones al servicio de un partido político.

Así que ahora que el PP insulta a la guardia civil y los jueces -le debe parecer poco haber colocado de Presidente del Tribunal Constitucional a una persona que tenía carnét del PP- es hora de decirles que en Unidos Podemos van jueces independientes y guardias civiles independientes que están esperando un gobierno que no se inmiscuya en las tareas de estos cuerpos y que garantice el pleno cumplimiento de la Constitución. Y lejos de criticar la tarea de jueces, policías y guardias civiles cuando cumplan con su trabajo, el gobierno de Unidos Podemos tendrá como una de sus misiones garantizar que todos los que han robado, han prevaricado, han envenenado el agua, han hecho campañas con dinero negro, han financiado sus sedes con dinero negro, han pagado sobresueldos con dinero negro, han recibido financiación contratando de manera ilegal con empresas, han beneficiado a sus empresas amigas con dinero público, han pagado sobre precios a cambio de mordidas, etc, rindas cuentas ante la ley y terminen, si así lo determina la justicia, en la cárcel, sin beneficiarse de indultos y haciéndose todo lo posible para que devuelvan lo robado. Jueces, policías y guardias civiles al servicio de la mayoría, haciendo que se cumplan las leyes y sin entrometimiento de ningún partido. Lo que debe ser en un país desarrollado.

Porque alguien tendrá que garantizar el orden y la Constitución en este sálvese quien pueda en el que el PP quiere convertir España.

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Un debate desdentado

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A los debates desdentados les pasa como al Circo del Sol: lo predecible puede terminar matando al virtuosismo. El primer debate en un bar entre Iglesias y Rivera, que abrió gracias a Jordi Évole la puerta a una manera diferente de discutir políticamente, ha dejado paso de nuevo a las reglas de los burócratas de la escena, a los acuerdos previos, al acotamiento del espacio, a la dictadura de los directores de campaña que prefieren matar de aburrimiento antes que jugarse nada en un imprevisto.
Este único debate a cuatro en estas elecciones (señal de que nuestra democracia todavía es paleta y sigue permitiendo que existan políticos que no rindan cuentas mediáticas) ha parecido más una primera toma de contacto que un debate en toda regla. ¿No sería sensato que hubiera ahora un segundo? Pero esto es clamar en el desierto. Rajoy no quiere y obtiene más rédito no arriesgando que cumpliendo con el mandato democrático del debate. A fin de cuentas ¿quién se lo va a reprochar? Dio ruedas de prensa a través de una pantalla de plasma y ganó las elecciones.
Quizá lo único interesante del debate de ayer fueron las intenciones con las que cada contrincante preparó su intervención, desentrañar qué buscaban , cuáles fueron las decisiones que tomaron para enfrentar el debate, más allá del resultado final que ha aburrido al común de los mortales y ha apagado una vela en el altar de la reinvención de la política.
Rajoy llegó dispuesto a rescatar, una vez más, al soldado Sánchez. No sabemos qué encuestas manejan, pero deben de dar muy arriba a Unidos Podemos. Lo más sorprendente de la intervención del Presidente del Gobierno en funciones fue el ninguneo exagerado a Pablo Iglesias, a quien las encuestas dan como la segunda fuerza política en España. Rajoy quiere recuperar el bipartidismo turnista en el que se siente tan cómodo, contando con que una Gran Coalición es una garantía de que su partido no lo va a defenestrar, al tiempo que la buena sintonía con Sánchez impediría el escenario buscado por Soraya Sáez de Santamaría y otras gentes, donde la dimisión de Rajoy daría paso a un gobierno de coalición que pudieran justificar con sus bases.
Sánchez sigue empeñado en no salvarse a sí mismo. La única forma de recuperar votos pasaría por dejar claro que apoyará a un gobierno de cambio, pero se le atragantaba en la boca el sí, y cuando fue interrogado por Iglesias para que se expresara con claridad sobre un futuro gobierno Unidos Podemos-PSOE, apenas le salió una risa falsa que seguramente deprimió un poco más a sus votantes. Decidió confrontar más con Iglesias que con Rajoy, y para lo único que sirvió fue para que el gobierno del PP, el mismo que está señalado por el envenenamiento del Ebro, robar dinero de la visita del Papa o de la ayuda a la cooperación, romper a martillazos los discos duros de Bárcena, tener a todos sus tesoreros imputados, ver desfilar por la cárcel o los juzgados a buena parte de sus más preclaros líderes, haber puesto en peligro las pensiones futuras, añadir al acervo de frases políticas europeas la expresión “volquetes de putas”, empeorar el empleo, aumentar el número de mujeres asesinadas o manipular las instituciones -desde la policía a la judicatura pasando por la agencia tributaria-, se fuera de rositas. Sánchez parecía un galán en decadencia rehén de una vieja gloria de la que ni siquiera llegó a formar parte. Y que recurrió a la chabacanería cuando quiso hacer sangre con las querellas de Manos Limpias contra Podemos -todas las causas archivadas judicialmente- justo cuando dos de los últimos Presidentes del PSOE -no sólo de Andalucía- se sentaban en el banquillo por delitos graves con dineros públicos, y el responsable de las querellas está en la cárcel.
Rivera pescueceaba y daba cabezazos para hacerse un hueco en el barrio. Interrumpía y repetía el comportamiento impertinente y vulgar como cuando se sintió a sí mismo sembrado diciéndole a Iglesias en el programa de Évole “Maduro, Maduro”, para apostillar la afirmación del líder de Podemos de que hacía falta madurez social. Desinflado por el mal comportamiento electoral el 20D, los que financiaron a Ciudadanos para que fuera la muleta del bipartidismo están prefiriendo los originales y el brillo de Rivera regresa al lugar que tenía durante los diez años que hizo política en Cataluña.
Iglesias seguramente ganó a los puntos el debate, prácticamente empatado con Rajoy. La voluntad de aparecer como presidenciable le llevó a limar cualquier agresividad, pero un debate sin confrontación es como un combate de boxeo sin ganchos. No le sientan bien las jaulas a Iglesias y no queda claro que los indecisos vayan a encontrar razones en este debate para decantar su voto. Fue capaz de colocar con claridad la idea que hay dos bandos: un gobierno de gran coalición en cualquiera de sus formas, o un gobierno de cambio entre el PSOE y Unidos Podemos. Aunque Sánchez, con toda seguridad, deberá ser en esta ocasión Vicepresidente al haber dejado pasar el tren de diciembre.
La situación de impasse no se ha roto. Rajoy sobrevive, Sánchez agoniza, Rivera sigue queriendo ser la muleta que antaño fueron CiU y el PNV e Iglesias insiste al PSOE en que busque con él una cuarta socialdemocracia después del fracaso de la tercera vía de Blair, González y compañía. Pero el cansancio ciudadano no se ha ido. Y si no hay emoción en las televisiones, habrá que inventarlo en las calles. Quedan menos de dos semanas.

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Si el PSOE se atreve, Podemos tiene el cómo

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Ni un euro de gasto que no venga señalado de dónde se saca. Sin desmesuras, con responsabilidad pero también con coraje. Podemos ha presentado un gasto social acorde con el pacto que le brindó al PSOE: se reduce en 36.000 millones para dejarlo en 60.000 millones de gasto fiscal en el conjunto de la legislatura, es decir, 15.000 millones por año. La rebaja irá a gastos militares y gastos supérfluos, no gastos sociales. No es algo deseable rebajar el gasto social en tiempos de baja demanda, pero sabemos que el PP nos deja una deuda con Europa que van a exigírnosla el lunes siguiente a las elecciones. Puedes hacer como Rajoy y mentir. Pero este país ya no aguanta más mentiras.

Sólo hay seis sitios claros de donde sacar el dinero, además de generando empleo de calidad (que es una de las más relevantes reformas desde una perspectiva emancipadora): en primer lugar, recortando más derechos sociales y laborales o vaciando los ahorros públicos (el PP ya se ha comido la mitad de la hucha de las pensiones). Es la apuesta del PP, de Ciudadanos y, lamentablemente, del PSOE. En segundo lugar, de las empresas públicas, pero las vendieron prácticamente todas. Si Telefónica, Iberdrola y demás fueran hoy estatales, podrían estar financiando el gasto social, En tercer lugar, acabando con el fraude fiscal, las amnistías y los paraísos fiscales. Como cuarta medida, incrementando los impuestos. Pero haciendo que paguen los más ricos -que, además, son los que reciben más subvenciones-. No se trata de seguir cargando las subidas de impuestos sobre las espaldas de las clases medias, de los autónomos, de los pensionistas y de los trabajadores en general. Se trata de que pague más la gente que gana por encima de 60.000 euros, que son apenas el 5% de los españoles ¿No es sensato subir del 45% al 55% y en tramos progresivos para que los que más tienen más paguen?  En Estados Unidos, en los tiempos de mayor bienestar social, los ricos llegaron a pagar el 94% de sus ingresos. En esta dirección, se debe también subir hasta el 30% el impuesto de sociedades (y debe ser real, no que se convierta en un 5 o 10%. El 10% más rico es además quien se come el 30% de las subvenciones), así como recuperar impuestos sobre donaciones, transmisiones y patrimonio. Por último, hay que retrasar el pago de las deudas con Europa. Que para eso somos socios y los socios se ayudan entre sí. En 2016, bajaremos el déficit hasta el 4,3% (en vez de hasta el 3,7%: sus prisas no pueden ser nuestros estancamiento). El horizonte es bajarlo al 2.1% en 2019. Si no nos dejan crecer es imposible que podamos pagar.

Añadamos que queremos recuperar como banca pública la banca que hemos rescatado (Mare Nostrum y Bankia), que se va a poner en marcha un plan de transición energética con un coste de 4000 millones de euros y 400.000 puestos de trabajo. La reforma tributaria genera 38.000 millones. El incremento de la actividad económica que se pondrá en marcha, suma 14.000 millones. Y el aplazamiento del pago del déficit aporta otros 8.000 millones. Los 60.000 millones de gasto que se proponen. Claro, no hay para Gürtel, Púnica, aeropuertos sin aviones, autopistas sin coches, Fabras, De la Serna, Acuamed, Bárcenas, sobresueldos, más sobresueldos, pagos en diferido, sedes del PP, pagos en negro de campañas electorales, Taulas, Ritas Barberá, Cotinos y demás pequeños gastos de esos sacos son fondo que se han comido buena parte de nuestra democracia. Pero después del 26-J, esperemos que estén fuera. Si se atreve el PSOE.

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Aznar amenazando, Granados en la cárcel: mañanas Cuatro (3/06/16)

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Granados puede ser tan arrogante desde la cárcel, aunque le hayan pillado con bolsas para congelados llenas de joyas o con algún millón de euros en un armario o con terrenos recalificados para las escuelas concertadas y segregadas de Wert porque el Secretario General de su partido, el Presidente de nuestro Gobierno, le mandó un sms a un presuntísimo delincuente, que era el Tesorero de su partido, diciéndole por dios, amiguito, aguanta y no hables. “Luis sé fuerte”.

Dicen que es un escándalo que alguien que está parado y no recibe prestación alguna haga una chapuza y cobre en black. ¿Alguien se extraña que la Reina consorte le diga a un beneficiario de las tarjetas black de Bankia que España no está a la altura de tan importantes personajes? Por mi parte, ando convencido de que, con todo lo que sabemos, votar al PP en las elecciones de junio no deja de ser una muestra de apoyo a tanto desmán, una suerte de colaboración necesaria a través de las urnas que construye esa impunidad que muestran los que han estado robando todos estos años.

En las elecciones de junio todo el mundo tiene un poco más de información. De manera que el voto va a significar mucho más que en otras elecciones. Y por vez primera en mucho tiempo, vamos a poder elegir a un gobierno que pueda de verdad cambiar las cosas.

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