Tareas de Podemos: ¿competir con el PSOE? o cuando los que faltan es que no están

http://static.t13.cl/images/original/2016/11/1478114056-90798800gettyimages-493665486.jpgDesde la Tercera Vía de Tony Blair y el desmantelamiento industrial de Felipe González, la diferencia entre la socialdemocracia y la derecha conservadora sólo depende de lo brava que se ponga la derecha. Cuando activa su chip neonazi, hasta Jesús Gil o el príncipe Harry podrían pasar por bolcheviques.

Ha sido tanta la cesión y tan cobarde la izquierda socialdemócrata, que se ha convertido en un lugar común decir “es que la derecha está tan bárbara que hay que ceder para que la cosa no vaya a peor”. No vamos a recordar momentos históricos que demuestran que a la bestia no se la frena cediéndole territorio. Sirve venir al presente, y ver los efectos con Trumo en Estados Unidos o en Francia con Fillon y Le Pen. Si juegas a parecerte a la derecha, la gente prefiere al original. Entonces, sólo te quedan los matices.

Si Podemos se pone a competir con el PSOE, no tendrá mucho más espacio que disputar matices. Y dejará de entender que puede ver mucho más lejos.

Porque también viene de lejos. Precisamente de cuando la socialdemocracia empezó a tirar la toalla al empezar el modelo neoliberal a triturar lo ganado después de la Segunda Guerra Mundial.

Podemos, aunque esté en un proceso de primarias, tiene que recuperar un discurso honesto y sincero. Sería hipócrita decir “venimos del 15M” o insistir en que quiere volver a los orígenes y, al tiempo, olvidar aquello que gritaban las calles de “PSOE y PP, la misma mierda es”, una frase repetida aquellos meses que no siempre hacía honor a la verdad pero que permitió que se abriese un nuevo espacio político. O una cosa o la otra. A no ser que queramos tratar como idiotas a los inscritos y votantes de Podemos. Y, auguro, no se van a dejar.

Podemos nació porque había un espacio sin representar, millones de españoles que se habían cansado de votar con la nariz tapada. No tiene mucho sentido pretender hoy convertir a Podemos en un remedo del PSOE. Por cierto ¿de qué PSOE? Evidentemente, no del de la cal viva, porque Podemos es un partido de orden y progreso y esas cosas no las hace. Que Antonio Machado emigró a Francia y murió allí con su familia, y Lorca falleció en Granada porque la gripe del 36 vino muy mala. Pobre Podemos que renunció a la memoria histórica porque podía quitarle votos. Entonces, si el objetivo es hacer guiños al PSOE ¿se va a dedicar Podemos a construirle una historia adecentada a Felipe González, Zapatero, Rubalcaba y a la Gestora?

Aún menos sentido tiene decir que no se quiere hablar del PSOE para, a continuación, decir que lo que tiene que hacer Podemos, en nombre de la institucionalidad, es ocupar el espacio del PSOE. Por ser más claro: del PSOE que, en su debacle, ha decidido llevar a sus votantes a un espacio de viejo orden que prefiere la injusticia al desorden. Es decir que, como ha dicho el Presidente de la gestora, un PSOE que no cuestiona, ni siquiera por los azares de la historia, la barbaridad de haberle regalado al PP el gobierno de la nación.

Podemos no puede ser un partido nostálgico. Porque es un instrumento para mejorar la vida de las mayorías, no para mejorar la biografía de sus fundadores. Tiene la obligación, que se marcó desde su nacimiento, de representar a las mayorías con voluntad de cambio. Sin etiquetas, sin carnets, sin mochilas, pero con voluntad de cambio. Da igual lo que hayas votado, pero votar a Podemos implica algunos compromisos. Para votar humo la gente tiene a Ciudadanos. Podemos necesita, de momento, tres millones más de votos. Claro. Pero no se trata de buscar a las mayorías sin más, diciendo “pueblo”, “patria”, “alegría”, y esperar que venga un genio escondido en una lámpara a regalarte los deseos. Esa mayoría de cambio hay que trabajarla.

Los que faltan tienen que estar dispuestos a transitar hacia espacios donde haya mayor luz democrática. Porque de lo contrario, no están. No interesa la mayoría silenciosa, sino la mayoría silenciada. A la que hay que dar voz. Demasiado aluvión interesado recibió ya Podemos en sus orígenes. La transversalidad no puede ser adaptarse a un cuerpo social estático, sino a ese cuerpo social que supo romper con la inercia del bipartidismo. Si la transversalidad no se convierte también en una herramienta pedagógica, es mero oportunismo (me aterra pensar que algunos jóvenes que han nacido al pensamiento en España en los últimos tres años no tengan herramientas intelectuales adecuadas, confundidos con la transversalidad hueca y con un discurso donde han desaparecido categorías clave para explicar el mundo). Y tiene sentido, porque esa transversalidad oportunista busca tratar a la gente, de la que desconfía, como menor de edad. Es lo que está corriendo hacia la derecha a todo el arco político francés. El miedo infantiliza. En los orígenes de Podemos, fue al revés: fue la gente, en las calles, en las plazas, la que le dijo a la política que estaba hasta las narices de que la trataran como menor de edad.

Una oposición útil es la que tiene detrás un pueblo útil. El pueblo indignado que ha obligado a un juez a reconocer la dación en pago, a Bruselas a prohibir las cláusulas suelo, al Parlamento a empezar a caminar para impedir la pobreza energética. Para Podemos, los sillones son circunstanciales, herramientas para mejorar la vida de la gente, no la vida propia. Ni el PSOE ni el PP ni Ciudadanos quieren calle. Sólo Parlamento. Por algo será. Los medios de comunicación quieren un Podemos que sea muleta del PSOE. Y van a celebrar cualquier Podemos domesticado o que pueda ser utilizado como cuña. También celebraron a Alberto Garzón hace un año como el gentleman de la izquierda verdadera. Pensaban que así debilitaban a Pablo Iglesias. Hoy, Garzón, con criterio propio ayer y hoy, vuelve a ser una diana de los mismos que le ensalzaron. Como le ocurrirá a cualquiera que desafíe realmente el bipartidismo. Si Pablo Iglesias regresara a la universidad, los ataques que sufre se traspasarían de manera idéntica y con la misma virulencia al sucesor o sucesora.

Podemos decidió saltar de la calle a los ayuntamientos y al Parlamento porque entendió que faltaba la palanca de las instituciones. Hoy sabemos que ningún cambio real va a tener lugar si no está la calle recordando la obligación de convertir las necesidades en derechos. No hay contradicción entre la calle y las instituciones. La única ruptura que amenaza es la de los grupos humanos que conforman Podemos. Lo que demanda el pueblo consciente, ese que protagonizó el 15M, el que impulsó el nacimiento de Podemos y le concedió cinco millones de votos, es la unidad. Diversidad y pluralismo, el objetivo. Unidad, el camino. Por fin Podemos va a empezar a hablar de política.

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La mató porque era un poco puta

En la España democrática, por fortuna, nadie puede decir que una víctima del terrorismo recibió un tiro en la nuca porque se lo había buscado. Saltaríamos con la indignación a punto de reventar en el cuello. Nadie entendería cualquier rebaja de responsabilidad de un asesino endosándole a un guardia civil, un militar, un político o un niño que pasaba por ahí culpa alguna en su muerte. En esa esquina del dolor algo hemos avanzado.

Sin embargo, día tras día, hay necios que escriben con puñal que se atreven a decir que a las mujeres asesinadas les cabe su parte de culpa en su muerte. Amparados en ese lugar que entregan los anuncios a las mujeres, en ese humor repartido en bares y dormitorios sobre las mujeres, en esa ausencia en grandes empresas, iglesias, rectorados, generalatos, secretarías generales, de mujeres. No puedes tuitear sobre asesinos de la dictadura pero puedes echar palas de estiercol sobre los cadáveres de las víctimas del machismo.

Algunos matan a las mujeres dos veces. Hoy, otro sucedáneo de escritor ha vuelto a vomitar -y unos cuantos periódicos, algunos financiados con esos dineros que no quieren fiscalizarse, se lo han publicado – que hay mujeres asesinadas que, en verdad, lo que han hecho ha sido suicidarse.

Escupe Manuel Molares, comentando el asesinato en Rivas Vaciamadrid con el que empezamos dolorasemente el año, que ” Mujeres así se convierten voluntariamente en esclavas sexuales de posibles asesinos. Los siguen suicidamente por el placer físico que les proporcionan”. Por si no queda claro, lo titula así: “Víctimas de su sexismo”. La mujer asesinada en Rivas se lo merecía, porque era “estúpida”. Asesinada y asesina.

Hay algo quizá aún más terrible en estas opiniones indignas y contrarias a la convivencia democrática: la negación de fondo de que una mujer que decide necesita un castigo. La basura que escribe Molares se asienta en una idea extendida que reposa en la cotidianeidad de nuestras sociedades: las mujeres no pueden tener la libertad de los hombres. Una mujer que toma decisiones sobre el placer sexual tiene que estar dispuesta a cargar con la culpa. Incluido el asesinato. Quien piensa así, es, como se decía después de la barbarie nazi, un asesino de escritorio. Esas opiniones no se amparan en la libertad de expresión, sino en la impunidad de sociedades patriarcales que siguen considerando a las mujeres como se consideraba a los esclavos en la Grecia clásica. Horrorizan. No nos las merecemos.

Y si el título de este artículo no nos escandaliza, tendremos que hacérnoslo mirar.

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¿Quién necesita la basura en el periodismo? Sobre Eduardo Inda y la mentira

El filólogo alemán Viktor Klemperer nos dejó un libro escalofriante acerca de cómo el nazismo convirtió la lengua alemana en propaganda de guerra.  Lingua Tertii Imperii: Notizbuch eines Philologen (1947) repasa, como un diario de notas, la banalización del lenguaje y de las formas en los momentos previos al auge de los nazis. Registrando ese giro en mercados e instituciones, en la radio y en los carteles, veía que la falta de respeto a las ideas alternativas implicaba una voluntad exclusiva de arrastrar al fango al adversario para que, una vez allí, sus ideas no valieran nada. El siguiente paso estaba servido: cuando tus ideas no valen nada, estás a un paso de que venga alguien a decir que tú tampoco vales nada. Pasó lo mismo en España, donde ser declarado “antiespañol” te llevaba a una fosa común, donde te podían fusilar por no ir a misa, haber votado a partidos de izquierda durante la República o ser homosexual. Porque todas esas cosas eran contrarias a la nación española, que era un instrumento de Dios, eterna y en lucha contra los herejes.

Desde que la irrupción de Podemos en el panorama político español ya era un hecho, el nivel de debate televisivo con personas de esta formación ha cobrado repetidas veces tintes que, desgraciadamente, recuerdan esa época. Y está manchando la democracia española. La discusión en los programas donde está el “periodista” Eduardo Inda están alcanzando un patetismo y unas formas que en la academia se explican como “telebasura”. No hay posibilidad de sentarse en los platós a donde esté invitado este personaje con pocos escrúpulos sin que el debate se convierta en un vertedero. Anoche, un catedratico de economía respetado mundialmente tuvo que abandonar La Sexta Noche y el conductor, faltando a la verdad, dijo que era la primera vez que eso ocurría. Ya vamos siendo muchos los que nos negamos a ir a determinados programas si está este sucedáneo de periodista. Somos ya muchos los que nos sentimos expulsados de La sexta noche por culpa del mal hacer de Inda.

Es verdad que si un biólogo serio se sienta a debatir con un creacionista que está convencido de la teoría de la costilla de Adán, difícilmente podrá salir limpio, pero la solución no es dejar esos espacios para que los ocupen gentes sin escrúpulos. Algo está fallando en el formato. Los periodistas operan como tertulianos, de manera que la persona a la que se ha invitado como entrevistada se ve obligada a responder a opiniones desinformadas de periodistas que actúan como si fueran ellos los entrevistados, eso sí, sin rendir cuentas. Hace unas semanas, Carolina Bescansa, de Podemos, pidió explicaciones a Inda por su condición de maltratador (no pagar la pensión a su mujer e hijos) y el conductor decidió que eso era un asunto personal que no se debía tratar. Esos periodistas sin escrúpulos obtienen “licencia para matar”. Y que la verdad no estropee una buena ejecución en la plaza mayor de las televisiones. Paga la democracia.

La información es un bien público que se suministra privadamente. Pero esa condición privada no autoriza cualquier comportamiento. Un periodista que miente a sabiendas que miente es como un médico que se presta a poner su conocimiento al servicio de asuntos ilegales. ¿A quién le interesa que estos personajes pululen por las televisiones? Se ha demostrado que Inda miente a sabiendas (por ejemplo, falsificando facturas para colocar titulares contra Podemos), se ha reunido con Comisarios de policía que, igualmente han falsificado información, se ofrece como propagandista para  hacer públicas mentiras en tiempos electorales o, invariablemente, siembra basura con el único fin de desprestigiar a Podemos. Es una persona con pocos escrúpulos, como se demuestra, además, por sus comportamientos privados. ¿Qué democracia es la nuestra que hace que alguien de esta calaña tenga espacio privilegiado en los medios españoles?

La banalización de la información, el intento de envilecimiento de los que opinan de determinada manera, la persecución de Podemos, el insulto a personas de trayectoria académica irreprochable, el machismo, la falta de cortesía, el derecho a mentir son asuntos que explican por qué ganan los Trump y dan cuenta del auge de la extrema derecha. Los que leen esas informaciones aun sabiendo que no son verdad -sólo porque atienden sus gustos políticos- son los mismos que terminan orinándose en la democracia. En los años treinta, el periodismo mercenario terminó poniéndose al servicio del fascismo. Sabemos que el incendio del Reichstag fue obra de los nazis pero al día siguiente los periódicos salieron acusando a los comunistas. ¿Se imaginan ustedes qué periodistas saldría en España haciendo esa tarea encargada por los nazis?

En la Alemania de Hitler, esos periodistas mercenarios chantajeaban con sus informaciones. Tenían sus redes de delatores, investigadores privados, gente sin moral alguna, buscando secretos de particulares, políticos y empresarios, para después cobrar por el simple hecho de no ser publicados. Esas “pantallas periodísticas” chantajeaban de manera recurrente a grandes empresas, que pagaban por ahorrarse salir en los medios. Este comportamiento mafioso convirtió a ese “periodismo de amenaza” en un gran negocio del que, a menudo, formaban parte jerarcas nazis. La extrema derecha siempre -siempre- se forra.

Las derivaciones de la prensa en España ha llevado a la cárcel a Miguel Bernad, Presidente de la agrupación de extrema derecha Manos Limpias. La relación entre Manos Limpias, la UDEF y el falso Informe PISA contra Pablo Iglesias salió a relucir incluso en el juicio en marcha. Aquella falsa información ocupó, por supuesto, unas cuantas portadas del periódico de Inda. Fue este mismo “periodista” quien afirmó: “sigo pensando, y a lo mejor me equivoco, que Miguel Bernad es un hombre honrado”. Un buen periodismo de investigación debiera dar cuenta en España del falso periodismo de investigación. Para que la prensa en España no siga aquellos derroteros. Y si hay empresarios extorsionados, es un buen momento para que hagan sus denuncias.

Volvemos a la pregunta ¿por qué se está permitiendo que ese periodismo basura llene de estiercol el debate político en España?

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¿Quién necesita la basura en el periodismo? Sobre Eduardo Inda y la mentira

El filólogo alemán Viktor Klemperer nos dejó un libro escalofriante acerca de cómo el nazismo convirtió la lengua alemana en propaganda de guerra.  Lingua Tertii Imperii: Notizbuch eines Philologen (1947) repasa, como un diario de notas, la banalización del lenguaje y de las formas en los momentos previos al auge de los nazis. Registrando ese giro en mercados e instituciones, en la radio y en los carteles, veía que la falta de respeto a las ideas alternativas implicaba una voluntad exclusiva de arrastrar al fango al adversario para que, una vez allí, sus ideas no valieran nada. El siguiente paso estaba servido: cuando tus ideas no valen nada, estás a un paso de que venga alguien a decir que tú tampoco vales nada. Pasó lo mismo en España, donde ser declarado “antiespañol” te llevaba a una fosa común, donde te podían fusilar por no ir a misa, haber votado a partidos de izquierda durante la República o ser homosexual. Porque todas esas cosas eran contrarias a la nación española, que era un instrumento de Dios, eterna y en lucha contra los herejes.

Desde que la irrupción de Podemos en el panorama político español ya era un hecho, el nivel de debate televisivo con personas de esta formación ha cobrado repetidas veces tintes que, desgraciadamente, recuerdan esa época. Y está manchando la democracia española. La discusión en los programas donde está el “periodista” Eduardo Inda están alcanzando un patetismo y unas formas que en la academia se explican como “telebasura”. No hay posibilidad de sentarse en los platós a donde esté invitado este personaje con pocos escrúpulos sin que el debate se convierta en un vertedero. Anoche, un catedratico de economía respetado mundialmente tuvo que abandonar La Sexta Noche y el conductor, faltando a la verdad, dijo que era la primera vez que eso ocurría. Ya vamos siendo muchos los que nos negamos a ir a determinados programas si está este sucedáneo de periodista. Somos ya muchos los que nos sentimos expulsados de La sexta noche por culpa del mal hacer de Inda.

Es verdad que si un biólogo serio se sienta a debatir con un creacionista que está convencido de la teoría de la costilla de Adán, difícilmente podrá salir limpio, pero la solución no es dejar esos espacios para que los ocupen gentes sin escrúpulos. Algo está fallando en el formato. Los periodistas operan como tertulianos, de manera que la persona a la que se ha invitado como entrevistada se ve obligada a responder a opiniones desinformadas de periodistas que actúan como si fueran ellos los entrevistados, eso sí, sin rendir cuentas. Hace unas semanas, Carolina Bescansa, de Podemos, pidió explicaciones a Inda por su condición de maltratador (no pagar la pensión a su mujer e hijos) y el conductor decidió que eso era un asunto personal que no se debía tratar. Esos periodistas sin escrúpulos obtienen “licencia para matar”. Y que la verdad no estropee una buena ejecución en la plaza mayor de las televisiones. Paga la democracia.

La información es un bien público que se suministra privadamente. Pero esa condición privada no autoriza cualquier comportamiento. Un periodista que miente a sabiendas que miente es como un médico que se presta a poner su conocimiento al servicio de asuntos ilegales. ¿A quién le interesa que estos personajes pululen por las televisiones? Se ha demostrado que Inda miente a sabiendas (por ejemplo, falsificando facturas para colocar titulares contra Podemos), se ha reunido con Comisarios de policía que, igualmente han falsificado información, se ofrece como propagandista para  hacer públicas mentiras en tiempos electorales o, invariablemente, siembra basura con el único fin de desprestigiar a Podemos. Es una persona con pocos escrúpulos, como se demuestra, además, por sus comportamientos privados. ¿Qué democracia es la nuestra que hace que alguien de esta calaña tenga espacio privilegiado en los medios españoles?

La banalización de la información, el intento de envilecimiento de los que opinan de determinada manera, la persecución de Podemos, el insulto a personas de trayectoria académica irreprochable, el machismo, la falta de cortesía, el derecho a mentir son asuntos que explican por qué ganan los Trump y dan cuenta del auge de la extrema derecha. Los que leen esas informaciones aun sabiendo que no son verdad -sólo porque atienden sus gustos políticos- son los mismos que terminan orinándose en la democracia. En los años treinta, el periodismo mercenario terminó poniéndose al servicio del fascismo. Sabemos que el incendio del Reichstag fue obra de los nazis pero al día siguiente los periódicos salieron acusando a los comunistas. ¿Se imaginan ustedes qué periodistas saldría en España haciendo esa tarea encargada por los nazis?

En la Alemania de Hitler, esos periodistas mercenarios chantajeaban con sus informaciones. Tenían sus redes de delatores, investigadores privados, gente sin moral alguna, buscando secretos de particulares, políticos y empresarios, para después cobrar por el simple hecho de no ser publicados. Esas “pantallas periodísticas” chantajeaban de manera recurrente a grandes empresas, que pagaban por ahorrarse salir en los medios. Este comportamiento mafioso convirtió a ese “periodismo de amenaza” en un gran negocio del que, a menudo, formaban parte jerarcas nazis. La extrema derecha siempre -siempre- se forra.

Las derivaciones de la prensa en España ha llevado a la cárcel a Miguel Bernad, Presidente de la agrupación de extrema derecha Manos Limpias. La relación entre Manos Limpias, la UDEF y el falso Informe PISA contra Pablo Iglesias salió a relucir incluso en el juicio en marcha. Aquella falsa información ocupó, por supuesto, unas cuantas portadas del periódico de Inda. Fue este mismo “periodista” quien afirmó: “sigo pensando, y a lo mejor me equivoco, que Miguel Bernad es un hombre honrado”. Un buen periodismo de investigación debiera dar cuenta en España del falso periodismo de investigación. Para que la prensa en España no siga aquellos derroteros. Y si hay empresarios extorsionados, es un buen momento para que hagan sus denuncias.

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Javier Cercas, el PCE y la Transición: anatomía de un distante

He de reconocer que disfruto leyendo a Cercas, cuando estoy de acuerdo y cuando no. Le debemos haber hecho parte de la tarea que no quiso hacer la academia, destripando parte de lo que pasó el 23F (en Anatomía de un instante), y nos trajo a pasear a héroes olvidados, eso sí, reconciliados. Pero es verdad que, afable como es, siempre opta por la amabilidad propia de quien no quiere estar seguro. Cercas nunca habría escrito el Cándido, porque si tomas mucho partido molestas en la corte y te mandan más allá de Salamina. Es verdad que Cercas no tiene la culpa de los titulares que le escogen, pero confunde. Puedes estar a favor y en contra todo el rato, algo intelectualmente rico, pero políticamente impracticable pues no puedes estar con los que desahucian y los desahuciados. Ya le ha pasado con la Unión Europea (esa que subcontrata a Turquía para que dispare a refugiados) cuando escribió: “Yo entiendo que haya gente escarmentada que piense que la UE es un engañabobos, un trasto frío, distante e inservible. A esa gente hay que recordarle la historia, los beneficios sin disputa que la unidad ha aportado, la ambición y la nobleza del proyecto”. Cercas siempre entiende las dificultades –vive de manejar con pericia los pronombres y el desnivel de las mayúsculas-, pero siempre se queda en la puerta. Le alabo la prudencia. Por eso, la memoria y la transición le convocan. Y dice “La transición fue en parte una gran impostura”, y “la memoria, justa e imprescindible, ha fracasado”, y “El problema de la memoria histórica es que se convirtió en un negocio”, y “Lo que hizo Marco –el impostor de Mathausen- lo hizo todo el país”, y “Todos somos como Enric Marco, incapaces de mirarnos al espejo”, y más recientemente, en uno de esos artículos donde la amabilidad se enfría con el hielo, “uno de los errores fundamentales de la izquierda española consiste en haberle entregado el mérito de la Transición a la derecha”. Olvida que fue el propio PCE el que revisó su papel durante la Transición. ¿No será que la derecha está más contenta con ese mito de la transición que le sirve para justificar la gran coalición, vaciar la hucha de las pensiones, luchar contra los moros en Lepanto, subordinarse provincianamente a Europa y callar cuando ha muerto Marcos Ana, preso 23 años en las cárceles de Franco?

La caricatura de la crítica a la transición es la penúltima consecuencia de las mentiras de la transición. Decir que hubo violencia, que nos reconciliaron a fuego y sangre, que fascistas de toda la vida pasan hoy como demócratas de toda la vida extendiendo la idea de impunidad en nuestra sociedad, lejos de enturbiar la paz social sirven para adecentar nuestra democracia. Hay algunas claves para entender dónde está el desencuentro. Para que si alguien hace caricaturas quede como un caricaturista y si alguien frivoliza quede como un frívolo.

  1. El problema no es tanto con la transición en sí, sino con su relato. En la versión “oficial” de la transición, desaparece la calle, la protesta y, por supuesto, toda la gente que puso el pecho para evitar el continuismo de Arias Navarro y el rey Juan Carlos. El último Presidente de la dictadura fue el primero de la democracia. Franco murió en la cama, pero la dictadura murió en la calle, como escribieron Sartorius y Sabio. Con sangre. Los cuerpos de seguridad y las bandas de extrema derecha mataron a casi 300 personas entre 1975 y 1983. La calle se inventó la democracia y, en los momentos difíciles, la calle es esencial hoy para que siga habiendo Parlamento.
  1. El PCE se equivocó queriendo sacar a la gente de la calle con los pactos de la Moncloa. Lo hizo para obtener algún beneficio del gobierno de Suárez después del descalabro de las elecciones de 1977 (ya había pactado la república, la bandera y la plurinacionalidad de España). No iba a tener ni un puesto en la ponencia constitucional. El PCE parecía más fuerte antes de pesarse. Sólo le quedaba a Carrillo el recurso de CCOO para ofrecer algo a cambio de reconocimiento. Lo usó y se brindó para desactivar la calle, pero 1979 fue, pese a todo, el año de mayor conflictividad laboral de la historia de España. El PCE se alejó de los trabajadores y a partir de ese momento la Transición la iban a dirigir las clases medias ligadas al PSOE (cuando las clases medias estudiaban en el Pilar con los ricos. Por eso, uno de cada cuatro alumnos estudia hoy en colegios concertados y no en la escuela pública). Ha escrito Joaquín Estefanía que los Pactos de la Moncloa fueron un ejercicio de responsabilidad, porque, de lo contrario, hubiéramos regresado al franquismo. Es decir, que si no te rebajabas el sueldo y perdías derechos laborales, volvía el franquismo. Es decir, que el franquismo era una dictadura de clase y que la reconciliación en la transición no parece que fuera tan voluntaria.
  2. El PCE rechazó al leninismo para compensar la cultura anticomunista sembrada por el franquismo (igual que el PSOE hizo otro tanto un año después con el marxismo). El eurocomunismo, como dijo Vázquez Montalbán, estaba hueco desde un principio. Lo que tenía que haber hecho el PCE era buscar otro líder que no fuera alguien ligado a la guerra civil. Aunque el terrible Paracuellos fue un recurso propagandístico tardío del último franquismo, afectaba a la credibilidad de todo el partido. Pero Carrillo nunca tuvo la generosidad de permitir que no fuera él quien mandase. Su ambición estaba muy por encima de cualquier partido.
  3. La Transición tuvo lugar entre dos hechos clave de la penúltima guerra fría: el golpe de estado de Pinochet contra Allende y la invasión de Afganistán. No creo que las cosas hubieran podido ser muy diferentes, pero si el PSOE no hubiera entregado el debate constitucional al secretismo y hubiera habido una discusión de fondo en España, seguramente hubiéramos ganado una generación para la profundización democrática. 5. Tan cierto es que se trata de una guerra de relatos que al tiempo que hombres como Juan Carlos de Borbón parecen héroes en vez de personas interesadas exclusivamente en sus asuntos, las mujeres han desaparecido del relato de la Transición. En 1977, en la última amnistía, salieron incluso condenados con delitos de sangre. Pero se quedaron en la cárcel abortistas, adúlteras, prostitutas. En ese relato, la lucha de las mujeres era un problema social, no político. Sólo la izquierda radical se acordó de ellas. El PCE, igual que había hecho con el maquis, con la República, con los muertos en las cunetas, lo sacrificó, diría Cercas, por responsabilidad histórica.

Tiene toda la razón Gregorio Morán, que estuvo en el PCE y le tomó bien el pulso, cuando mira el apoyo del PSOE al partido más corrupto de la historia de España: “Ahora entiendo aquellos elogios de banquero según el cual hemos hecho la transición más profunda sin tocar nada de lo que había que derribar. ¡Y la izquierda lo consideró un éxito! ¡Qué carácter! Quizá por eso se pueda decir que una época ha terminado. Aquello que se llamó proceso de transición ha saltado por los aires y estamos viviendo un Gobierno de coalición que es como un perchero”.

Y tiene toda la razón también Cercas: “quien no sabe de dónde viene, no sabe a dónde va”.

 

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¿A dónde va Podemos? Salir del ruido y atreverse

nucleo-irradiador

Hubo un tiempo en el que, pese a todo, éramos felices

Hubo un momento donde la militancia de Podemos estaba llena de orgullo. Lo demostraba llevando sus camisetas, protagonizando el boca a oreja,  llenando los mítines, sintiéndose en su día a día llena de argumentos. Ser de Podemos era un orgullo. En estos tres años de Podemos me he sentido muy a gusto porque pensábamos en grande y actuábamos en grande. Meterse en la política concreta era adentrarse, qué duda cabe, en un berenjenal. La experiencia de los académicos manchándose las manos en la política siempre ha terminado como el rosario de la aurora. Pero cada generación tiene que atreverse a vivir sus propios fracasos. No era fácil estar diciendo cómo había que mezclar los ingredientes de la política y, llegado el caso, negarme a mezclarme con los pucheros en la cocina. Había hueco para romper con la resignación en la que estaba la izquierda europea. Pablo Iglesias, tras muchas conversaciones en La Tuerka, me dijo: “Es el momento. Si no vienes no me meto en esto”. Entendí que había que meterse. Nos ha orientado siempre más el Quijote que Hamlet. Con Carolina y Pablo fuimos al registro y fundamos Podemos.

Hace tres años acababa de publicar el Curso urgente de política para gente decente, que alcanzaría 13 ediciones, y había sacado la tercera edición de La Transición contada a nuestros padres (estamos preparando la sexta),  por dos veces había sido invitado a Naciones Unidas, en Nueva York y en Ginebra, tenía invitaciones de decenas de universidades extranjeras y españolas, colaboraba en varios cursos de posgrado, me demandaban trabajos de consultoría y tenía presencia en los medios tanto como yo quisiera. Era una posición cómoda y nadie me tocaba las narices. Pero el 15-M había agotado un ciclo y al menos siete millones de españoles no tenían partido al que votar sin taparse la nariz. Yo no venía de ninguna torre de marfil. Lo había intentado en Izquierda Unida, venía de aprender de las experiencias latinoamericanas, había estado desde el primer día en el 15-M y no he faltado a ninguna convocatoria de la sociedad civil. Estuvimos en cada huelga general, ayudamos a revivir la memoria histórica, protestamos en la calle contra la guerra, dimos clase en la Puerta del Sol defendiendo la universidad pública, nos convocamos a protestar delante de la sede de ese PP que quería ganar las elecciones de 2004 diciendo que el atentado de Atocha había sido obra de ETA y no de Al Qaeda. En lo económico, en las relaciones con Europa, en corrupción, el PSOE y el PP estaban en una lógica cuasi idéntica entre sí. Izquierda Unida estaba encadenada a su biografía y sus miedos. Había que intentarlo. Sacamos cinco eurodiputados. Podemos se convertía en una alternativa real. El sistema empezó a pensar que debía tomarnos en serio. Con motivo de las elecciones andaluzas empezaron a intentar dividirnos.

En estos años hemos pensado en grande y, por eso, me he sentido a gusto. Pese al coste personal. El sistema me disparó sin tasa. Portadas, telediarios, tertulias con todo tipo de acusaciones (parte de los acusadores, de Manos Limpias o del PP, terminaron en la cárcel por extorsión o dimitiendo por pertenecer a las redes de corrupción). Cuando la justicia archivaba los casos, ya no era noticia. Calumnia que algo queda. Pero la mayor tristeza siempre viene de casa. Algo me alertó en ese momento: dentro de Podemos, había gente que entendió que los ataques eran ataques indirectos a Podemos, y me ofreció todo su apoyo. Otros, que por su juventud desconocían lo que significa el compromiso político -cuando un compañero repartía panfletos en la fábrica durante la dictadura, el que vigilaba tenía la obligación de silbar si venía la policía-, no sólo no me mostraron solidaridad alguna sino que pensaban que “muerto el perro se acabó la rabia”.  Por eso dije aquello de que en los partidos, al lado de la máquina de triturar papel hay otra para triturar cariño. Había divisiones en Podemos y no nos habíamos dado cuenta. Cuando la justicia archivó la querella por supuesto fraude fiscal, esa gente que me había acosado calló (recuerdo con cariño el mensaje alegre y aislado de Rodrigo Amirola). Me produce satisfacción, al reves de esos prudentes compañeros y compañeras, haber estado en primera línea cuando me tocaba, defendiendo a Rita Maestre, a Íñigo Errejón, a Pedro Palacio, a Guillermo Zapata, a Tania Sánchez. La experiencia es un grado.

De pronto, el sol empezó a nublarse

Podemos ha cometido grandes errores. Cortaba el patrón mientras lo dibujaba. Siete elecciones y sin pedir dinero a los bancos. Quizá el mayor error fue no ser capaces de organizar una dirección colegiada -que Podemos fuera algo más que el número uno y el dos y sus entornos-, donde todos y cada uno de los miembros de la dirección no solo participara de las decisiones sino que también fueran corresponsables con las decisiones. El peso de Madrid ha sido descomunal. E inncesario. El acto de presentación de la propuesta DesBorda de Echenique en la Fundación Diario Madrid ha sido el acto político de mayor calidad que he presenciado en mi vida. Ahí estaba Asturias, Canarias, Aragón, Andalucía, Extremadura, las Castillas, Cantabria, Galicia, el Levante, Murcia, Euskadi… Hay cuadros en todo el estado. La bronca actual sigue siendo muy madrileña y se entiende menos en el resto de España. Fue un gran acierto la elección de Pablo Echenique. Rompió con la inercia de Madrid y de la Complutense. Hay compañeros que han empezado a atacarle. Se hacen así muy pequeños.

La Villa y Corte sigue teniendo un gran peso. Cuando te interesa formar familias políticas, tienes que pensar en Andalucía, en Cataluña y en Madrid, que suman casi la mitad del censo. Esa lógica de fracción ha hecho daño en Podemos. En Andalucía, Teresa Rodríguez ha sabido sumar posiciones y es incuestionable su liderazgo al saber juntar a otras sensibilidades que piensan diferente pero son leales al proyecto común. En Cataluña está en marcha un proceso muy particular y no es fácil enredar. Quedaba Madrid. Las dimisiones en marzo de 2016, que buscaban forzar un cambio en la secretaría general -y sustituir a Luis Alegre por Rita Maestre- demostraban que había gente que estaba montando un partido dentro del partido. Es decir, que no trabajaban con una lógica compartida sino para una familia. Empezamos a empequeñecernos con maneras de novatos. Aquella crisis cogió de sorpresa a Podemos y se cerró en falso. No se explicó con claridad lo que había ocurrido y eso dio alas a los que tenían un proyecto propio por encima de Podemos.  Aunque eso debilitara a toda la organización. Seguramente tenían sus razones -miedos a no ser relevantes dentro de Podemos- y se creían con derecho a tener espacio propio en la organización. Pero ese comportamiento conducía a Podemos a la vieja política.

Sergio Pascual, como Secretario de Organización de Podemos, había roto muchos puentes y los territorios habían expresado su rechazo. La dirección, con esa lógica del uno y del dos, intentó apaciguar la discusión dejando territorios al sector de Errejón -pasó con Euskadi- pero de nada sirvió. Algunos ya tenían un proyecto propio. Sergio Pascual era una pieza de parte, de manera que se defendió siempre su presencia como miembro de una familia (Errejón lo ha recuperado para su lista). Hasta que la cosa explotó. Su destitución fue respondida por Íñigo Errejón con el infantilismo de desparecer durante dos semanas, como los niños que dicen que no van a respirar. Podemos seguía empequeñeciéndose a pasos agigantados. El dilema dentro de Podemos estaba ya servido. ¿Iba a primar la generosidad o la lucha fraccional? La experiencia histórica de la izquierda no invitaba a muchos entusiasmos. El núcleo irradiador podía explotar como Chernobil con extensión de la contaminación radiactiva que podía llegar a las lechugas de Finlandia.

Permitirte en casa lo que no te permites fuera ( o de la lógica “para lo que me queda en el convento…”

Las discusiones en este final de 2016 han sido muy tristes. Podemos ha dejado de pensar en grande. Y deja de interesar a mucha gente.  Justo cuando el PSOE es insignificante salvo para ser comparsa del PP en el gobierno. Casi nadie lo entiende. Es ingenuo pensar que Podemos es ajeno a lo humano y sus miserias, pero la emoción que ha despertado brinda los puentes para una mayor decepcion cuando se repiten errores. La falta de experiencia ha llevado a caminos que nunca se debían haber transitado. Cosas que no se han hecho hacia afuera -por ejemplo, hacer falsas acusaciones al PP o al PSOE- se han hecho hacia adentro. Es inconcebible. Después de un análisis correcto del papel de los medios entendiéndolos como “reglas de juego” en nuestras democracias demediadas, se ha usado esa condición de los medios contra compañeros. Inconcebible. Después de hacer gala de la necesidad de reinventar la participación en la política, en la interna se ha cortado el paso a los que no pensaban igual en los círculos o han alzado su voz los que se han aferrado a algún cargo -incluso como administrativos- comparando su rotación como el fin del mundo. Inconcebible. Ese comportamiento expulsa a la gente más sensible y convoca a los amantes del barro.

Si Podemos ha dado este espectáculo hacia afuera ha sido precisamente porque algunos sectores  han utilizado la disposición de los medios para hacerse eco de sus interesadas quejas. Y claro que los medios van a estar siempre encantados de convertir a Podemos en una jaula de grillos. Es injusto generalizar las culpas. El resultado obtenido les hará pensar que les ha valido la pena, pero ha sido al precio enorme de romper la ilusión de millones de españoles. Pese a que hemos advertido para que no ocurriera, el peso del pasado ha hecho mella. Algunos han conseguido traer a Podemos la misma bronca que tuvieron en Izquierda Unida cuando militaban en esa organización. En una lógica de burócratas y aparatchik eso merecerá la pena porque consiguen espacio. Para otra gente, no es sino una enorme decepción. Si Podemos no piensa y actúa en grande, a algunos no nos merece la pena recibir ni una flecha más.

Ese comportamiento de fracción y la imagen de división de Podemos no enamora a nadie, salvo a los palmeros que ya de manera previsible salen a sembrar ruido o jalear las posiciones propias (los malditos entornos que siempre son más papistas que el Papa). La imagen de Podemos podría terminar pareciéndose a la de IU o a la del PSOE, incapaz de llegar a acuerdos internos. ¡Y no por una discusión de ideas sino por espacios de poder! Para llegar a consensos hacen falta dos partes. Y hay una pregunta obligatoria: ¿quieren todos en Podemos llegar a acuerdos? Para ello habría que empezar a hablar del proyecto. De lo contrario, el acuerdo con el sector de Errejón y Tania Sánchez sería solamente en términos de liberados, financiación y espacios reservados.

Vistalegre no es para Podemos: es para España y para Europa

Tenía razón Pablo Iglesias en negarse a ser Secretario General al margen de las políticas que tenga que desarrollar. Otros, pensando solamente en clave táctica, han dicho: como Iglesias sigue siendo el mejor cartel para Podemos, lo mantenemos, pero le vestimos nosotros. Es muy arrogante esta posición. Esta conversión del Secretario General convertido en un florero, implica seguir hablando de táctica y negarnos a hablar de estrategia. Es seguir hablando de humo, discursos vacíos, retórica hueca. Dejemos ese espacio  a Ciudadanos. No es propio de una fuerza emancipadora. Una vez más, la ausencia de debate de ideas. Todos los que nos hemos implicado en Podemos queremos un Podemos ganador. Pero la pregunta realmente relevante, la pregunta por responder es: ¿ganador para hacer qué?

Vistalegre 2 no es un debate sobre Podemos. Es un debate sobre España y sobre Europa. ¿Qué ideas portan los grupos en disputa? Porque la discusión ha sido netamente procedimental, del cómo y no del para qué. Errejón es uno de los políticos más brillantes que conozco. Pero puedes ser brillante defendiendo cosas radicalmente diferentes. Quiero al Errejón brillante al servicio de un cambio de país. El otro no me interesa políticamente. Podemos no es una tarta a repartir. Y una dirección fragmentada, como se reparte una tarta, no sirve para ganar. Desde el comienzo de las discordancias, solamente se ha discutido de tácticas. Desde las primeras discrepancias. Un grupo quería apoyar el gobierno de Susana Díaz en Andalucía y otros pensábamos que eso era una barbaridad. Un grupo pensaba que había que apoyar al gobierno de Sánchez y Rivera, valoró la abstención y se lamentó de que Podemos no hubiera sido “más flexibles” en esa dirección. Otros pensábamos que, como dijo Sánchez en su entrevista a Évole, el PSOE no tenían ninguna otra intención que ser obediente con alguna forma de gran coalición. Las divergencias no tenían lugar porque ningún grupo compartiera las ideas del PSOE o Ciudadanos -que evidentemente no las comparten-, sino por una lectura timorata que buscaba así intentar evitar el encasillamiento en la marginalidad del tablero, dar miedo o buscaba ganar solvencia institucional. ¿No se hizo un hueco Podemos hablando claro? ¿No entró Podemos en el Parlamento siendo la voz de los que se cansaron de estar cansados? Suena a caricatura, pero, en el fondo, estás eligiendo hacerte un poco de derechas para que no te vean muy de izquierdas. Podemos no se hizo espacio mintiendo. ¿Y las ideas? Me consta que Errejón y Tania Sánchez no son personas conservadoras. Pero el exceso de táctica termina por contaminar la estrategia. Hay virtudes que aunque se finjan, se convierten en reales. ¿No sería entonces más sensato discutir de ideas para saber hacia dónde se quiere ir? ¿No nos resultará a todas y a todos más fácil saber qué opinan los que quieren erigirse en familias -Íñigo dijo en su rueda de prensa que él representa una corriente en Podemos-, en vez de seguir discutiendo sobre matemáticas, palabras huecas y mensajes vacíos que solo tienen sentido porque los medios lo convierten en un duelo?

Hay una sociedad civil esperando convertir sus necesidades en derechos,  transformar en políticas públicas sus reclamaciones. Hay una España que quiere terminar con las desigualdades de género y la lacra de la violencia machista (y que saque de la política a los machistas que jalean la violencia contra las mujeres con sus declaraciones). Hay una España esperando recuperar derechos laborales, confrontar a las grandes empresas y su impunidad, mover el escenario europeo y ganar a los sindicatos para ganar la democracia en el mundo del trabajo. Hay una España que quiere una fuerza contundente para defender los contratos de trabajo, el cobro de las horas extras, la conciliación familiar, de la misma manera que quiere que los derechos sociales dejen de ser mero “principios rectores” y se conviertan en derechos que la ciudadanía pueda reclamar como tales. Hay una España que quiere una justicia independiente y a la que le repugna que los partidos se repartan los jueces del Tribunal Constitucional o del Consejo General del Poder Judicial. Hay una España cansada de las peleas territorials y que quiere que España se asuma como un país de países y tengamos una convivencia solidaria y pacífica. Hay una España que se considera democráticamente madura y no tiene miedo a abrir un proceso constituyente. Pablo Iglesias tiene que ser ese lider, que se reúna con otros líderes europeos, que retome una agenda de discusión con sindicatos y organizaciones sociales, con mareas verdes y rectores, con mareas blancas e instituciones sanitarias, con pensionistas y sectores de la economía social, que atienda los desafíos de la dependencia, que atienda el reto descomunal del cambio climático. Podemos se ha hecho muy pequeñito en estas semanas. Y no lo es, porque sigue siendo la única alternativa en esta Europa cuya única oferta es o abrazar a la extrema derecha o resignarnos a alguna suerte de gran coalición que haga las políticas de la troika y las aplauda una acomplejada socialdemocracia. Podemos no pueden ser solamente sus rostros visibles. Podemos debe ser sus ideas. Y que las caras se conozcan por su proyecto de país. Aún estamos esperando.

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Gana Podemos, pierden los monólogos

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El resultado del primer proceso de Podemos camino de Vistalegre 2, donde se marcaban las reglas de votación, se ha zanjado con una victoria de las tesis de Pablo Iglesias. Es evidente que, pese a esa victoria, el resultado deja un mensaje: hace falta llegar a acuerdos.

La propuesta de Pablo Echenique, respaldada por Pablo Iglesias, ha sido por tanto la ganadora. Ha sacado 40.830 votos (41,57%), mientras que la segunda candidatura, la de Íñigo Errejón, ha sacado 38.419 votos (39,12%). La tercera fuerza, los anticapitalistas, han obtenido 10.313 votos (10,50%), un resultado importante. Es importante recordar que la propuesta DesBorda ha sido la primera, ya que si el resultado hubiera sido el inverso los titulares de prensa es evidente que serían radicalmente diferentes. Que nadie abunde, pues, en trampas deshonestas. En política se gana y se pierde y eso es válido para todos y todas.

Es igualmente evidente que el resultado entre estas dos propuestas, si bien demuestra una victoria de las tesis de Echenique, no es menos cierto que no puede ignorar que hay un porcentaje alto de los inscritos en Podemos que, vista la distancia entre Podemos para todas y Recuperar la Ilusión, así como el resultado de la tercera, Podemos en movimiento, reclama diálogo. La enorme participación, la insistencia en que no estaba en juego el liderazgo de Iglesias, la exhortación de todos para encontrar fórmulas más democráticas coincide con la exigencia popular de buscar de una vez por todas el dialogo pendiente para que Podemos deje la discusión interna y se dedique en cuerpo y alma a denunciar el vaciamiento de la democracia y a encontrar soluciones. Tan cierto es que hay sensibilidades diferentes en Podemos como que los inscritos están reclamando más acuerdos y menos ruido.

La explicación de este resultado tiene dos vertientes. Creo que una parte importante de los votantes ha decantado su voto guiándose por la fórmula de votación (recordemos la insistencia en que no se cuestionaba la figura de Iglesias). En esta dirección, la propuesta de Echenique era mucho menos evidente que la de Errejón. No era fácil defender que una elección en un órgano ejecutivo no puede tener la misma proporcionalidad que un órgano legislativo -aunque sea lo correcto-. De la misma manera, la propuesta de Echenique fomentaba los acuerdos en las decisiones de Vistalegre, dando un plus a las listas que fueran capaces de llegar a acuerdos. ¿Rompe la proporcionalidad fomentar el acuerdo? Sí, pero para dar respuesta a una exigencia de unidad que reclaman las bases. De la misma manera que rompe la proporcionalidad establecer mecanismos que no laminen a las listas menos votadas.  La información con la que ha trabajado la lista de Errejón, comparando el método de elección con el Parlamento de Madrid o las Cortes (con fotos de Rajoy o Cristina Cifuentes) ha sido claramente eficaz, aunque no decía toda la verdad. No es igual elegir un Parlamento que elegir un órgano ejecutivo. Sin embargo ha logrado su objetivo.

Otra discusión más difícil de valorar tiene que ver con separar la votación de los documentos políticos y de las personas que vayan a representarlos en la dirección. Si Bertín Osborne escribe una canción, no puede ser que se obligue a cantarla a Sabina. ¿Querían los votantes de la lista Recuperar la ilusión hacer esta separación? Lo dudo. Sin embargo, sí parece claro que Errejón quería evitarse competir con Iglesias pero buscaba intentar marcarle el rumbo buscando ganar los documentos políticos. E, incluso, algunos de su equipo querían ir un poco más allá. El resultado de esta votación puede invitarle a dar ese salto. Aunque no creo que tenga lugar. No es evidente que los 38.000 votos obtenidos buscaran sustituir a Iglesias por Errejón, de la misma manera que los 10.000 votos de los anticapitalistas tampoco cuestionan el liderazgo de Iglesias. La campaña la han realizado todos negando ese supuesto. Es evidente que los que buscan insistir en enzarzar a Podemos en una pelea interna hasta Vistalegre 2 van a ir en esa dirección. Y es de suponer que no es lo mismo el planteamiento de Errejón que el de su equipo. También a la interna todas las candidaturas deben hacer su reflexión. Iglesias ha ganado el derecho a asumir la dirección de Podemos si gana, en su caso, la votación junto a los documentos políticos. Es tiempo de llegar a acuerdos o de disputar liderazgos. Ojalá triunfe lo primero.

Creo que una parte no pequeña de la pérdida de votos en junio de Podemos tuvo que ver con el zigzag ideológico marcado por la campaña electoral. El otro gran responsable fue la parlamentarización de la imagen de Podemos, que terminó acercándolo en exceso a los demás partidos. Pablo Iglesias no es un león enjaulado ni puede defender cosas que o bien no se cree o son casi imposibles de explicar en un contexto electoral (como lo de la socialdemocracia). Por eso era una exigencia que Iglesias defendiera ligar la línea política a las personas que vayan a representarla. La victoria de las tesis de Pablo Iglesias pone a Podemos en una línea correcta: instituciones y calle, calle e instituciones. Podemos no nació para sustituir ni al PSOE ni a Izquierda Unida. Nació para reinventar el espacio de la emancipación que antaño ocupaba la izquierda. No para reinventar la izquierda, que es un presupuesto que está lleno de sorpresas. Hasta Felipe González y Renzi y Hollande y Schulz y Susana Díaz dicen que son de izquierdas. Ese espacio está lleno de ruido y confusión. La respuesta está quebrada. Pero la pregunta de la emancipación sigue intacta. Ese espacio debe ser ahora ampliado, reenunciado, desetiquetado y renovado. Los nombres no debieran fragmentar ese ámbito. Gracias a eso Rajoy ha tenido mayoría absoluta con el 30% de los votos.

Quedan dos meses para Vistalegre 2. Ya hay reglas de juego y además un mensaje: toca hablar más, dialogar más y enredar menos. Pero hablar de política. No de liberados, espacios, cargos. Eso es viejo. La honestidas se demuestra en la victoria y en la derrota. La dinámica de estas semanas no ha sino especialmente alegre, lanzando a la opinión pública una imagen de desunión y ruido magnificada por los medios. Es muy importante que nadie en Podemos use los recursos que pone el sistema al servicio de la división.  La ciudadanía sabe que solamente Podemos puede plantear una alternativa, y la imagen bronca debilita esa esperanza. Todas las candidaturas deben ahora encontrarse, discutir, llevar a un psicólogo de pareja los desencuentros, recordar todas las cosas que se comparten y saber que son muchos más los asuntos que convocan que los que alejan. Ahora la discusión deja de ser táctica y pasa a ser estratégica: de ideas. Ojalá a partir de ahora empecemos a escuchar planteamientos políticos de fondo. Que sepamos si, realmente, hay diferencias entre las candidaturas más allá de la pelea de poder.  Y que Podemos demuestre que, efectivamente, es un partido diferente a los demás.

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Italia, Austria, Vistalegre

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En Austria una nueva mayoría le ha parado los pies al fascismo. En Italia, una nueva mayoría le ha dicho “no” al burocratismo autoritario de Renzi. Austria ha debido acordarse de que Hitler era austriaco. Las mujeres han salido a dar la cara. En Italia, se han debido acordar de que colgaron a Mussolini boca abajo. Los jóvenes han salido a dar la cara. Como ha escrito Pablo Bustinduy: ” El pueblo italiano ha derrotado el intento de subvertir la Constitución antifascista de 1947, la que dice en su Artículo 1: “L’Italia é una Repubblica democratica, fondata sul lavoro.” Renzi significa traer a la política europea el márketing latinoamericano. Un galán joven y sin ideología para aplicar la segunda fase del modelo neoliberal. Menos Gramsci y más telenovelas. Después del neoliberalismo de la fuerza, ahora el del maquillaje. Un neoliberalismo con rostro amable que ha abducido a la izquierda socialdemócrata y necesita frenar el poder del parlamento. Siempre después de haber convertido la prensa en una sucursal de las torres Trump de turno.

Europa esta volviéndose a buscar. Una parte importante se encuentra en la extrema derecha trayendo presagios de los años treinta. Pero otra, más numerosa, entiende los riesgos y está aprediendo a articularse. Son tiempos de aclarar el discurso, de dar herramientas para defender las ideas y de sumar desde ahí hacia esa nueva mayoría. En los años treinta también nos confrontamos. Aprendamos una lección: ser débiles con los fuertes no ayudó. Llamemos enemigos de la democracia a los enemigos de la democracia. Y perfilemos el futuro. Para que quien escoja sepa qué está escogiendo.

No se trata de adaptarnos a lo que existe. Para ganar a Hofer en Austria, para derrotar a Renzi en Italia, ha hecho falta tomar partido, dar argumentos, enfadar a algunos para que otros entiendan la gravedad del momento. Las nuevas generaciones necesitan tener una escuela donde diferenciar los argumentos que emancipan y los que encarcelan. El populismo de derechas solo agita los excesos del sistema. Lo que venga a ocupar el lugar antaño llamado “izquierda” tiene que atreverse a señalar con el dedo al corazón del sistema. Tanto en lo que funciona como en lo que no funciona. Europa no aguanta su propia legalidad. Por eso necesita dinamitarla envuelta en un traje de Armani. Y por eso los verdaderos antisistema son los que envuelven en cualquier forma de “gran coalición” -incluida la mediocre coalición hispánica- el fin de la política. Cuando se abusa de la indignación moral suelen desaparecer los argumentos.

Renzi llegó al poder sin elecciones, apoyado por la Troika, la patronal y los medios de comunicación. Y la vieja izquierda. Democracia sin elecciones. Como ocurrió con Papademos en Grecia o con Monti también en Italia. Como pasó en España con la reforma del artículo 135 de la Constitución. Trump ganó después de que el Partido Demócrata hiciera trampas para sacar a Bernie Sanders. Fillon sale elegido en las primarias de la derecha porque el Partido Socialista le ha puesto la alfombra roja. Rajoy gobierna con menos del 30% de los votos porque el PSOE es un animal herido que prefiere morir antes que perder la vida. La extrema derecha, donde gana, lo hace porque la izquierda que ha sido hegemónica se ha convertido en una empresa que tiene que pagar dividendos a sus socios y empleados. Y no duda. O rearmamos nuevas mayorías o regresa el fascismo, eso sí, aseadito. De momento, en Austria han sido las mujeres las que han estado a la altura. Y la gente joven que intuye que hay vida más allá del centro comercial.

En España, la reconstrucción de esa mayoría tiene que venir de revisitar lo que significó el 15M. No con esa mirada boba que dice que todo en el 15M fue maravilloso. Lo suele decir gente que no estuvo allí. Mucha gente que estuvo en el 15M ha votado a sus verdugos de la derecha. Hay que ir más allá. Lo más grandioso del 15M es que repolitizó a la sociedad española y la sacó de la resignación. Abrió una grieta. Y es en esa grieta donde debe colocarse la nueva política, para hacer fuerza, sembrar corresponsabilidad, salir de esa solemnidad idiota de la sala de reyes visigodos del Congreso de los Diputados y regresar a una calle y un Parlamento donde esté también la vida. No hay contradicción entre la calle y el Parlamento: basta con recordar que es la calle quien pone a los políticos del Parlamento.

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Marcos Ana, un comunista que asustó a Franco

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Se ha ido Marcos Ana con los comuneros de 1871 y los esclavos que se levantaron con Espartaco, con las 13 rosas que tuvo cada ciudad de España y con todos los compañeros que cayeron en el puente de los franceses para helarle el entusiasmo al fascismo, se ha ido Marcos Ana con Manuela Malasaña y Dolores Ibarruri, con Orwell y con Gramsci, con las peluqueras que cortaron cabezas y los panaderos que repartieron pan al pueblo, con Neruda y Passolini a regalarle versos a las muchachas y muchachos de los puertos. Nunca pudieron callarle. Quiso Franco ponerle rejas a su cuerpo. Le tenía, sabía por qué, miedo. Marcos nunca se calló. Por eso Marcos no se ha muerto.

Os dejamos la voz que nos regaló para La Tuerka. ¿Qué mejor homenaje que volver a escucharle?

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Marx era de Ciudadanos

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La caradura del modelo neoliberal cada día es más orwelliana. La “neolengua” de “1984” llega a los libros de texto, a los diccionarios de historia. Llenan el metro de Madrid de fotos de corruptos o fascistas presentándolos como padres de la patria, hacen morir a Lorca de muerte natural en Granada o mandan a Machado a morir a Francia en un viaje de placer con los suyos. Ahora, la editorial Santillana dice en un libro de Bachillerato que Marx fue un enamorado del capitalismo. Vamos, que si por él fuera le pondría un monumento. Se les ha olvidado eso de trabajadores del mundo uníos, aquello de que un fantasma recorre el mundo, y, por supuesto, lo de que el capitalismo engendra sus propios sepultureros, esto es, los trabajadores.Porque la historia, empieza el Manifiesto, es la historia de la lucha de clases. Porque Marx pensaba en términos históricos. Y no usaba la historia para justificar el presente. No hacía “neolengua”. Por eso lo seguimos leyendo hoy, con sus aciertos y sus errores.

Marx pensó la historia según las pautas de Hegel. La tesis genera en su seno la antítesis y esa contradicción se supera en la síntesis, un salto superior (la Aufhebung) que inaugura una tiempo donde el espíritu se ha desplegado. El capitalismo lucha contra el feudalismo superando esa etapa y abriendo nuevo caminos y también nuevos problemas. La política de precios baratos -la industria frente a la artesanía- derriba cualquier muralla china, dicen Marx y Engels en El manifiesto comunista. Pero antes han privatizado los bienes comunales, obligado a millones a proletarizarse, a vivir del salario que consigan. Que, dicen, suele estar en el límite de la subsistencia. Capitalismo y pobreza vienen de la mano. El desarrollo de la economía revienta las costuras de los acuerdos sociales y se alumbra una nueva etapa. Donde los que mandan intentan conservar sus privilegios. El burgués, que ejerció de progresista contra el señor feudal y el monarca absoluto, es una lacra contra el trabajador que exige que se le pague el fruto de su trabajo. El empobrecimiento dickensiano está en el Manifiesto. Por eso el comunismo daba miedo: porque recordaba que la gente pobre, en la revolución no tenía más que perder que sus cadenas.

Pero la editorial Santillana entiende que estas cosas no son relevantes. Habrá que leer el texto entero. Aunque ocurre como con las faltas de ortografía: cuando se repiten mucho al final no sabes si se escribe injerencia o ingerencia. La editorial Santillana dice que el capitalismo excitaba a Marx. Será por eso que se gastó todo el dinero recibido por una herencia para comprar armas a los Comuneros de París de 1871.

Por envenenar el alma de los jóvenes hicieron beber cicuta a Sócrates. La editorial Santillana se forra por sus contantos con el poder y por escribir estas cosas. Lo de la cicuta es excesivo. Pero seguro que entre eso y no hacer nada… Luego nos llamarán enemigos de la libertad de expresión.

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