Cuando el cambio tiene la fuerza de un niño

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A veces basta un gesto para saber que algo nuevo ya ha empezado. Más allá de los discursos políticos, más allá de lo que digan las urnas, más allá de los titulares que quieran inventarse la realidad. Niños que ríen desentendidos porque son niños. Pero que también saben de las necesidades que están pasando sus padres, que saben que en casa hay a veces más tristeza de la que quisieran, que saben que sus maestras luchan con alegría por echar las sombras del fracaso de las aulas, que alguna vez incluso han visto llorar a sus mayores en secreto porque la desesperación lucha por vencerles y no quieren que sus hijos vean que la resignación siempre está rondando. Niños que intuyen que en su país está pasando algo.

Abuelos protestando por la calle porque no consienten que nadie les robe todo lo que han luchado. Y que se cruzan con unos niños que nos prometen, con su frescura, un país más decente del que quieren dejarle por herencia los grises heraldos de la tristeza. Esa Córdoba de Lorca que ya no tiembla confusa sino que grita con esperanza. ¿Cómo no vamos a hacer cada uno nuestra parte?

 

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Intervención de Juan Carlos Monedero en Naciones Unidas

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El pasado día 3 de marzo, invitado por Joachim Rücker, Presidente del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, participé como profesor de Ciencias Políticas en el Panel de Alto Nivel sobre fortalecimiento de la cooperación internacional en el ámbito de los derechos humanos. Muchas preguntas flotaban bajo la cúpula de Naciones Unidas en Ginebra decorada por Barceló. ¿Pueden hablar en nombre de los derechos humanos quienes invaden países para apropiarse de sus riquezas? ¿Y quienes condenan a sus propios pueblos a la miseria, la enfermedad y la ignorancia con políticas de ajuste? ¿Y países que niegan a la población de otros estados su derecho a elegir gobiernos que quieran apostar por el crecimiento saliendo del círculo vicioso de la austeridad y el endeudamiento?

En mi intervención me pregunté acerca de la validez universal de los derechos humanos en un mundo donde opera una clara doble vara de medir. Aún más cuando los países que definen estos derechos desde el “norte global” son los países que sistemáticamente los violan tanto dentro de sus fronteras (fomentando las desigualdades con políticas de ajuste) como fuera de las mismas (a través de formas de neocolonialismo o neoimperialismo).

Siguiendo el análisis de Boaventura de Sousa Santos, propuse complementar la definición de los derechos humanos desde otras propuestas que también pretenden contribuir a articular una idea amplia de la dignidad humana. Situándome en un “optimismo trágico” (en expresión de Juan José Tamayo), procuré alejarme de algunas intervenciones en exceso optimistas que no se compadecen con un mundo -en el cual el modelo capitalista es hegemónico- donde dos tercios de la humanidad son innecesarios al no ser relevantes ni como productores ni como consumidores.

Finalmente propuse una serie de retos que, de ser superados con éxito, permitirán que la aplicación de los derechos humanos sirva superar los obstáculos que construyen actualmente el “caos mundial”. La complementariedad, en ese escenario -y tal y como se está intentando con la cooperación sur-sur-  estará por encima de la competitividad -el modelo que prima en Europa-. La cooperación en derechos humanos, lejos de ser una excusa para que unos países ejerzan privilegios sobre otros, podrá actuar entonces como una base de convivencia planetaria tanto para todos los seres humanos como para las generaciones futuras e, incluso, para la naturaleza (una herencia que los hijos dejan a los padres, como dice la sabiduría indígena).

Sólo desde una comprensión humilde de los derechos humanos -que abra las fuentes de definición de la dignidad humana a ámbitos como la filosofía, las teologías progresistas y las concepciones del mundo que el modelo neoliberal ha dado por muertas- y que sitúen a las causas de las desigualdades en el corazón del problema, será posible su verdadera universalidad. Superarlas no será una mera tarea de los Estados, sino que formas de participación democrática popular deben acudir en su reformulación. Será precisamente lejos de la arrogancia de las definiciones oficiales que podremos acudir a una verdadera condición de los derechos humanos que trabaje para ampliar y profundizar en la dignidad humana.

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Juan Carlos Monedero habla a la ciudadanía

Os dejo aquí el mensaje que he mandado a la ciudadanía después de la rueda de prensa de esta mañana. Los ataques, ya sabemos no van a detenerse. Pero hacía falta explicar que todo ha sido una batería de mentiras. Lamento haber necesitado tanto tiempo para hacerlo. Seguimos con nuestra voluntad de sacar lo mejor de cada uno de nosotros. Cueste el precio que cueste. Estamos cambiando este país, y eso no es gratis. Nos vemos por las calles.

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Escondido en el metro, escondido en la facultad

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Está claro que lo que hay en marcha es un intento de ejecución preventiva de la gente de Podemos. Ciudadanos de a pie cuyo delito es amenazar al PP y al PSOE con sacarlos del poder. Ese es nuestro delito. Y en un país con tanto poso del pasado ¿cómo va a permitir el poder que nadie les diga lo que tienen que hacer? ¿Cómo nadie va a discutir a los que llevan mandando desde hace más de medio siglo su derecho a seguir vaciando nuestra democracia?

Cada vez hay más gente que se da cuenta de lo que está pasando. Y va a ser la gente la que tome la decisión de salir de estos sinvergüenzas que usan los aparatos del Estado para perseguir adversarios, que filtran a la prensa mercenaria documentos privados que sólo pueden estar en poder de la administración, que usan la televisión pública para prevaricar. Los de la Gürtel y los ERES criticando a Podemos sembrando mentiras y sospechas. En fin.

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Su odio, nuestra sonrisa: ya hemos zarpado

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No hay mucho más que decir que no hayáis sentido. Empezamos en La Tuerka hace muy poco tiempo. Con Podemos apenas hace un año. Aprendimos mucho con el 15M. Recordamos todos los fracasos sufridos y errores cometidos en todos los sitios en los que estuvimos. También lo aprendido y lo alcanzado. Lanzamos una piedra en el estanque y las olas nos han llevado a territorios que parecían prohibidos. Y ha sido la risa quien nos ha llevado de su mano. Su odio, nuestra sonrisa. Y ya hemos zarpado camino de nuestra Itaca.

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Siguen atacando, seguimos diciéndoles: vamos a ganar

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Nunca en la historia de la democracia española ningún partido ha recibido tantos ataques y ha sido sometido a tantas patrañas como ha ocurrido con Podemos. La última, vinculada la empresa Caja de Resistencia. Una vez más, todo mentiras. Seguirán buscando, y seguiremos demostrándoles que mienten. En democracia se combate con ideas. Hay quienes solo saben hacerlo insultando, construyendo embustes, sembrando sospechas. El concepto “casta” a veces cansa. Pero es que son pura casta.

http://www.publico.es/politica/juan-carlos-monedero-no-soportan.html

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Defender la alegría: qué entendemos por proceso constituyente

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Hace unos días, en el Ateneo de Madrid, debatimos sobre el proceso constituyente. Ese que los partidos del régimen del 78 nos quieren hurtar. Esta es la intervención en nombre de Podemos. Aquí dejamos unas cuantas de las razones de nuestra urgencia y por qué el 31 de enero vamos a decir en las calles de Madrid que en el cambio que ofrecemos nos va la alegría o la tristeza de las mayorías. Feliz año y adelante. (Le dedicamos este acto a Salomé Ramírez, que se nos ha ido a las puertas de ver el anhelo de una España más decente. Su fuerza nos acompaña y vamos a tenerla recorriendo con nosotros esas calles llenas de pueblo por el que tanto luchó).

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De Felipe VI de España (y un poco de Alemania)

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En la película Flores de otro mundo, la directora Iciar Bollaín quiso demostrar la enorme soledad de un triste personaje que recibía el castigo del abandono por haber confundido la necesidad con el cariño. Para retratar el máximo aburrimiento, lo retrató cenando solo en Nochebuena, en la cocina, viendo con cara distraída el discurso del rey en la televisión mientras el tiempo que se hacía eterno avanzaba con una parsimonia rencorosa.

Esta Nochebuena, un millón trescientos mil españoles más que el año pasado decidieron prestar atención al televisor a las 21:00. En total, 7.821.000 personas, la mayoría en familia, escucharon el primer discurso de Felipe VI, atentos sobre todo por la novedad y también por el morbo de si daba los pasos que nunca se atrevió a dar su padre. Contra la decepción de los adultos, la única gracia de este discurso estaba en que por vez primera los reyes no eran los acostumbrados padres, sino, cosas de las sucesiones, los reyes.

Quien esperara que Felipe VI anunciara su abdicación, la convocatoria de un referéndum sobre la forma del Estado y su firme compromiso con un cambio radical en el modelo económico poniendo en su sitio a Merkel (de Alemania), debiera enfrentar de una vez el hecho doloroso de que somos un reino, con alguna frecuencia bananero (al que pueden añadir, si se trata de complejizar el marco, que las memorias de Belén Esteban arrasaron las últimas Navidades o que Floriano dice sin que se le mueva un músculo de la cara que la economía española es la envidia del mundo).

En verdad, la única novedad que se podía esperar del discurso de Nochebuena estaba en los temas que iba a tocar, en si iba a acordarse de personas incómodas en ese escenario tradicional de cuento de hadas (su hermana y su yerno, los enfermos de hepatitis C y de otras enfermedades que se están muriendo desasistidos, la gente que ha perdido su vivienda) y en quizá, sólo quizá, si iba a dar un paso más allá e iba a señalar las causas responsables de tanto desaguisado.

La primera parte sorprendió a mucha gente porque la selección de temas era, si bien no completa, correcta. La corupción hizo su entrada sin rodeos. Al decir, además, que la justicia funciona -aunque es cierto que afirmado así es un exceso- mandaba un reconocimiento implícito al coraje del juez Castro al insistir en que no deben existir “tratos de favor”. De la misma manera se reconoció que se han reventado las costuras territoriales en Cataluña. También que había mucha gente que estaba sufriendo por culpa de la situación económica y que toca hacer un esfuerzo con los más vulnerables (nosotros lo hemos llamado “rescate ciudadano”). Por último, reconoce que hay un debate abierto con la Constitución, si bien, obviamente, su apuesta es por mantener ese marco que le permite continuar en su cómodo puesto de trabajo. Y tampoco debiera quedar de lado su apelación final a la ilusión, presente en el tono general del discurso. Sabe el monarca que hay un horizonte político de cambio en España que está apelando a anhelos que estaban enterrados. Apelar a esa emoción es un intento, quizá desesperado, para intentar convertirla en apoyos propios. Aunque, como dicen en Galicia, “tarde piaste, pajarito”.

Dos grandes ausencias empantanan el discurso de Felipe VI. Insisto en que no es extraño. El Rey no escribe sus discursos sino que lo hace el Gobierno. Por la Constitución, el Rey es irresponsable y todos sus actos deben estar refrendados. Puede haber existido un pulso entre los interlocutores de Felipe VI y los del Gobierno (ambos pugnando por colocar lo que mejor sirviera a los intereses de uno y de otro), pero quien autoriza el texto es Rajoy. ¿Y alguien cree que Rajoy va a permitir que haya algo en ese saludo que le perjudique?

Es por eso, y porque la monarquía es donde se concilian todos los intereses del régimen del 78, que en el discurso no están los asuntos más ominosos. No están los tres millones de parados que no reciben cobertura, los doscientos desahucios diarios, los exiliados económicos, las mujeres víctimas de la violencia machista, la gente sin electricidad en su casa, los enfermos a los que se niegan los medicamentos, las mujeres que triplican su tarea por los recortes en cuidados, los jóvenes que no tienen futuro en su país, los que se han suicidado desesperados por su situación económica, los estudiantes ausentes en las aulas, los 800.000 niños pobres desde 2008. Tampoco están los corruptos más cercanos a su propia responsabilidad, a su círculo de amistades o a los partidos del régimen del 78: Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarín, Díaz Ferrán y Arturo Fernández, la red Gürtel y los ERE, la red Púnica o la reforma de la sede del PP.  Por supuesto, tampoco está la Troika ni el Banco Central Europeo, ni los que nos hacen perder soberanía ni los que nos están desangrando por la deuda.

Y también es por eso que en la solución no aparece el único remedio contra la pérdida de democracia que sufrimos: un proceso constituyente donde el derecho a decidir afecte a todos los ámbitos de nuestra convivencia. Lejos de esto, el monarca insistió en sostenella y no enmendalla, pues la Constitución de 1978, convertida en papel mojado en sus aspectos más avanzados, es hoy el candado que sostiene nuestro roto país y los privilegios que la casta -la palabra clave de 2014- lucha por mantener.

Buen talante vinculado al tono, la juventud y el cambio respecto de Juan Carlos I, apelaciones a la ilusión, peticiones de paciencia, invitación casi desesperada a no buscar alternativas, ruegos para enmascarar los conflictos creyendo que porque no se vean dejan de existir, ofertas vacías de renovación y, como eje central, repetir la transición sobre la inmutabilidad de la Constitución de 1978. Estos son los ejes de un discurso que, como no podía ser de otra manera, no puede tener más alcance que el que puede tener. La dicción de Felipe VI es mejor que la de Juan Carlos I, pero eso no basta para articular mejor las palabras de la democracia. Se agradece la juventud y el aire renovado del discurso, el mayor espacio simbólico -aunque la misma apertura-, un sofá familiar vacío para que el pueblo piense que se puede sentar, y un mayor desenfado en las formas. Pero ahí no está el cambio que necesitamos.  El primer discurso de Felipe VI tiene también algo de último porque ha decidido (empezó cuando renunció a un referéndum sobre la jefatura del Estado) continuar su apuesta por el pasado. Ya todos van a ser igual. Es la hora de la ciudadanía. Y ahí no hay espacio para ninguna tutela.

 

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Federalismo para los pueblos, no para los partidos

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(gracias a Manu Sánchez por el vídeo)

Debate sobre Federalismo con Miquel Iceta del Partit dels Socialistes de Catalunya (Pedro Sánchez rechazó la invitación que le cursaron los organizadores del acto, Federalistas de Izquierdas) y Alberto Garzón de Izquierda Unida.

Hemos insistido en Podemos en que el marco “derecha-izquierda” es un marco en el que abundan los partidos tradicionales porque tienen miedo a adentrarse en nuevas realidades. Los partidos son organizaciones estructuralmente cobardes: lo nuevo les puede hacer perder votos, mientras que lo de siempre les entrega un escenario previsible. Por eso no valen en los momentos de cambio, donde tiene que ser la sociedad quien tome la iniciativa. Por eso Podemos no se entiende a sí mismo solamente como un partido político.

Claro que entendemos qué significa ser de derechas o de izquierdas (sobre todo cuando alguien dice que no es ni de derechas ni de izquierdas), pero apenas llega a ser un “aire de familia”. El PSOE dice que es de izquierdas. Pero su Secretario General afirma un día una cosa que parece de izquierdas y otro día otra que parece de derechas (por ejemplo, sobre la reforma del artículo 135 de la Constitución). Su afirmación ideológica, al final, es mero humo.

El debate sobre el federalismo no se solventa dictando medidas legislativas. Eso es querer ocultar la verdad. España está mal enseñada y mal aprendida. Repartir competencias de manera diferente en el Estado se entenderá en Cataluña o en el País Vasco (y no todo el mundo) pero será más dificil de entender en otros lugares. Por eso los partidos políticos no van a tener el coraje de enfrentar el debate sobre el lugar que tienen que ocupar los pueblos de España en la reinvención de España (o en su ruptura). Es un hecho incontrovertible que hay naciones políticas en el estado español que reclaman un poder constituyente desgajado del poder constituyente unitario que construyó la Constitución de 1978. Como decía Sánchez León en la presentación de España, una nación singular, “existe España, pero está por ver que existan los españoles”. Y qué duda cabe, el PP es una fábrica de crear independentistas. ¿No va siendo hora de que asumamos que ya hemos ganado la mayoría de edad para dotarnos de una Constitución escrita, debatida y aprobada por toda la ciudadanía? Eentendamos que el derecho a decididir, no sobre las cuestiones territoriales sino sobre todo lo que nos afecta, es la garantía de que nadie quiera marcharse de este espacio de convivencia política, al tiempo que permitirá que la democracia en España merezca ese nombre.

Miquel Iceta (más lúcido que una parte de la burocracia del PSOE presente en el acto que se negaba a aceptar que los tiempos han cambiado) planteó en este debate medidas concretas que es imposible que se pongan en marcha si se hace desde arriba sin convocar a toda España a asumir corresponsablemente nuestra realidad territorial. Claro que hay que pensar y acordar hacia dónde vamos, pero no vamos a ir a ningún lado si no asumimos la mayoría de edad y nos encaminamos a un proceso constituyente. Nombrar en la Constitución a las naciones, nacionalidades y regiones que configuran España; dotar a algunas partes de asimetría competencial (algo que ya existe, de manera evidente en el País Vasco); entregar las cuestiones de lengua, cultura y educación a las comunidades; descentralizar la administración de justicia; establecer un cierre competencial que evite la negociación interesada en virtud de las necesidades de alcanzar mayorías; establecer con claridad un principio de solidaridad; construir una cámara territorial con capacidad legislativa; o llevar organismos del Estado a diferentes lugares de España, son todas medidas que merecen ser discutidas pero que sólo van a ser asumidas por la ciudadanía si se les hace partícipes de la decisión. Sin olvidar que es difícil que los españoles y españolas seamos ciudadanos si nadie nos ha preguntado nunca si queremos o no una dinastía en la jefatura del Estado y en caso de ser así, si queremos que esa dinastía sean los Borbones.

Al final del acto (desgraciadamente se corta en el vídeo) recordaba que Esperanza Aguirre (PP madrileño) dijo preferir que una empresa eléctrica fuera alemana antes que catalana; que devolver los papeles de Salamanca robados durante la guerra a sus legítimos propietarios se convirtió en un caso de “traición a la patria”; o que los Midas del fútbol siguen alimentando un odio entre ciudades con el único fin de aumentar su cuenta de resultados, aunque eso genere un desencuentro que no es fácil de solventar en la construcción política. Nunca vi tan cerca Madrid y Barcelona como en el 15M.

En el debate posterior, con Manuel Cruz, Rubio Llorente, Álvarez Junco y algunas otras personas, las cosas se clarificaron aún más: “¿quién es el sujeto político actualmente en España?” Yo contesté: La Troika, capaz de hacer cambiar la Constitución, cosa que no nos dejan hacer a nosotros. “Discutir de lo que queramos es muy sencillo y se puede hacer hasta en los bares”. Ya, pero el éxito del 9N (una movilización popular espectacular sin duda alguna, aunque sigue siendo cierto que dejó fuera a dos tercios) no se entiende sin el apoyo institucional de la Generalitat. Y además, no será tan sencillo cuando si quieres votar, aun en urnas de cartón, el gobierno central no te deja.  “Cambiar la Constitución es un proceso imposible porque las dificultades son muy grandes”, afirmó Rubio Llorente:  ¿Y un 25% de paro?¿Y uno de cada dos jóvenes desempleados?¿Y 365 desahucios diarios?¿Y el cierre de salas de urgencias? ¿Y 800.000 niños en la pobleza en los últimos cuatro años?¿Y 45.000 estudiantes universitarios que no han podido pagar la matrícula? “Hay que cambiar cosas pero no hace falta revisar el pasado? “Y el pacto del PSOE y el PP con los Pujol? ¿Y los artículos de la Constitución redactados por los militares? ¿Y el reparto entre los partidos de los jueces del CGPJ? ¿Y la oposición histórica del PSOE a reformar la ley electoral?¿Y el papel mojado en el que se ha convertido la parte social de la Constitución?

Hay un mundo que se está marchando, pero la vieja guardia no se entera. Si la Transición fue tan maravillosa ¿no sería el resultado evidente una ciudadanía con la madurez democrática suficiente como para dotarse de un nuevo texto constitucional que siente las bases de la nueva estabilidad? El reto abierto en Cataluña debiera alimentarnos en el resto del Estado para atrevernos a tomar las riendas de nuestro futuro político. Puede ser un momento excelente para que ese desafío se convierta en el desafío de todos nosotros. No por los intereses de los gobernantes, sino por las necesidades del pueblo.

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Intelectuales y Transición: un Debate entre Gregorio Morán y Juan Carlos Monedero

Os dejo aquí el debate que tuvimos con el maestro Gregorio Morán sobre aquellos barros que trajeron estos lodos.

Que disfrutéis.

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