¿Quién necesita la basura en el periodismo? Sobre Eduardo Inda y la mentira

El filólogo alemán Viktor Klemperer nos dejó un libro escalofriante acerca de cómo el nazismo convirtió la lengua alemana en propaganda de guerra.  Lingua Tertii Imperii: Notizbuch eines Philologen (1947) repasa, como un diario de notas, la banalización del lenguaje y de las formas en los momentos previos al auge de los nazis. Registrando ese giro en mercados e instituciones, en la radio y en los carteles, veía que la falta de respeto a las ideas alternativas implicaba una voluntad exclusiva de arrastrar al fango al adversario para que, una vez allí, sus ideas no valieran nada. El siguiente paso estaba servido: cuando tus ideas no valen nada, estás a un paso de que venga alguien a decir que tú tampoco vales nada. Pasó lo mismo en España, donde ser declarado “antiespañol” te llevaba a una fosa común, donde te podían fusilar por no ir a misa, haber votado a partidos de izquierda durante la República o ser homosexual. Porque todas esas cosas eran contrarias a la nación española, que era un instrumento de Dios, eterna y en lucha contra los herejes.

Desde que la irrupción de Podemos en el panorama político español ya era un hecho, el nivel de debate televisivo con personas de esta formación ha cobrado repetidas veces tintes que, desgraciadamente, recuerdan esa época. Y está manchando la democracia española. La discusión en los programas donde está el “periodista” Eduardo Inda están alcanzando un patetismo y unas formas que en la academia se explican como “telebasura”. No hay posibilidad de sentarse en los platós a donde esté invitado este personaje con pocos escrúpulos sin que el debate se convierta en un vertedero. Anoche, un catedratico de economía respetado mundialmente tuvo que abandonar La Sexta Noche y el conductor, faltando a la verdad, dijo que era la primera vez que eso ocurría. Ya vamos siendo muchos los que nos negamos a ir a determinados programas si está este sucedáneo de periodista. Somos ya muchos los que nos sentimos expulsados de La sexta noche por culpa del mal hacer de Inda.

Es verdad que si un biólogo serio se sienta a debatir con un creacionista que está convencido de la teoría de la costilla de Adán, difícilmente podrá salir limpio, pero la solución no es dejar esos espacios para que los ocupen gentes sin escrúpulos. Algo está fallando en el formato. Los periodistas operan como tertulianos, de manera que la persona a la que se ha invitado como entrevistada se ve obligada a responder a opiniones desinformadas de periodistas que actúan como si fueran ellos los entrevistados, eso sí, sin rendir cuentas. Hace unas semanas, Carolina Bescansa, de Podemos, pidió explicaciones a Inda por su condición de maltratador (no pagar la pensión a su mujer e hijos) y el conductor decidió que eso era un asunto personal que no se debía tratar. Esos periodistas sin escrúpulos obtienen “licencia para matar”. Y que la verdad no estropee una buena ejecución en la plaza mayor de las televisiones. Paga la democracia.

La información es un bien público que se suministra privadamente. Pero esa condición privada no autoriza cualquier comportamiento. Un periodista que miente a sabiendas que miente es como un médico que se presta a poner su conocimiento al servicio de asuntos ilegales. ¿A quién le interesa que estos personajes pululen por las televisiones? Se ha demostrado que Inda miente a sabiendas (por ejemplo, falsificando facturas para colocar titulares contra Podemos), se ha reunido con Comisarios de policía que, igualmente han falsificado información, se ofrece como propagandista para  hacer públicas mentiras en tiempos electorales o, invariablemente, siembra basura con el único fin de desprestigiar a Podemos. Es una persona con pocos escrúpulos, como se demuestra, además, por sus comportamientos privados. ¿Qué democracia es la nuestra que hace que alguien de esta calaña tenga espacio privilegiado en los medios españoles?

La banalización de la información, el intento de envilecimiento de los que opinan de determinada manera, la persecución de Podemos, el insulto a personas de trayectoria académica irreprochable, el machismo, la falta de cortesía, el derecho a mentir son asuntos que explican por qué ganan los Trump y dan cuenta del auge de la extrema derecha. Los que leen esas informaciones aun sabiendo que no son verdad -sólo porque atienden sus gustos políticos- son los mismos que terminan orinándose en la democracia. En los años treinta, el periodismo mercenario terminó poniéndose al servicio del fascismo. Sabemos que el incendio del Reichstag fue obra de los nazis pero al día siguiente los periódicos salieron acusando a los comunistas. ¿Se imaginan ustedes qué periodistas saldría en España haciendo esa tarea encargada por los nazis?

En la Alemania de Hitler, esos periodistas mercenarios chantajeaban con sus informaciones. Tenían sus redes de delatores, investigadores privados, gente sin moral alguna, buscando secretos de particulares, políticos y empresarios, para después cobrar por el simple hecho de no ser publicados. Esas “pantallas periodísticas” chantajeaban de manera recurrente a grandes empresas, que pagaban por ahorrarse salir en los medios. Este comportamiento mafioso convirtió a ese “periodismo de amenaza” en un gran negocio del que, a menudo, formaban parte jerarcas nazis. La extrema derecha siempre -siempre- se forra.

Las derivaciones de la prensa en España ha llevado a la cárcel a Miguel Bernad, Presidente de la agrupación de extrema derecha Manos Limpias. La relación entre Manos Limpias, la UDEF y el falso Informe PISA contra Pablo Iglesias salió a relucir incluso en el juicio en marcha. Aquella falsa información ocupó, por supuesto, unas cuantas portadas del periódico de Inda. Fue este mismo “periodista” quien afirmó: “sigo pensando, y a lo mejor me equivoco, que Miguel Bernad es un hombre honrado”. Un buen periodismo de investigación debiera dar cuenta en España del falso periodismo de investigación. Para que la prensa en España no siga aquellos derroteros. Y si hay empresarios extorsionados, es un buen momento para que hagan sus denuncias.

Volvemos a la pregunta ¿por qué se está permitiendo que ese periodismo basura llene de estiercol el debate político en España?

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